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La idea del Ministro de Trasporte de solicitar un crédito de 3.000 millones de dólares para iniciar las grandes obras de infraestructura que requiere del país, es una noticia que le atañe directamente a nuestra ciudad. Se menciona claramente la necesidad de terminar el corredor vial del piedemonte llanero, ampliar el aeropuerto El Dorado y construir aeropuertos complementarios en los Llanos Orientales y el Magdalena. El sueño del aeropuerto alterno ha sido tocado en varias ocasiones, sin embargo, la propuesta no ha dejado de ser más que una idea matizada con la descripción repetitiva que enfatiza en las ventajas geográficas, topográficas y económicas, que favorece el tránsito y la navegación aérea, descongestiona el centro del país y abre enormes posibilidades de intercambio comercial. Es hora de tomar verdaderamente en serio la propuesta. Tomarla en serio significa profundizar en su viabilidad técnica y construirle un camino político menos tortuoso que el de la “autopista al Llano”. Los estudios del aeropuerto deben evitar casos como el descalabro que significa para el Estado, reconocer los recursos que no llegan a generar los muy “económicos” peajes de la vía a Bogotá. Las obras de infraestructura requeridas por la región son exhaustamente revisadas por el Gobierno de turno, pero finalmente terminan favoreciendo al concesionario y perjudicando a los usuarios. Siendo así, es hora de exigir mayor rigurosidad técnica, más sensibilidad social y menos desparpajo. Nuestro petróleo ha sido garantía de estabilidad económica para el país. Nos merecemos un mejor trato.

Manuel Javier Fierro P.

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Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

La idea de construir vías férreas en la Orinoquia no es nueva. Hace unos 7 años se realizaron unos estudios por parte del Ministerio de Transporte, los cuales incluían la conexión del piedemonte llanero y la articulación con Venezuela. Inclusive algunos empresarios estaban en conversaciones para adquirir maquinaria y buscar inversionistas para financiar el proyecto, finalmente el proyecto se hundió. Los trenes son una interesante alternativa para estudiar en la región, por la topografía plana y la posibilidad de largos trayectos. Es una solución que infortunadamente no se desarrolló en Colombia por diferentes factores, sobretodo por dificultades administrativas, intereses económicos o maniobras de tipo político, tal como aconteció con los recordados ferrocarriles nacionales. En los países desarrollados y en las economías emergentes de Asia, los ferrocarriles han tenido un papel primordial en la productividad y competitividad. Subsisten demasiados intereses que pueden impedir que un proyecto de este tipo se pueda llevar a cabo. De una parte, los intereses de los transportadores, por simple lógica, a esto se agrega, los compromisos adquiridos por el Gobierno Nacional con las firmas concesionarias. En este esquema, el gobierno tiene que garantizar un tránsito mínimo para que el recaudo por peajes genere los ingresos acordados. Si el tránsito disminuye, los ingresos por peajes disminuyen y el Gobierno debe asumir el costo para la concesionaria no tenga pérdidas. Esta es la figura que se utilizó en la vía Bogotá – Villavicencio y que ha significado un descalabro para el Estado, porque entre otras cosas, las proyecciones de ingresos se sobredimensionaron y el Gobierno ha tenido que reconocerles la diferencia. Por esta razón, es difícil que el Gobierno avale la idea de construir una vía férrea Bogotá-Villavicencio, aunque sea una alternativa digna de analizar y que podría ser viable desde el punto de vista económico y ambiental. Las firmas concesionarias cuentan con el respaldo de los grandes grupos económicos, los mismos que han sido importantes aportantes de las últimas campañas presidenciales. Una investigación a fondo de los organismos de control debería analizar las motivaciones técnicas y mostrar el balance real de las continuas modificaciones a los contratos de concesión, supuestamente para mantener el “equilibrio” contractual. Este tipo de maniobras no deberían ocurrir, pero son posibles en una sociedad regional que sufre de indolencia y que lamentablemente pierde la memoria con una impresionante velocidad.