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Luego de la apertura del primero de los tres grandes centros comerciales que programaron su entrada en la economía de la ciudad a partir de este año, vienen con más fuerza las expectativas de los diversos sectores respecto a la dinámica generada. Los centros comerciales son actualmente el foco de la inversión privada en ciudades intermedias como Neiva, Ibagué y Bucaramanga. Villavicencio se considera un emporio del comercio, además, su importancia regional y el movimiento importante de los negocios de finca raíz, en una economía con un excelente nivel de demanda, llama la atención de los empresarios de la construcción y de los grandes almacenes de cadena. Vale la pena analizar los efectos que se sentirán en la medida que los centros se entrelacen con nuestra cotidianidad.

Los centros comerciales traerán nuevas fuentes de trabajo e ingresos, oferta diversa para los consumidores, pero también, nuevos retos para la ciudad y una dura competencia para los pequeños comerciantes. Se espera que el empleo generado logré suplir las necesidades de ingresos de población, en especial los trabajadores jóvenes y se convierta por lo menos en un factor de bienestar personal y familiar. Los pequeños comerciantes y los grandes almacenes entran en una franca lucha por lograr seducir el mayor número de compradores. Esta lucha permitirá mejores precios, la modernización y el logro de una mayor competitividad del sector comercio, el cual, según las cifras preliminares del censo 2005, tiene la mayor participación en la estructura económica de la ciudad con el 50.3% de los establecimientos del municipio; luego vienen el sector servicios, el cual representa el 35,7%, la industria, que solo representa el 8.6% y otras actividades el 5.4%.

Para que exista cierta equidad, es conveniente rescatar la iniciativa del centro comercial de los cielos abiertos y propiciar la asociatividad de los pequeños comerciantes, en un nuevo modelo urbano del centro de la ciudad, con la exigencia de suficientes y adecuados parqueaderos, zonas de carga y descarga, preservación del patrimonio histórico y la realización de obras de embellecimiento para atraer el público. La pugna consistirá en el uso de diferentes estrategias, como la compra a través de clubes, créditos accesibles e incentivos a los compradores, pues la tradición de los planes crediticios de las tiendas de barrio y los precios del comercio informal continuarán siendo una competencia fuerte.

La ciudad debe madurar en los aspectos culturales y urbanos, volviendo a la ciudad amable de otros tiempos y no a lo que muestran las congestionadas y destruidas calles, con flujos viales mal diseñados, sin vías alternas y espacios muertos de cemento sin interacción humana armónica. La ciudad irá evolucionando y ahora más que nunca se requiere una administración eficaz que promueva una visión futura por lo menos a 20 años, que anticipe los cambios, construya el futuro y no se preocupe simplemente de improvisaciones para atender problemas urbanos urgentes o centrarse en los intereses de unos pocos.

Tal como ha ocurrido en otras ciudades, los nuevos espacios urbanos provocan un efecto cultural interesante, el cual se hará más notable cuando la gente se vaya apropiando de los nuevos lugares. Las vivencias de la ciudad podrán sustentar una cultura ciudadana basada en una nueva noción del espacio público.

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