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La noticia sobre la disminución de la inversión en actividades de ciencia y tecnología e innovación “ACTI”, específicamente en la reducción de 125.000 millones de Colciencias, es un síntoma más del creciente desinterés histórico que afecta considerar a la ciencia, tecnología e innovación como pilar de desarrollo nacional.  Las tasas anuales de inversión en este sector han sido históricamente bajas en Colombia, según el informe nacional de competitividad del Consejo Privado de Competitividad la inversión en ACTI pasó de 0,35% en 2003 a 0,45% en 2012, mientras en América Latina creció a una tasa casi tres veces mayor. Entre tanto, la inversión en I+D pasó de 0,14% a 0,17% en el mismo periodo. Si esta cifra se compara con la inversión que hacen países como Corea, EEUU, Suecia, Finlandia, que superan el 2% del PIB en inversión ACTI, pues las conclusiones aparecen a primera vista.

La conclusión más evidente es que la ciencia y tecnología no es una prioridad en un país que privilegia un modelo de desarrollo basado en actividades extractivas, con mínima transformación de materias primas y con una estructura industrial que lucha por subsistir en medio de un clima poco amigable.  Debería ser lo contrario, puesto que los recursos naturales no son infinitos y la posibilidad de subsistir después de las bonanzas tiene que ver mucho con la capacidad instalada en ciencia tecnología e innovación “CT+i”, el conocimiento científico pertinente y el talento humano que se cuente cuando la época de vacas gordas termine.

La reforma del régimen de regalías trajo una esperanza, cuando se dijo que el 10% de estos recursos se destinaban al sector. Pero la historia ha sido otra, los recursos no se ven y su impacto se diluye en sistemas de ejecución centralizada y burocrática, donde los más indicados y los que tienen el conocimiento sobre las prioridades no participan. Los recursos aparecen orientados por las gobernaciones, con muy poca participación de los centros de investigación y las Universidades.  Para el gobierno poner la locomotora de la innovación se reduce a fortalecer el SENA, reemplazar recursos del nivel central con recursos de regalías y aumentar las trabas para la inversión de los recursos.

Lo que se esperaba es que los recursos de regalías serían adicionales a la inversión ínfima que tradicionalmente realizaba Colciencias, pero ahora se advierte la verdadera intención. Los recursos se le quitan a las regiones para invertir en el centro del país.  La centralización del sistema nacional de ciencia y tecnología es abrumador. Aproximadamente el 90% de las ACTI se realizan en cuatro centros, Bogotá, Medellín, Cali y Eje cafetero-Santander.  El recorte de los recursos de Colciencias se sustenta, según el DNP en la nueva inversión que surge de la reforma de regalías.

En el informe de Políticas de I+D en Asia, realizado por la casa Asia (Japón, India, China y Corea del Sur) concluye que los avances en ACTI de estos países se deben a una estrategia de descentralización, creación de capacidades en las regiones, priorización de áreas estratégicas y la introducción de procedimientos de gestión eficiencia y evaluación de resultados.  Cabe anotar que gran parte del éxito radica también en una cultura de la disciplina y compromiso colectivo. Como podemos ver, la perspectiva que nos queda no es nada halagadora.

Colombia se caracteriza hoy en día por su modelo extractivo, la centralización de las ACTI, la ausencia de prioridades y una torpe y anquilosada red burocrática en la ejecución de los pocos recursos de ciencia tecnología e innovación.

Si la intención fuese poner a funcionar la relegada locomotora de innovación la voluntad política seria evidente. Mientras tanto, las universidades sufren por recursos para investigación, los centros de investigación y desarrollo tecnológico disminuyen, el talento humano emigra donde se ofrecen verdaderas oportunidades y las empresas navegan en un contexto incierto donde tienen que competir con la economía que enfatiza las actividades minero- energéticas que de por si provocan cambios en el mercado laboral y  elevan los precios deprimiendo las demás actividades.

La alternativa sería la implementación de una política de consolidación de capacidades de CT+i en las regiones, la ampliación y creación de nuevas capacidades a partir de la formación avanzada, el mejoramiento de la infraestructura investigativa en las universidades, la vinculación de una estrategia de emprendimiento de base tecnológica que nazca desde los niveles básicos del sistema educativo, se desarrolle en la formación técnica y se profundice y potencie en el sistema de educación superior.  Igualmente, crear instrumentos e incentivos apropiados y operativos para la innovación empresarial, promover actividades de transformación de materias primas e identificar y potenciar decididamente áreas estratégicas de alto valor.

Lamentablemente, estas posibilidades desaparecen si subsiste el andamiaje burocrático que lentifica y entorpece cualquier programa o proyecto. En Colombia, los recursos de CT+i los define el DNP, los ajusta el congreso, lo ejecuta Colciencias y las gobernaciones y los añoran y miran pasar las universidades y los investigadores, que más puede esperarse.

DCIM100MEDIA

Luego de participar en la feria agropecuaria y agroindustrial AGROBRASILIA en el Distrito Federal de Brasilia entre el 14 y el 18 de mayo de 2013, la delegación de la Universidad de los Llanos está convencida de la oportunidad de lograr
acuerdos de cooperación con las universidades del área del cerrado brasilero,
una región con condiciones de suelo similares a las encontradas en la
altillanura colombiana.   La razón principal no es copiar el modelo, se trata de tomar elementos tecnológicos, institucionales y organizativos que pueden ser útiles para adaptar en nuestra región.

Conocer la historia del desarrollo del cerrado brasilero es muy importante para Colombia, ya que esta experiencia de desarrollo agrario ha sido tomada como referente principal por el Gobierno y grandes empresarios colombianos. Se trata de un modelo de agricultura comercial a gran escala, con un alto ingrediente tecnológico, alta inversión de capital, grandes extensiones de tierra, con una eficiente maximización de recursos suelo, agua, planta; orientado principalmente a la exportación de materias primas, soya, maíz y sus subproductos.  La validez de contemplar este modelo radica en la probada capacidad de llevar a este país suramericano a ser la una potencia agrícola mundial en pocos años.  No obstante, las magníficas cifras de producción, expertos de este país concluyen que el éxito del modelo ha tenido algunos efectos ambientales y sociales poco deseados, pues en palabras de Eliseo Alves, uno de los arquitectos de este milagro productivo, la sostenibilidad económica es más fácil de lograr, que la sostenibilidad ambiental y la sostenibilidad social. Estos dos últimos aspectos son foco de atención científica de Brasil en este momento, para tratar mantener las altas tasas de producción y garantizar en el tiempo, el posicionamiento global alcanzado.

Vale la pena mencionar que este proceso agrario se nutre de una secuencia de antecedentes, principalmente, decisiones de Estado que comenzaron por la misma creación de Brasilia, una capital totalmente planificada y hecha para ser una maravilla mundial, por su concepción urbanística.  Pero lo más importante fue la decisión de fortalecer el capital humano. El secreto de la evolución brasilera en el campo agrícola desde la década de los 60, fue la formación de alto nivel de más de 3.500 científicos de Embrapa, la empresa brasilera de investigación agropecuaria,  los cuales fueron enviados a las mejores universidades del mundo, para luego regresar y enfocarse en solucionar los problemas locales. En ese momento Brasil estaba sufriendo una grave crisis económica debido a la agobiante deuda externa y el desabastecimiento de alimentos. 

Cabe anotar que el modelo de educación superior de Brasil es diferente al colombiano, actualmente, la educación pública en Brasil tiene un papel primordial y un decidido apoyo financiero del Estado. Unido a este desarrollo educativo, Brasil invirtió una gran cantidad de recursos en infraestructura de transporte, infraestructura productiva, riego, desarrollo urbano, crédito de fomento productivo e estímulos financieros para producción, almacenaje,  comercialización y exportación. Además de lograr construir socialmente un modelo cooperativo de producción y comercialización. 

Estas decisiones permitieron la transferencia tecnológica en el sector agropecuario y aumentó considerablemente la producción científica brasilera, especialmente la orientada al manejo del suelo, sistemas de riego, maquinaria agrícola, obtención de variedades, biotecnología y procesos industriales avanzados, lo cual trascendió a  otros sectores sociales y económicos.

Una de las gratas sorpresas con las que se encontró la visita de la delegación de la Universidad de los Llanos fue la importancia que ha cobrado en Brasil, el tema de la agricultura familiar, la sostenibilidad ambiental, el bienestar animal, los sistemas de trazabilidad, la agricultura ecológica y la organización cooperativa de pequeños y medianos productores.  Sin duda son los asuntos que llaman la atención de la Universidad de los Llanos, pues en nuestro país, por estar en los estados iniciales del boom agroindustrial no se han tomado muy en serio estas líneas de investigación.

Para la delegación de la Universidad de los Llanos resultó muy interesante conocer estos temas y puede decirse que es una razón más para aprender de la experiencia brasilera.  Contrario a lo que pasa en nuestro país, las universidades brasileras, por decisión gubernamental son incluidas dentro del modelo de desarrollo agrario y cuentan con convenios que garantizan la trasferencia interna de los resultados de Empraba y las demás instituciones de investigación.  Por esta razón, establecer convenios de cooperación es un primer paso para desarrollar una agenda conjunta de investigación e intercambio académico.  Un ingrediente necesario radica en mejorar y aumentar  el intercambio de conocimiento entre Embrapa – Corpoica – Unillanos.  Ya que Corpoica cuenta actualmente con un convenio marco de cooperación que incluye recursos importantes de Colombia y Brasil.

El otro proceso simultáneo es que Unillanos adelante convenios con las universidades de Brasil, especialmente las localizadas en el área del cerrado brasilero. En esta oportunidad se logró un contacto especial con las Universidades de Sete Lagoas UNIFEMM y la Universidad de Brasilia.  Estos contactos fueron acompañados por la delegación de la Gobernación del Meta y por la Embajada de Colombia en Brasil. Los temas seleccionados por ahora son:

Con la Universidad de Sete Lagoas (universidad privada):

  • Modelos de Agricultura Familiar y Agricultura ecológica
  • Asociatividad  y cooperativismo en la organización de la producción y la comercialización agropecuaria
  • Estudios para introducción de nuevos programas académicos de áreas sociales, ingenierías y refuerzo de la investigación en economía rural y desarrollo local
  • Modelos de articulación pequeños- medianos – grandes empresarios en la producción de cultivos de gran escala.
  • Transferencia de tecnología en buenas prácticas de producción para un buen manejo ambiental
  • Cooperación en intercambio de estudiantes de pregrado y de profesores para reforzar programas posgrado en la Universidad de los Llanos.

 

Con la Universidad de Brasilia (Universidad Pública):

Profundizar el uso de tecnologías en el campo de la agricultura familiar y la agricultura orgánica.

  • Mecanismos de extensión y transferencia de tecnología que se pueden implementar con pequeños y medianos productores
  • Funcionamiento mecanismos de trasferencia de resultados de investigación, gestión de centros de desarrollo tecnológico agroindustrial y los parques tecnológicos para la difusión y aplicación de nuevas de tecnologías
  • Cooperación en intercambio de estudiantes y profesores para reforzar programas de pregrado y posgrado.
  • Promover la participación en las convocatorias nacionales y binacionales que permiten la formación de estudiantes colombianos en pregrado, Maestrías y Doctorados.

 

La idea es que se priorice una agenda con metas en el corto, mediano y largo plazo y que esta tenga un acompañamiento y apoyo del gobierno nacional y especialmente de la Gobernación del Meta, que está muy interesada en este proceso. Es importante avanzar en convenios con otras universidades brasileras y establecer un fuerte nexo científico que garantice resultados concretos.  Es importante abordar contactos con las Universidades federales de: LAVRAS, VIÇOSA, MINAS GERAIS, GOIANIA y TOCANTINS que se concentran en el cerrado brasilero y que comparten en parte la misión de Unillanos en sus áreas de influencia.

Antes de avanzar y tomar la iniciativa es necesario resaltar que este proceso requiere de apoyo estatal y que no hay que olvidar que el pilar fundamental del desarrollo agrario brasilero fue el fortalecimiento a gran escala del capital humano nativo.   En este aspecto es importante aunar esfuerzos y que iniciativas gubernamentales como el Fondo de Educación Superior del Meta sean fortalecidos financieramente y garantizar que por lo menos 150 profesionales llaneros sean formados de manera inmediata a nivel de maestría y doctorados en las áreas estratégicas para nuestra región como son: producción agrícola especializada, agroindustria, agricultura orgánica y agricultura familiar, ganadería sostenible, manejo de suelos, sistemas de riego, gestión ambiental sostenible, biotecnología, nanotecnología, automatización agrícola, ingeniería química, ingeniería genética, procesos industriales, economía agraria, desarrollo regional, desarrollo rural y antropología. Es importante la articulación entre la investigación básica e investigación aplicada, la creación de empresas de base tecnológica y la gestión de sistemas de innovación.  La región tiene que aprovechar que el tema de ciencia y tecnología cuenta con posibilidades en la canalización de recursos de regalías y que además se cuenta con un Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación.   Los departamentos del Meta y Vichada pueden conjugar esfuerzos y desarrollar una estrategia conjunta.

La Universidad de los Llanos en un esfuerzo regional puede concretar acciones en el mediano plazo, pues los procesos de formación y de desarrollo tecnológico no maduran de la noche a la mañana. En este caso, es clave la voluntad gubernamental y la decisión de apostar a una visión de futuro colectiva que se construya bajo la premisa de la articulación de la academia, la empresa y el Estado.

Ejercicio de planificación donde participaron durante dos años más de 650 personas representativas del departamento del Meta.  Con técnicas de prospectiva estratégica, asesorada por Francisco Mojica del centro de pensamiento prospectivo, el acompañamiento del DNP y la conformación de un equipo netamente criollo, se plantearon hipótesis de futuro y se asumio una imagen de futuro.

Este documento es una guia fundamental para los gobiernos departamentales del presente y futuro. Ha sido desconocido por asesores y calumniado como ejercicio de planificación. Sin lugar a dudas es el proceso más serio y más técnico de los que se han realizado en el Meta.

Vea el documento.

Documento Vision Meta 2032 ultimo 131211

Manuel Javier Fierro Patiño

MVZ. Especialista en Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Magister en Desarrollo Regional y Local

Documento Editado y Diagramado por el DNP

Altillanura Colombiana

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Magister en Desarrollo Regional y Local.

 

El taller convocado por el Departamento Nacional de Planeación, orientado por la Universidad de los Andes, el día 1 de junio de 2012, en Puerto Gaitán, tenía como objetivo la construcción de propuestas colectivas para implementar la política de desarrollo de la altillanura.  La expectativa de la mayoría de los asistentes era poder aportar desde su grupo de interés, propuestas y elementos de análisis para el documento CONPES de la Altillanura, promesa del gobierno Santos para esta región colombiana.

No obstante, lo informado en la convocatoria, la dinámica del taller tomo un giro diferente y debido a la metodología utilizada se transformó en un evento de validación de un “documento” sin terminar y que aun genera muchas dudas.  Esto molestó a los asistentes, pues la metodología utilizada era excluyente, simplista, reduccionista, poco objetiva y poco concluyente.  Este hecho se presenta casi siempre que se escogen facilitadores que poco conocen de las características sociales y económicas de la región.  Es el beneficio de la duda que se brinda, pues sería nefasto pensar que fuera realmente algo realmente deliberado y que lo que se pretendía era pasar de agache y hacer un gran tremendo saludo a la bandera.

Excluyente, porque no permitía la generación de propuestas por grupo poblacional o gremio productivo específico. Todos conocemos que el debate central sobre el desarrollo de la altillanura tiene diferentes posiciones, la mayoría de estas encontradas, sobre lo que debería hacerse en materia de desarrollo en la altillanura. Los indígenas, los empresarios, los campesinos, no encontraron garantías para poder expresar claramente sus puntos de vista.

Simplista, porque en lenguaje algo folklórico pretendía quitarle importancia al tema, evadiendo los aspectos claves del proceso.  Reduccionista, porque basándose en unas líneas generales pretendía sintetizar una problemática y dar lineamientos generales en una realidad muy compleja, que requiere de un análisis integral, pero sin perder de vista las diferentes aristas conceptuales e inclusive políticas en la construcción de un documento de política nacional en la región más estratégica del país, responsable de la estabilidad económica del país.

Poco objetiva y poco concluyente, porque evadía en todo momento la posibilidad de construir y hacer sugerencias a la propuesta presentada, dando apariencia de que las ideas expuestas inicialmente son inamovibles y centradas en aspectos muy generales, vistas con un sesgo centralista.  No se presentó un documento, solamente se hizo una presentación general que trató lo concerniente a la legalidad de la tierra, ordenamiento territorial, planes estratégicos orientados por un nuevo ente “La Corporación para el Desarrollo de la Orinoquia Colombiana” donde tendrán asiento en el consejo directivo tres ministerios, un gobernador y un alcalde; excluyendo a la región, quedando por fuera a la academia, los gremios y los indígenas.

Según la presentación del DNP se mostró la necesidad de hacer nuevos diagnósticos, recopilar más información, ejecutar proyectos piloto, en fin, nada concluyente y definitivo.  Ni siquiera garantiza la terminación de la vía Puerto Gaitán – Puerto Carreño o la ejecución total del proyecto para la navegabilidad del río Meta, mucho menos la construcción de vías férreas o aeropuertos de categoría para la región.

No se vislumbra una estrategia para la apropiación de la ciencia, tecnología e innovación, minimizando la importancia del conocimiento y el desarrollo tecnológico. Tal parece que para el Departamento Nacional de Planeación en materia de tecnología no hay necesidades y que el camino para el futuro ya está resuelto, cuando lo que ocurre es todo lo contrario, la región tiene un déficit de conocimiento científico y de soluciones tecnológicas para aprovechar sosteniblemente todo el potencial que brinda la oferta natural.  Se prioriza el conocimiento técnico, las capacidades y competencias de baja complejidad, sin definir procesos de generación de valor agregado, centrando toda la estrategia en un centro de formación del SENA, sin querer decir que no sea algo necesario profundizar también en estas actividades laborales. Se excluye el papel que puede cumplir la academia y sobre todo de la Universidad de los Llanos, como principal ente público de educación superior de la región.

La propuesta presentada por Leibovich no profundiza en temas sociales, reduce lo indígena a un tema de tierras, lo campesino a los aspectos labores, lo ambiental a simple ordenamiento, lo político e institucional a la mera acción e interés del gobierno central.   En este aspecto fiscal tiene una cautela desmesurada, tal vez, por no comprometerse en recursos y por esta razón, es un planteamiento exageradamente conservador, nada en comparación con los documentos trabajados, por ejemplo, para la Costa Caribe.

En el tema indígena no desarrollan temas como la seguridad alimentaria, la etnoeducación, el gobierno propio o la etnosalud. No se puede desconocer que las comunidades indígenas son las grandes perdedoras en toda esta dinámica creciente en el campo agrícola y petrolero, por esta razón,  el documento CONPES debe incluir acciones concretas para su protección y desarrollo integral.

Otro tema ausente es el tema de poblamiento y una política de asentamientos.  No hay regulaciones u orientaciones de política para organizar los procesos migratorios y de estabilización sostenible de más de 50.000 personas que esperan ingresar a la zona buscando nuevas oportunidades.   Es un aspecto clave que debe garantizar el uso apropiado de la energía, el agua y la disposición de residuos y aguas servidas, así como evitar replicar errores del pasado que lleven a la extinción de los frágiles ecosistemas de la altillanura.  Debería plantear un Plan de Asentamientos y un Laboratorio de Habitat que permita desarrollar propuestas innovadoras en materia de viviendas auto-sostenibles y planes de urbanización a manera de sistemas aldeas-red.

La población de la región no puede ser subestimada en su capacidad de propuesta y desligar de un tajo el derecho legítimo de participar de las decisiones que afectan su propio futuro. Esperamos, como lo solicitaron algunos asistentes, que el DNP reflexione y que retome un proceso con la profundidad y complejidad que se merece.

El Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agroindustria de la Orinoquia, es una iniciativa que promueve un conjunto de universidades de la región, con empresarios y sector gobierno, en una alianza de Universidad – Empresa – Estado. El objetivo es lograr a través de la ciencia, la tecnología e innovación, mediante una red colaborativa de los actores regionales las soluciones requeridas para la transformación de las materias primas que se producen en esta zona del país, generar valor agregado, empleo y oportunidades para los Orinocenses.

El proyecto Comprende la instalación de nodos regionales en Villavicencio, Yopal, San José del Guaviare, Inírida, Puerto Carreño y Mitú, en los cuales se dispondrá de un sistema de información que integra soluciones tecnológicas, la oferta de los grupos de investigación para la transformación de las materias primas de los sistemas ganadería, piscícultura, fruticultura, forestales, silvícola, balanceados, agroenergía y producción de alimentos, articulando una red de laboratorios de investigación y desarrollo tecnológico que propiciarán en cada departamento un grado de especialización de acuerdo a su potencial.  Es decir, que los departamentos del Guainía y Vaupés podrán tener la infraestructura de investigación, los recursos humanos idóneos y el acceso a los paquetes tecnológicos  para aprovechar sosteniblemente y  transformar con  los productos que genera la selva.  Así cada departamento articulado a una red de trabajo colaborativo entre empresarios, grupos de investigadores y actores del gobierno podrán desarrollar el enorme potencial que tiene esta región.  Los departamentos del Meta, Casanare y Guaviare desarrollaran nuevos productos a partir de la ganadería y la producción agrícola de zonas tan promisorias como la región del Ariari y la Altillanura.  El departamento del Vichada podrá generar todo un proceso de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías para el aprovechamiento forestal.

El trabajo comprende tres etapas, las cuales pueden desarrollarse en un lapso de 6 años. La primera etapa comprende la creación y articulación de la red de actores regionales, laboratorios y centros de investigación de las universidades que participan del proyecto mediante la red de informática y comunicaciones; la construcción de una planta piloto agroindustrial para experimentación y desarrollo de nuevos productos,  la preparación del recurso humano gestor y la conformación de una unidad de gestión tecnológica avanzada, inteligencia de mercados y estructuración de proyectos.

En una segunda etapa se ampliaran las capacidades de los laboratorios en cada departamento, la formación y fortalecimiento del recurso humano regional mediante alianzas nacionales e internacionales con otros centros de desarrollo tecnológico que trabajen el mismo objetivo y el posicionamiento comercial de nuevos productos basados en la transformación de las materias primas de la región.

La última etapa comprende la generación de la infraestructura necesaria para consolidar procesos de desarrollo tecnológico en toda la región, la formación de maestrías y doctorados en áreas estratégicas para el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad y generación de empresas de base tecnológica que  integren diferentes centros de investigación y laboratorios de toda la región, generando empleo y oportunidades para la gente de la región.  Otra preocupación del Centro será el posicionamiento internacional de los nuevos productos, la innovación social y la generación de alternativas de gestión organizacional, transporte y comercialización acordes al potencial regional.

De esta manera la región pretende propiciar que los beneficios de la transformación se queden en la región y permitir a los actores regionales ser protagonistas proactivos de su propio desarrollo.  No es algo descabellado. La región ha venido avanzando en el tema de la educación superior, la formación avanzada y ya cuenta con algunos grupos de investigación que pueden empezar a generar una dinámica productiva que beneficie a los productores y empresarios de la región. El proyecto se desarrolla por fases y se espera que en la medida que se consolide integre una mayor cantidad de empresarios, universidades e instituciones públicas.

Para mayor información se puede establecer comunicación mediante email a los correos: cdtorinoquia@gmail.com o cueemeta@unillanos.edu.co en los cuales se brindará la información necesaria para hacer parte de esta iniciativa. La propuesta está siendo gestionada por el Comité Intergremial del Meta, Asorinoquia, Bionergy, el Comité Universidad – Empresa – Estado, universidades como la Universidad de los Llanos, Unimeta, Uniminuto, la universidad Santo Tomás, la Universidad San Martin, la ESAP, la UNAD, la Universidad Antonio Nariño, CUN, CIDCA y la Universidad Cooperativa de Colombia, entre otros actores regionales, como la Mesa Rectoral Universitaria que integra a instituciones de Educación Superior de Meta y Casanare.

Manuel Javier Fierro P.  CUEE Meta. Unillanos.

pensar en mejorar

Tenemos el gran reto de enfocar el desarrollo regional creyendo en nosotros mismos. Lo cual no debería ser un reto sino una actitud inherente a nuestra capacidad de observar e imaginar el futuro del mundo.

¿Resulta tan dificil saber que somos capaces?

podemos hacerlo

 Manuel Javier Fierro Patiño. Magister en Desarrollo. Profesor Unillanos.

Ciudad Futura
Existe un debate actual sobre la destinación de 17.000 Has del predio Carimagua en los Llanos Orientales de Colombia. La discusión se sitúa en el momento preciso cuando la sociedad mundial vislumbra de cerca el crecimiento poblacional, la disponibilidad de alimentos, crisis energética, el desborde ecológico de las ciudades y todo lo que significa el cambio climático. Carimagua está ubicada en una de las planicies más estratégicas del planeta. Posee invaluables recursos en sus tierras. Muy pocos países cuentan con un área tan extensa, con enormes posibilidades para desarrollar proyectos productivos, urbanismo social o programas alternativos.  Es claro que Carimagua no puede ser una réplica de nuestro pasado conflictivo y una nueva expresión de violencia económica.  Estas tierras pueden ser la enseñanza de Colombia para el mundo, perfeccionando el urbanismo y desarrollo sostenible del siglo XXI. 
Una nueva corriente causa escozor al ambientalismo trasnochado que persiste en algunos académicos. En 2005, McDonough y Braungart publican un revolucionario libro titulado “De la cuna a la cuna” (Cradle to cradle), rediseñando la forma en que hacemos las cosas.  La humanidad no se convence aún del fracaso de su forma de vida e insiste en acciones de mitigación, pero lo que hay que hacer es cambiar el enfoque de intervención de las actividades humanas.  El secreto está en pensar como piensa la naturaleza y llegar a un espacio humano que sea ciudad-campo- naturaleza al mismo tiempo.  
La propuesta es desarrollar una urbe basal en donde se combinan respuestas futuras de todas ciencias, principios entrópicos, arquitectura inteligente, eco-urbanismo, nanotecnologí a, biotecnología, ciclos económicos, industriales y hasta nuevos enfoques de la psicología humana.  Desde luego, nada que ver con Marandúa.
Se trata de establecer un modelo sostenible de asentamiento que desarrolle los principios de eco-eficiencia de manera tal que los productos de desecho y remanentes de la fabricación y de los procesos agrícolas sean utilizados y reutilizados en dos sistemas infinitos de ciclo cerrado de nutrientes, uno industrial y  otro biológico.  Los materiales de construcción no son los convencionales, tampoco la organización vial, ni los sistemas de servicios públicos. Si esto tiene eco, tendríamos la posibilidad de ser foco mundial de miradas científicas y un país que ofrece alternativas de vida viable en el planeta.  En este macroproyecto colombiano podrán participar por igual, empresarios, desplazados, académicos, científicos puros y obreros rasos.    El equipo para pensar el futuro de Carimagua no puede estar en manos de un ordinario grupo de economistas, requiere de seso interdisciplinario y transdisciplinario. La conciencia colectiva del país no puede ser caja de resonancia de una avalancha de intereses ocultos que evitan pensar en lo verdaderamente trascendente.
Manuel Javier Fierro Patiño. Magíster en Desarrollo. Catedrático Unillanos.

El Comité Universidad – Empresa – Estado se conformó de manera autónoma y espontánea, sin decreto ni lanzamiento gubernamental, como una instancia propia y un espacio amplio de discusión, reflexión y propuesta, respecto a la articulación de los actores mencionados. Valieron discusiones internas dentro del Consejo Regional de Empleo y el PNUD con el programa Redes, para que el día 11 de septiembre de 2006, en la sala de juntas del Consejo Superior Universitario de Unillanos se gestara el primer grupo dinamizador conformado por profesores, directivos, investigadores de las Universidades Uniminuto, Unimeta, U. Cooperativa, UNAD, ESAP, UAN y Unillanos. Igualmente, participaron funcionarios de la Gobernación del Meta, Cámara de Comercio, ONGs, empresarios y miembros de AGAMETA, AVIMETA y el Comité Intergremial del Meta. Luego de unas 5 reuniones, se fue consolidando el Comité UEE, se vincularon otros miembros y se empezaron a plantear algunas propuestas.

La discusión de fondo siempre fue dilucidar el papel de los actores de la triada, en la materialización de una estrategia de desarrollo regional que recogiera los ejercicios anteriores de planificación, reorientara un proceso social de apropiación de la ciencia y tecnología, y que ofreciera resultados palpables a través de alianzas que llevaran a procesos locales de innovación y competitividad.  En el transcurso de la discusión y la rotación de los sitios de reunión en cada una de las universidades miembros, se llegó a un punto de acuerdo sobre la primera iniciativa jalonada desde el Comité UEE. El requerimiento de contar con información precisa sobre el conocimiento generado y propagado en la región y el análisis detallado de las necesidades de los sectores productivo y social, fue el detonante que dio origen al primer proyecto. Se necesita como primera medida, para generar un proceso serio y coherente, sentar las bases para la articulación; pues es claro, si los actores no conocen la oferta y demanda actual de conocimiento, no podrán encontrar puntos de confluencia y trabajo conjunto.  Por esta razón, nace el “Mapa de Conocimiento” como insumo necesario para identificar proyectos y alianzas entre Universidades, Empresas y Estado. 

Gracias al apoyo económico de la Universidad de los Llanos y la Gobernación del Meta.  Se hizo una aproximación seria sobre la oferta de conocimiento de Unillanos (tesis, investigaciones, ponencias, libros) en los últimos 10 años y se analizó la demanda global de conocimiento del tejido empresarial y organizaciones del Meta.  Es un proyecto que demandó el esfuerzo intenso de un equipo base conformado con apenas 4 profesionales, con pocos recursos, pero apoyado por cerca de 10 profesores de las diferentes universidades, 35 estudiantes de Unillanos y un grupo selecto de expertos.  Hoy se tiene una idea clara de las posibilidades de articulación y esperamos con gran expectativa la continuación del apoyo y la vinculación de nuevos aportantes para desarrollar una segunda fase que resulte en la concreción de múltiples alianzas Universidad-Empresa.

Procesos de este tipo deben ser apoyados por los gobiernos locales, universidades, los gremios y empresarios, pues permiten evolucionar con pie firme hacia el real aprovechamiento de nuestras potencialidades.

Documento en formato pdf sobre el proceso Universidad Empresa Estado en el Meta. Universidad de los Llanos. 2007.   Triada: Universidad -Empresa- Estado

Empieza haber un acuerdo en el mundo “subdesarrollado” respecto a dos componentes, a veces ignorados, pero que resultan imprescindibles en una estrategia de desarrollo regional: La necesidad del conocimiento científico-tecnológico y la constitución de redes-alianzas sociales-empresariales.  Las experiencias han enseñado que hacer énfasis en solo algunos componentes o dirigir la inversión de manera sesgada disminuye el porcentaje de éxito.  Igualmente, hay que diferenciar el tipo de desarrollo que se pretende, si es un desarrollo equitativo y sostenible o simplemente un crecimiento económico con elevadas inversiones en algunos sectores dinámicos.  No siempre lo segundo lleva a lo primero.  El ideal es que los rendimientos adicionales se distribuyan de manera equitativa e involucren al mayor número de empresarios, industriales, comerciantes y consumidores. La región es un escenario propicio para planificar con lente amplia y visión estratégica ante la disminución de maniobrabilidad política y económica que ha afectado a los Estados-nación.  La globalización permite el fortalecimiento del capital transnacional, abriéndole amplias posibilidades para movilizarse y multiplicarse en todos los confines de la tierra. Los tratados comerciales entre los países buscan potenciar sectores dinámicos, pero también descubren debilidades y falencias para articularse a los mercados internacionales.  De alguna manera, hay que buscar ponderar y compatibilizar las presiones que empujan a una apertura total y la protección de los productores locales.  Ante todo es natural y estratégico para un país mantener la base productiva y el poder de decidir su propio futuro. El riesgo consiste en perder la capacidad de responder autónomamente ante los cambios y verse totalmente a merced de los caprichos del capital extranjero. Al llegar a este punto, seria muy difícil para un Estado garantizar un nivel de calidad de vida aceptable para todos sus habitantes y además, permitir un desarrollo armónico para las regiones.

Ante el reto de posicionar exitosamente en el mercado nacional e internacional los bienes y servicios producidos por la región y mantener al mismo tiempo cierto poder de maniobra y decisión, surge la necesidad de potenciar las capacidades endógenas; porque solamente así sería posible proteger a los productores regionales. Se acepta que las posiciones dogmáticas proteccionistas no hacen bien a las empresas, pues las sumerge en un anquilosamiento sin estímulos, pero también es cierto, que ante las asimetrías existentes en un proceso competitivo, es conveniente desarrollar políticas para brindar todos los medios y recursos para ponerlas al mismo nivel frente a las empresas foráneas.  Es aquí donde se centra debate, entre los que creen que el mercado por si solo regula las relaciones sociales y los que están convencidos de un papel más proactivo del Estado.

Nociones recientes reivindican el papel promotor para el Estado, fundamentalmente en todos sus niveles macro, meso y micro, dinamizando y garantizando oportunidades de surgimiento, expansión y consolidación de la producción nacional y de las regiones. El hecho de brindar infraestructura o servicios básicos, es importante para jalonar inversiones, pero hoy en día, las dinámicas existentes demandan un papel más activo, abandonando el tradicional enfoque keynesiano, pero asumiendo una función determinante en la superación de las fallas del mercado, la inducción de pactos sociales y la promoción del desarrollo ambientalmente sostenible.  Un cambio de semejantes magnitudes, requiere de una nueva visión de la gestión pública, nuevas líneas de inversión y una mente más abierta a los cambios.

Los coletazos del fenómeno de la globalización tocan a las Universidades, persuadiéndolas de hacer un mayor esfuerzo en entender y desarrollar conocimiento útil y pertinente para los procesos productivos regionales.  Siendo así, es indefectible una alianza social entre las Universidades, las empresas y los gobiernos locales para incorporar conocimiento, innovación y diseñar e implementar estrategias coherentes para competir en los mercados nacionales y mundiales.

La región de la Orinoquia se ha caracterizado por la producción de materias primas.  En este marco de ideas, el principal pilar para lograr ese posicionamiento no es simplemente aumentar la producción o aumentar la eficiencia para lograr mayores márgenes de rentabilidad; es la aplicación de conocimiento apropiado y pertinente, el que permite dar valor agregado, generando retornos sociales significativos, pues aunque los resultados directos de un proceso de investigación, desarrollo e innovación, en una primera fase tienden a beneficiar a una empresa en particular, los efectos pueden distribuirse en todo el tejido empresarial. 

Desde el primer encuentro Universidad – Empresa – Estado, realizado en Villavicencio, el día 30 de agosto de 2006, con el auspicio de Unillanos y la Cámara de Comercio, un grupo de académicos, empresarios y funcionarios han venido reuniéndose, analizando y vislumbrando la alternativa más viable para la producción, difusión y apropiación del conocimiento regional para fines productivos y sociales.  Este grupo consolidado como Comité Universidad – Empresa – Estado, con la Secretaría Técnica por parte de Unillanos, advierte una debilidad respecto a las características de la oferta de conocimiento existente y su pertinencia respecto al núcleo tecnológico y apuestas productivas de la región.  Igualmente, indica un desconocimiento de las necesidades puntuales de las empresas respecto al mejoramiento tecnológico o desarrollo de procesos de innovación.  Surge entonces la idea de un primer proyecto que tiene como objetivo primordial la caracterización de la oferta y demanda de conocimiento regional para identificar posibles alianzas y proyectos entre los diferentes actores de la competitividad para materializar el potencial endógeno existente.  La cualidad estratégica de la inversión en ciencia y tecnología es que genera soberanía en un mundo en donde el conocimiento es el activo más importante.  Consecuentemente, esa soberanía permitiría una distribución más equitativa de los beneficios dentro de la sociedad llanera.  Es una iniciativa que con el apoyo de la Gobernación del Meta empieza a ejecutarse, no obstante, requiere de más apoyo y compromiso, que sumen más actores, nuevas universidades y el apoyo permanente de los entes territoriales.

Estas nuevas percepciones obligan a las instituciones regionales a cualificar su capacidad de respuesta, generando políticas públicas pertinentes e innovadoras, alejándose del persistente enfoque “receta”, el cual se basa en formulas traídas por asesores foráneos o que han resultado exitosas en otras latitudes. Lo anterior no excluye a las experiencias foráneas como insumo importante para implementar procesos autónomos y pertinentes de apropiación de conocimiento regional.

Los procesos de competitividad que buscan materializar los planes y programas de desarrollo que constantemente se formulan y reformulan, no se decretan, se construyen de manera articulada, haciendo énfasis en sistemas de innovación y la constitución de redes-alianzas socio-empresariales.

 

Manuel Javier Fierro Patiño

MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Magister en Desarrollo Local y Regional

Consultor, Profesor de la Universidad de los Llanos

Secretario Técnico del Comité Universidad – Empresa – Estado (Meta)

Las condiciones sociales y económicas en Latinoamérica están generando un nuevo fenómeno económico. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aseguró que Latinoamérica se convirtió en el 2005 en el mercado de remesas más grande del mundo, al alcanzar 53.600 millones de dólares. Para Colombia, los ingresos por este concepto fueron de 4.126 millones de dólares. Los giros desde diferentes países representan una generosa fuente de ingresos para la economía, superando en muchos casos la inversión extranjera directa y la ayuda de cooperación para el desarrollo al que contribuyen los países ricos. Pese a su importancia, implican un drama humano que significa grandes privaciones para la mayoría de los 3.5 millones de colombianos que han buscado nuevas oportunidades en el exterior.

Aunque se confirma un crecimiento de la economía, el desempleo en Colombia está aumentando. Muchos compatriotas se sienten obligados ha salir del país, lo cual puede interpretarse como un problema, no obstante el flujo de recursos significativos que entran a la economía del país. El gobierno colombiano ve con indiferencia y disimulada aprobación esta situación, sin embargo, hay que tener en cuenta que las personas que viajan al exterior, en la mayoría de los casos renuncian a sus familias, a su cultura, se alejan de sus raíces y se exponen a la discriminación racial y odios xenófobos. De esta manera, se demuestran los niveles de exclusión y falta de oportunidades en un país que tiene toda clase de riquezas naturales para construir un futuro próspero. El modelo económico adoptado promueve la salida de personas. Pero no faltan los que piensan que nada mejor le puede pasar al país, que el éxodo colombiano favorece la internacionalización de la economía, genera recursos frescos, nuevas oportunidades, mercados y negocios. No obstante los supuestos beneficios económicos, la emigración significa la desintegración de las familias y deja un ambiente de desesperanza en el entorno nacional. No causa asombro que los países que mas expulsan población, como México, Brasil, Perú y Colombia mantienen problemas sociales y desequilibrios en el mercado laboral e muestran crecientes niveles de informalidad y subempleo.

Según la Organización Internacional de Migraciones OIM, Un 35% de los colombianos que viajan para quedarse en el exterior tienen una profesión, la mayoría son del Valle, Bogotá y el Eje cafetero. Una vez superan la crisis inicial de establecimiento, mejoran sus ingresos e inclusive pueden superar en ingenio y competencias a ciudadanos de otros países latinoamericanos. Hay colombianos en la Nasa, en la Agencia Espacial Europea, en los principales centros de investigación y empresas multinacionales, consiguen con empeño las posiciones de liderazgo que no logran en Colombia.

Las remesas que envían los emigrantes hacia los países en desarrollo ayudan a aliviar la pobreza de estas naciones, pero la salida masiva de ciudadanos altamente calificados representa un complejo dilema. Sin duda algo grave está pasando. ¿Cual es la causa principal?. Aportan entre otros, la desigualdad, el clientelismo, la violencia, la corrupción y sobretodo la incompetencia de los gobiernos para facilitar el aprovechamiento equitativo del potencial existente

Autor: Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y planificación del desarrollo urbano-regional. Candidato Magister en Desarollo Local. Asesor. Consultor. Catedrático Universidad de los Llanos.

Los textos de cada uno de estos articulos pueden ser copiados y reproducidos libremente con la correspondiente cita del autor.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

La humanidad se ha preguntado por la incesante manifestación de tendencias y contratendencias. Desde los planteamientos del materialismo dialéctico en la teoría marxista, las explicaciones de Gramsci en la economía política; los recientes aportes de Castell a las ciencias sociales, o las posiciones muy acertadas de Soros, J. Stiglitz, Krugman, Rodrik y Sachs sobre la crisis del capitalismo y la necesidad buscar alternativas para reorientar o pensar nuevamente el modelo de desarrollo de las naciones, siempre lo alternativo aparece frente a lo preceptuado. Un gran obstáculo a esta posibilidad, son las posiciones dogmáticas que encasillan y catalogan a los seres humanos. Bien lo dice Krugman “yo creo que los únicos obstáculos estructurales a la prosperidad del mundo, son las doctrinas obsoletas que abarrotan las mentes de los hombres”. Otro ejemplo de superación de este dogmatismo, es el caso de J. Stiglitz, que hasta el año 2000 era neoliberal y ahora es un reconocido neokeynesiano, o el caso de China que rompe el esquema socialista a ultranza y adopta una posición pragmática respecto al capitalismo.

Afloran los fundamentalismos y las luchas por la identidad de los pueblos, en un mundo que promueve la uniformidad y la homogenización cultural. En parte la configuración política de la actual de América Latina, es el resultado de una contratendencia frente a las medidas planteadas por el neoliberalismo desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La globalización muestra ahora la aparición del neoproteccionismo de los países que antes promovían la apertura sin límites. Francia limita libertades, EEUU prohíbe la concesión de sus puertos y Europa promueve los subsidios a sus productores. Un premio Nobel de economía promueve la legalización del consumo de la droga como estrategia para combatir el narcotráfico y el Banco Mundial dice que la pobreza es un limitante al crecimiento económico y no algo que se pueda superar con el mismo. Mientras tanto Colombia mejora en competitividad, mantiene su recuperación macroeconómica después de la crisis de 1998, aumenta sus exportaciones, recupera seguridad, pero simultáneamente aumenta el subempleo, crece la pobreza y la desigualdad. En una reunión de expertos, el DNP decide realizar la Agenda Interna Nacional. 28 departamentos del país priorizan el turismo en sus ejercicios, se realiza un filtro a la Agenda Interna y se prioriza bajo el lente centralista. Los técnicos dicen que no hay plata y que el sector privado debe financiar el 40% del valor de los proyectos. Las regiones desarrolladas sacan mejor partida y los poderes del congreso mueven sus influencias.
La región, advierte las amenazas actuales, adopta una Agenda Interna en un ejercicio desde afuera y desde arriba, toma decisiones coyunturales, enfatiza el corto plazo, olvida los desplazados, revalida el clientelismo, olvida las fronteras, desestima el conocimiento indígena, es indiferente frente a la influencia de los tratados sobre la biodiversidad; y se alista, gracias a nuevas normas, a la privatización del agua y la explotación irracional de los bosques. ¿Dónde está la respuesta endógena a la problemática regional?. ¿Carecemos de imaginación o padecemos de inercia intelectual?.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El problema de la informalidad y todo lo que se deriva de este fenómeno, como empleo de mala calidad, deficiente cobertura del sistema de seguridad social de los trabajadores, ingresos por debajo del mínimo vital, jornadas largas, alta movilidad, entre otros aspectos, debe ser tratado de una manera integral, tanto en el análisis de la situación, como en el diseño de propuestas para intervenir. En una primera aproximación al problema podríamos achacar la causa a un desajuste severo entre la oferta educativa para el trabajo y las necesidades del aparato productivo regional. Esto involucraría el papel de la educación básica secundaría y media vocacional, la formación técnica y tecnológica y por supuesto la educación superior, ya sea del sector público o privado. Por alguna razón las instituciones presentan una oferta que no satisface plenamente las necesidades actuales del sector productivo y mucho menos permite plantear en el mediano y largo plazo un proceso de desarrollo local o regional con base en el aprovechamiento de los recursos existentes y las perspectivas actuales y futuras del mercado local, nacional o global. Puede que las carreras ofrecidas estén descontextualizadas o que realmente estén produciendo personas que no tienen un campo de acción explícito. El asunto también puede relacionarse con el modelo educativo establecido y el imaginario social, que privilegia la educación y formación profesional, orientando la demanda hacia este sector, estigmatizando a las carreras técnicas y catalogándolas de plano como de mala calidad o para el empleo subordinado y poco productivo. De otra parte, no existe total claridad sobre una estrategia de desarrollo que priorice algunas actividades económicas y que sería el referente para diseñar nuevos programas académicos. La Agenda Interna hace relación al querer nacional inmediato sobre nuestro futuro y no al futuro que deseamos construir con nuestros propios recursos. La implantación nacional de las nuevas tendencias de la educación superior en el mundo también puede ser un poco tortuosa, existen reparos de algunos sectores, que cuestionan la flexibilización curricular, acortamiento del ciclo educativo y un enfoque en extremo pragmático que contradice algunos aspectos relacionados con la calidad. Sin embargo, es claro que el papel de las instituciones educativas ha cambiado y ahora se les exige un papel más activo. La calidad es un concepto tomado de la teoría de la empresa y en el presente, se relaciona precisamente con la satisfacción del cliente. Las instituciones educativas eran contempladas como instrumentos prescindibles y no necesariamente útiles en una estrategia de desarrollo territorial. Ahora son fundamentales y se consideran no instrumentos, sino actores sobre los cuales se sustenta el desarrollo. La rapidez de los cambios y los constantes retos para las gobernanzas locales, hacen necesario contar con el conocimiento como factor importante y ante todo contar con un territorio organizado, como una especie región “inteligente”. Es lo que Sergio Boiser y Francisco Albuquerque quieren expresar cuando enfatizan en la posibilidad de responder y adaptarse de manera automática a las tendencias y retos que depara la globalización. Diseñar una estrategia que intervenga la problemática de la informalidad y el desempleo, requiere de la participación de las instituciones educativas, los gobiernos locales, el sector productivo y ante todo del planteamiento de objetivos de largo plazo que permitan orientaciones de carácter estructural y no meramente coyuntural.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Perdonaran ustedes la insistencia en este tema, pero no hay alternativa y sobre todo en la etapa final del proceso, cuando las dilataciones y el desgaste normal tras meses de discusión tiene un efecto adormecedor. Las declaraciones de nuestro Ministro de Agricultura en cuanto a la intervención con supuestos subsidios en sectores agrícolas que eventualmente salgan perjudicados con el desarrollo del TLC, es síntoma de que la intención es ceder ante las pretensiones norteamericanas respecto al arroz, sector avícola, maíz y soya, sectores que precisamente nos interesan en el nivel regional. Declaraciones de los grandes empresarios apoyando la firma del TLC y aceptando que en este tipo de negociaciones existirán ganadores y perdedores, confirma lo dicho por el Director Nacional de Planeación respecto a los resultados benéficos en términos generales, sin precisar que tan equitativos serán los supuestos beneficios. Aquí es donde debe preocuparnos los posibles efectos regionales y alejarnos del grupo de perdedores que eventualmente dejaría el TLC. Hace unos años el ICA y otros entes de investigación, lanzaron con bombos y platillos las variedades de arroz, soya y maíz que permitirían alcanzar mejores niveles de productividad en la extensa altillura, considerada por décadas improductiva. De inmediato las perspectivas agrícolas de la región cambiaron y sectores como el avícola mostraban excelentes resultados. Recientes investigaciones locales y experiencias logradas en Argentina, Brasil y Venezuela incentivaron la ejecución de proyectos en estos renglones, sin embargo, ahora se muestra un futuro no tan promisorio. El gobierno nacional promociona otras perspectivas como la palma, con discutibles efectos y hace un llamado a generar procesos de reconversión productiva y hacer apuestas, como si el asunto fuera de acertijos y aciertos. Las administraciones locales y algunos gremios regionales le están haciendo juego a esta estrategia y como resultado caminamos todos como la gallina ciega sin saber para donde coger. El asunto no es de ventajas comparativas o competitivas, es de manejo geopolítico y necesariamente se deben prender las alertas sobre la inequidad regional del proceso. Esto agudizaría los problemas de equidad social en las regiones supuestamente perdedoras. Hay que velar por mantener la diferenciación regional y hacer que se respete la producción nacional, que podría incluso sobrepasar los índices de rentabilidad de los productores americanos, si no se tienen en cuenta los subsidios a la producción y exportación que aplica el gobierno los Estados Unidos.

La ciencia moderna intenta mostrarnos un mundo explicable y predecible. Sin embargo, existen campos inhóspitos donde no hay respuestas. Nuestra sociedad está sustentada en una plataforma instrumental, en la cual persisten paradigmas formados a través de siglos de historia humana. Tenemos raíces ideológicas de la Grecia antigua y del pensamiento aristotélico. Las primeras civilizaciones hicieron sus aportes a lo que hoy conocemos como el conocimiento aceptado y que ha estado estructurado de la manera como J Heseen y Mario Bunge describen en sus textos “Teoría del conocimiento” y “La ciencia, su Método y Filosofía”, textos obligados para los estudiantes de secundaria. Sin embargo, hay que considerar que el conocimiento científico actual también tiene sus críticos y que la educación debe preocuparse por generar ese sentido crítico y lograr que los estudiantes no traguen entero todo lo que leen, ven o escuchan. La teoría de la complejidad de Edgar Morín puede sumergirnos en los cuestionamientos del conocimiento moderno, que nos mantiene de cierta forma atados a una inteligencia tuerta. El conocimiento que sustenta a la ciencia moderna muestra desprecio por lo cualitativo, mitifica la incertidumbre y fragmenta el saber en disciplinas que se basan en juicios absolutos, casi dogmáticos. Este conocimiento, es que hace que un abogado no pueda entenderse con un biólogo o que un economista insista en ponerle cifras a la felicidad. Es el mismo conocimiento que menosprecia la cultura indígena y que considera salvaje y atrasado su saber. Ese conocimiento salvaje, es el que sorprende a Claude Lévi-Strauss, cuando en su investigación descubrió que la taxonomía indígena superaba a la taxonomía occidental en muchos aspectos. Es el mismo conocimiento que salvó a tribus indígenas del pasado tsunami en Asia, cuando subieron a las colinas cuando su saber les advirtió que algo andaba mal y que vendría un desastre, solo observar las aves, los peces y la naturaleza. Mientras que las comunicaciones, los sensores y alarmas satelitales del hombre moderno fueron inútiles para evitar la muerte de más de 300.000 personas y que cerca de 2´000.000 de personas perdieran su hogar.