Archivos para julio, 2007

Inequidad entre pobres y ricos

 

El Meta se vislumbra como el territorio de mejor perspectiva económica en los próximos años. No solamente por la producción de crudos pesados, sino también por las cuantiosas inversiones en cultivos permanentes (palma, caucho y forestales), biomasa (caña y yuca) para producción de etanol y el crecimiento inusitado del sector turismo en diferentes modalidades. Esto enmarca al Meta en un cambio estructural de su economía, que tendrá amplias repercusiones en el campo social y empresarial.  La noción de ser un territorio ganadero, con amplias sabanas y riquezas naturales, despensa alimentaria del centro del país, empieza a ser cambiada por un territorio con producción agrícola de gran escala, destino turístico y enclave agroindustrial. A simple vista parece ser un cambio deseable para la región, pero es necesario visualizar con mente sobria y reflexiva la posible afectación de algunos sectores de la población.

Las tendencias mundiales empujan a las regiones en buscar sistemas de producción competitiva y a jalonar inversiones mediante la dotación de infraestructura, medios de comunicación y centros de servicios empresariales, que disminuyan costos y mejoren tasa de la eficiencia en las empresas que deciden invertir en la región. No obstante, esta generalizada política de los gobiernos regionales cierra el paso a las empresas locales, genera amplias inversiones espúreas que buscan merecidos ingresos que no siempre se reinvierten en la región.  Propician la llegada de mano de obra calificada y no calificada, en razón a la disminución de costos laborales, sin contemplar el empleo local y el dinamismo de la economía de base local. Esto sin contemplar los cuestionamientos graves que rodean actualmente a la producción de biocombustibles, por sus dudosos resultados ambientales y la presión en el alza de los alimentos.  

El hecho de advertir los posibles efectos nocivos de este cambio estructural, no implica el rechazo a la inversión privada. Lo que realmente llama la atención es la poca proactividad de los gobiernos locales y regionales en el análisis de los posibles efectos y los planteamientos definitivamente pobres en medidas tendientes a fortalecer el tejido empresarial local, mejorar la oferta de empleo calificado o propiciar inversiones en procesos de investigación, desarrollo e innovación que garanticen una endogenización de los beneficios de la inversión privada.   En términos coloquiales, es como preparar la cama para que se acueste un extraño y sacar al dueño de la casa para entregársela gratis a un vecino.  Lógicamente, el dueño de la casa, por lo menos debería saber que es lo que está pasando y tener la posibilidad de prepararse y eventualmente negociar y beneficiarse de los recursos invertidos.

La idea es que los empresarios locales tengan oportunidades reales, posibilidades de formación y capitalización. Hay que brindar opciones equitativas para los pequeños y medianos productores, que llevan años pagando sus impuestos aquí, tienen sus hijos estudiando aquí y reinvierten su capital en la región.  Existen planes del gobierno nacional, potencias extranjeras, multinacionales, empresarios y políticos pudientes para la región.  Vale la pena preguntar: ¿Qué piensa la región sobre el futuro de la región? ¿O simplemente asumimos con ignorante beneplácito lo que piensan otros por nosotros?

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Documento en formato pdf sobre el proceso Universidad Empresa Estado en el Meta. Universidad de los Llanos. 2007.   Triada: Universidad -Empresa- Estado

Empieza haber un acuerdo en el mundo “subdesarrollado” respecto a dos componentes, a veces ignorados, pero que resultan imprescindibles en una estrategia de desarrollo regional: La necesidad del conocimiento científico-tecnológico y la constitución de redes-alianzas sociales-empresariales.  Las experiencias han enseñado que hacer énfasis en solo algunos componentes o dirigir la inversión de manera sesgada disminuye el porcentaje de éxito.  Igualmente, hay que diferenciar el tipo de desarrollo que se pretende, si es un desarrollo equitativo y sostenible o simplemente un crecimiento económico con elevadas inversiones en algunos sectores dinámicos.  No siempre lo segundo lleva a lo primero.  El ideal es que los rendimientos adicionales se distribuyan de manera equitativa e involucren al mayor número de empresarios, industriales, comerciantes y consumidores. La región es un escenario propicio para planificar con lente amplia y visión estratégica ante la disminución de maniobrabilidad política y económica que ha afectado a los Estados-nación.  La globalización permite el fortalecimiento del capital transnacional, abriéndole amplias posibilidades para movilizarse y multiplicarse en todos los confines de la tierra. Los tratados comerciales entre los países buscan potenciar sectores dinámicos, pero también descubren debilidades y falencias para articularse a los mercados internacionales.  De alguna manera, hay que buscar ponderar y compatibilizar las presiones que empujan a una apertura total y la protección de los productores locales.  Ante todo es natural y estratégico para un país mantener la base productiva y el poder de decidir su propio futuro. El riesgo consiste en perder la capacidad de responder autónomamente ante los cambios y verse totalmente a merced de los caprichos del capital extranjero. Al llegar a este punto, seria muy difícil para un Estado garantizar un nivel de calidad de vida aceptable para todos sus habitantes y además, permitir un desarrollo armónico para las regiones.

Ante el reto de posicionar exitosamente en el mercado nacional e internacional los bienes y servicios producidos por la región y mantener al mismo tiempo cierto poder de maniobra y decisión, surge la necesidad de potenciar las capacidades endógenas; porque solamente así sería posible proteger a los productores regionales. Se acepta que las posiciones dogmáticas proteccionistas no hacen bien a las empresas, pues las sumerge en un anquilosamiento sin estímulos, pero también es cierto, que ante las asimetrías existentes en un proceso competitivo, es conveniente desarrollar políticas para brindar todos los medios y recursos para ponerlas al mismo nivel frente a las empresas foráneas.  Es aquí donde se centra debate, entre los que creen que el mercado por si solo regula las relaciones sociales y los que están convencidos de un papel más proactivo del Estado.

Nociones recientes reivindican el papel promotor para el Estado, fundamentalmente en todos sus niveles macro, meso y micro, dinamizando y garantizando oportunidades de surgimiento, expansión y consolidación de la producción nacional y de las regiones. El hecho de brindar infraestructura o servicios básicos, es importante para jalonar inversiones, pero hoy en día, las dinámicas existentes demandan un papel más activo, abandonando el tradicional enfoque keynesiano, pero asumiendo una función determinante en la superación de las fallas del mercado, la inducción de pactos sociales y la promoción del desarrollo ambientalmente sostenible.  Un cambio de semejantes magnitudes, requiere de una nueva visión de la gestión pública, nuevas líneas de inversión y una mente más abierta a los cambios.

Los coletazos del fenómeno de la globalización tocan a las Universidades, persuadiéndolas de hacer un mayor esfuerzo en entender y desarrollar conocimiento útil y pertinente para los procesos productivos regionales.  Siendo así, es indefectible una alianza social entre las Universidades, las empresas y los gobiernos locales para incorporar conocimiento, innovación y diseñar e implementar estrategias coherentes para competir en los mercados nacionales y mundiales.

La región de la Orinoquia se ha caracterizado por la producción de materias primas.  En este marco de ideas, el principal pilar para lograr ese posicionamiento no es simplemente aumentar la producción o aumentar la eficiencia para lograr mayores márgenes de rentabilidad; es la aplicación de conocimiento apropiado y pertinente, el que permite dar valor agregado, generando retornos sociales significativos, pues aunque los resultados directos de un proceso de investigación, desarrollo e innovación, en una primera fase tienden a beneficiar a una empresa en particular, los efectos pueden distribuirse en todo el tejido empresarial. 

Desde el primer encuentro Universidad – Empresa – Estado, realizado en Villavicencio, el día 30 de agosto de 2006, con el auspicio de Unillanos y la Cámara de Comercio, un grupo de académicos, empresarios y funcionarios han venido reuniéndose, analizando y vislumbrando la alternativa más viable para la producción, difusión y apropiación del conocimiento regional para fines productivos y sociales.  Este grupo consolidado como Comité Universidad – Empresa – Estado, con la Secretaría Técnica por parte de Unillanos, advierte una debilidad respecto a las características de la oferta de conocimiento existente y su pertinencia respecto al núcleo tecnológico y apuestas productivas de la región.  Igualmente, indica un desconocimiento de las necesidades puntuales de las empresas respecto al mejoramiento tecnológico o desarrollo de procesos de innovación.  Surge entonces la idea de un primer proyecto que tiene como objetivo primordial la caracterización de la oferta y demanda de conocimiento regional para identificar posibles alianzas y proyectos entre los diferentes actores de la competitividad para materializar el potencial endógeno existente.  La cualidad estratégica de la inversión en ciencia y tecnología es que genera soberanía en un mundo en donde el conocimiento es el activo más importante.  Consecuentemente, esa soberanía permitiría una distribución más equitativa de los beneficios dentro de la sociedad llanera.  Es una iniciativa que con el apoyo de la Gobernación del Meta empieza a ejecutarse, no obstante, requiere de más apoyo y compromiso, que sumen más actores, nuevas universidades y el apoyo permanente de los entes territoriales.

Estas nuevas percepciones obligan a las instituciones regionales a cualificar su capacidad de respuesta, generando políticas públicas pertinentes e innovadoras, alejándose del persistente enfoque “receta”, el cual se basa en formulas traídas por asesores foráneos o que han resultado exitosas en otras latitudes. Lo anterior no excluye a las experiencias foráneas como insumo importante para implementar procesos autónomos y pertinentes de apropiación de conocimiento regional.

Los procesos de competitividad que buscan materializar los planes y programas de desarrollo que constantemente se formulan y reformulan, no se decretan, se construyen de manera articulada, haciendo énfasis en sistemas de innovación y la constitución de redes-alianzas socio-empresariales.

 

Manuel Javier Fierro Patiño

MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Magister en Desarrollo Local y Regional

Consultor, Profesor de la Universidad de los Llanos

Secretario Técnico del Comité Universidad – Empresa – Estado (Meta)

Ponencia presentada en el seminario “Balances y perspectivas de la Región Central. Universidad Nacional  – Distrito Capital. Bogotá, 6 de julio de 2007

Vea aquí: Ponencia sobre competitividad