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Crisis de valores

Crisis de valores

Son igualmente condenables los ataques a la infraestructura de los servicios públicos, como también la aparición de grupos de “limpieza social”. Lo que muestra de fondo es el carácter terrorista de los grupos que piensan capitalizar estos hechos; igualmente, muestran la intolerancia social y una crisis de valores de la sociedad en general.

Hay que conocer la teoría del Estado para interpretar muy bien la realidad y no caer en especulaciones morales. El Estado nace de la necesidad del hombre de tener garantías para desarrollar su proyecto de vida y garantizar los derechos mínimos, como la vida, la libre empresa y la libre expresión. Estas garantías y también algunas obligaciones se materializan en un contrato social, que para el caso de nosotros, es la Constitución Política de Colombia, las normas, leyes que conforman nuestro Estado Social de Derecho. La existencia del Estado, es lo que permite la vida en sociedad organizada, con unas reglas de juego que todos debemos cumplir. A cambio el Estado colombiano, según la Constitución de 1991, debe servir a la comunidad, promover la prosperidad general, garantizar la efectividad de los principios, derechos y facilitar la participación de todos los miembros de la comunidad colombiana en los asuntos que le competen (económicos, políticos, administrativos y culturales), defender la independencia nacional, mantener su integridad territorial, asegurar la convivencia pacífica y asegurar la vigencia de un orden justo. Los mismos enunciados son demasiado contundentes y claros. Las autoridades en Colombia están para proteger a todos los residentes en el país en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales.

La fuerza pública y las instituciones legítimas son las que deben garantizar la seguridad y atacar el delito. Preocupa mucho la aparición de grupos en las “redes sociales de internet” que alaban y promueven esta práctica irregular, en su mayoría jóvenes, que lanzan amenazas y apoyan la eliminación de personas que han quebrantado la ley, que son homosexuales o practican la prostitución. También preocupa el pronunciamiento de algunos funcionarios, alentando esta práctica y restándole importancia como acción delictiva. Esto es un síntoma indiscutible de la mala educación que reciben en sus casas y escuelas, falta de valores éticos, falta de una educación cívica y desconocimiento aberrante de nuestro sistema político.

Para construir una sociedad justa y en paz, es necesario tener claridad sobre las funciones del Estado y los deberes del ciudadano, pero ante todo tener conocimiento de la naturaleza moral y ética que nos hace miembros de un mismo país. Caso contrario no seriamos más que animales sobreviviendo en el “Leviatan” de Hobbes.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Caminaba desprevenidamente cerca del parque “llamado ahora plaza de los libertadores de Villavicencio” cuando desde las bodegüelas del lagarterismo propio de estos lugares citadinos, un respetable ciudadano me interrogó acerca de mis columnas. En primer lugar me felicitó por los temas, pero luego me lanzó un agudo comentario. –Usted comparte columna con los que hacen oposición al gobierno y seguro que sus opiniones no gustan-. Sonreí y di las gracias, pero me quedaron sonando en la cabeza estas palabras. Quizás no había pensado en este asunto con la debida atención. ¿Será que disentir es sinónimo de oposición política? Me detuve un instante y observé lentamente la fuente instalada frente a la Catedral. Bueno, para los que escribimos algunas líneas, debe ser natural que el texto guste a algunas personas y a su vez disguste a otras, pues la opinión personal hace parte del derecho de la libre expresión y por consiguiente cada cual puede tener su punto de vista sobre un tema específico. Seguí caminando por la plaza, con tranquilidad, pensando en voz alta. Es bueno que el debate en torno a la gestión del gobierno municipal, departamental o nacional se dé con la naturalidad que el escenario democrático lo permite y las opiniones de los columnistas no deben tener el sentido de hacer oposición encarnizada sin argumentos, solamente porque el mandatario es de una corriente política o de otra. Parece que reflexionar sobre los temas estratégicos del desarrollo regional puede pisar algunos callos y poner en posición incomoda a algunos funcionarios. Decidí que era necesario hacer la aclaración. De ninguna manera debe tomarse el hecho de discrepar ideas como de escueta oposición política. Me parece una salida simplista que elude el debate constructivo, atenta contra la libertad de prensa y desconoce la posición argumentativa. Es doloroso saber que en el sector público del país empieza a hacerse repetitiva la frase “El que no esta de acuerdo conmigo está contra mí” y esta clase de situaciones amenazan con repetirse a diario. De manera resuelta recordé con nostalgia las enseñanzas de mi querida profesora de primaria, la señora Mercedes Torres de Rivera, a quien dedico estas líneas: -Quien calla otorga-.