Archivos para abril, 2006

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Desarrollar la agricultura comercial y la agroindustria con miras a exportación requiere de ciertas condiciones especiales. De una parte se requiere un contexto interno y externo que promueva la actividad productiva y de otra parte enfatizar en la capacidad del productor. Este involucra la geografía, la infraestructura, comunicaciones, tecnología, disponibilidad de capital, las instituciones, las políticas públicas y las normas. Igualmente, la capacidad del productor depende de su nivel educativo, espíritu empresarial y posibilidad para aprender e innovar. En la región tenemos cordilleras y otras restricciones geográficas que se constituyen en barreras naturales para los mercados externos e internos. Si nuestro objetivo es el mercado mundial, tenemos que competir frente a las regiones costeras de Colombia y con los demás países que tengan acceso a nuestro comprador final. El modelo de desarrollo adoptado nos ciñe a cumplir con estas decisiones y buscar opciones menos costosas. Es así como nos llevan a plantear la doble calzada Bogotá – Villavicencio, el aeropuerto alterno, la navegabilidad del río Meta y la vía Uribe-Colombia, con el fin de mejorar el acceso a los mercados. Igualmente nos obliga a pensar en incorporar nuevas áreas mediante los distritos de riego. También es cierto que sin agroindustria transferimos al exterior la mayor parte de la generación del ingreso y del empleo del sector agrícola. Por lo tanto, la clave estaría en la producción y exportación de productos con valor agregado, lo que depende básicamente de tres factores: 1) de la adquisición y posterior desarrollo de una base científico-tecnológica; 2) del factor “aprendizaje” de nuestra sociedad, esto es, una mezcla simultánea de educación con experiencia en un determinado nivel tecnológico, que posibilite la asimilación y posterior desarrollo del conocimiento nuevo (por ej. biotecnología, bioingeniería, etc.) y 3) de los estímulos institucionales, que van desde el acceso al crédito, infraestructura y educación, hasta la formulación de una política consensual para la explotación y utilización racional de los recursos naturales del país.

La pregunta es: ¿Estamos preparados tecnológicamente, tenemos los estudios completos y la inversión requerida para afrontar con éxito este proceso de internacionalización promovido desde el nivel nacional? O simplemente ¿Tenemos que buscar un mayor énfasis en el mercado interno, favorecer iniciativas productivas de mediana escala con algunas apuestas dentro del modelo competitivo?.

Se requiere adoptar una visión diferente que privilegie el desarrollo y no simplemente el crecimiento económico, que haga énfasis en la utilización de tecnología simple y apropiada, el rescate con identidad del conocimiento tradicional, la economía campesina y aprovechamiento sosteniblemente los recursos de biodiversidad; que contemple una visión de largo plazo con la articulación armónica del sistema educativo y las instituciones, para prepararnos con fortaleza en lo endógeno; que priorice las inversiones en la medida de las posibilidades, con un criterio acertado e incorrupto tendiente a desarrollar alternativas productivas con garantía de éxito, gracias a la bioprospección y desarrollo tecnológico

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Colombia ha adaptado para sí las diferentes doctrinas acerca de la intervención del Estado en un modo de producción capitalista. En los años 60 prevaleció el Estado intervencionista y asistencialista que servia de soporte al modelo de sustitución de exportaciones. Las entidades del Estado se multiplicaron, las inversiones públicas se dirigieron a mejorar las condiciones para el desarrollo de la industria y favorecer la modernización en todos los aspectos. Crecieron los sectores industriales ayudados por el Gobierno y se configuró el espacio colombiano, orientando los procesos industriales en el centro de las montañas, privilegiando el transporte terrestre, centralizando las actividades del país en las principales capitales, lo que facilitó la consolidación desigual del modelo. Simultáneamente las regiones se especializaron como resultado de la política pública y de las posibilidades de establecimiento de actividades productivas. Áreas como el Llano, las fronteras surorientales y la costa Pacífica se marginalizaron en virtud de las decisiones del Estado. Prevaleció la idea de los territorios nacionales, vistos como reserva y substrato inhóspito de posibles riquezas. Llano renació para el país cuando se encontró el petróleo en su territorio. Empieza a brotar “oro negro” que sostiene la economía nacional. Las regalías en vez de generar progreso, en algunos casos agudizan las falencias o se despilfarran. Los territorios orientales se autoformaron en ausencia del Estado. En algunas áreas el Estado fue reemplazado por fuerzas alternas bajo el imperio de la violencia. Se construyó un país a espaldas de otro, a punta del sudor del colono, el empuje de la raza mestiza, la depredación del bosque, la sangre de los despojados, las balas de los violentos y la plata mal habida de la marihuana y la coca. La actividad agrícola se da en función del conocimiento precario del productor y no en razón a una estrategia basada en la vocación de la tierra. Aun así, en el Llano con todos los problemas consolida un desarrollo agropecuario, basado en enclaves de economía campesina y algunos rasgos de modernización. Las pequeñas ciudades se hicieron grandes y no asimilaron los cambios de la modernización, mientras tanto la tierra se organizó de manera desigual y soslayadamente. La educación y la tecnología, pese a las estrategias nacionales no llegan a las mismas velocidades y presenta dificultades de acceso. La aparición de un nuevo modelo a finales de los 80, sataniza al Estado benefactor y busca la eficiencia productiva partir del “equilibrio” que genera el libre mercado. Aparecen las ideas salvadoras sobre la competitividad y mejoramiento de la productividad. Desaparecen las entidades estatales de los pueblos y dan paso a los programas de desarrollo rural llenos de requisitos y con miras al sector exportador. Las estructuras políticas permanecen apegadas a esquemas feudales, las instituciones sin puntería en sus políticas y la población sin respuestas. No obstante, persiste el modelo de Estado generador de iniquidades regionales. El mundo cambia incesantemente y la región dormita con indiferencia. Llegó el momento de sentarse a pensar. Los actores regionales no pueden tragar entero el credo competitivo sin masticar sus esquemas.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El papel de las universidades públicas tiende a ser subvalorado. Reducir su papel a un fortín bucrocrático o ver su utilidad solo en función del sector productivo, es un sendo error. El impacto social que genera permitir que estudiantes de bajos estratos alcancen el nivel de ingreso de un profesional, es muy importante para atacar la pobreza y la desigualdad. Del total de 3.256 estudiantes de pregrado de Unillanos, 1.721 son mujeres y 1.535 son hombres. De este total, 301 son de estrato I, 2.007 son de estrato II y 1.484 son de estrato III. Históricamente, la Unillanos aporta profesionales que han extendido su campo de acción a todos los municipios de la Orinoquia y en los más recónditos lugares del llano y la selva. Su papel, junto el de la ESAP y la UNAD en departamentos marginados del país, es significativo; no obstante sus fallas, han mejorado los sistemas de salud, la educación, la producción agropecuaria y contribuye a construir nación en zonas de frontera. Aun con todos sus problemas, la universidad es un ente para apoyar no para atacar. En la última década, las responsabilidades de la universidad pública han aumentado, pero sus presupuestos han disminuido. Aun con las tasas de cobertura tan bajas en educación superior y la alta demanda del sector productivo, el aporte de los entes gubernamentales regionales es insignificante. De la totalidad de los recursos que cuenta la Universidad de los Llanos solo un 2.7% se puede dirigir a inversión, pues lo principal es garantizar su funcionamiento. La mayoría de profesores están mal remunerados, aun así tienen que investigar y hacer proyectos para gestionar recursos. El discurso del ciudadano común y del burócrata territorial tiende a estar un poco desviado. La universidad se muestra como un ente alejado y se le acusa de no interactuar frente a los problemas locales. En parte hay que reconocer que existen algunos limitantes para que las universidades se adapten a los retos que surgen del modelo de desarrollo competitivo, pero esa interacción debe ser de doble vía. El sector gubernamental debe apoyar los procesos de investigación y proyección social. No es claro el discurso cuando se llama a que la universidad se articule a los procesos de desarrollo regional, pero no se financian sus iniciativas o se desconocen sus logros. Un logro a tener en cuenta es el auge de la piscicultura en la región, proyecto demostrable de Unillanos en conjunto con el gobierno nacional, pues el comienzo resultó de un convenio DRI-Unillanos hace más 20 años. Desde este momento la investigación en piscicultura, no ha cesado y la universidad ofrece una Maestría en Piscicultura y es reconocida mundialmente como una autoridad en piscicultura de aguas continentales. Pero existen muchas tareas por desarrollar. La investigación en biocombustibles, el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad regional, la generación de alternativas productivas o la reconversión de las actividades agropecuarias actuales, requiere de inversión adicional. Es hora de asumir posiciones consecuentes y consolidar un nuevo modelo de desarrollo que trascienda ejercicios coyunturales como la Agenda Interna y se ocupe de construir socialmente la región del siglo XXI