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Recientes debates entre columnistas e indigenistas en cuanto a la aplicabilidad de la consulta previa con las comunidades indígenas han generado un clima de incertidumbre y temor en los territorios indígenas. Los columnistas, como Felipe Zuleta, María Isabel Rueda y Daniel Valero, han lanzado críticas a la corte por el populismo jurisprudencial, al gobierno por no generar un ágil marco de actuación y a los pueblos indígenas por lo que ellos llaman una especie de insensatez frente al “desarrollo” del país. El desconocimiento del tema y la miopía etnocentrista hace que se lancen improvisados juicios, poco soportados y guiados por malsanos intereses empresariales y gubernamentales.

La normatividad existente en Colombia no es una invención nacional o capricho indigenista como lo han querido mostrar estos columnistas.  Los compromisos internacionales relacionados con la consulta vienen del convenio 169 adoptado por la Organización Internacional del Trabajo el 27 de junio de 1989 y que entró en vigencia para Colombia a través de la ley 21 de 1991. Además la corte constitucional en sus jurisprudencias obliga la Consulta no solo frente a aquellos proyectos que pueden afectar a los pueblos indígenas, sino incluso frente a los proyectos que prometen beneficios a los grupos étnicos.

La locomotora minero energética y el boom agroindustrial de la Altillanura ponen en grave riesgo a los pueblos indígenas. Por esta razón, además de los problemas de violencia y desplazamiento, la corte constitucional emitió el auto 004 en 2009, mediante el que se evidencia el riego de extinción física y cultural de varios pueblos indígenas en Colombia, entre ellos el pueblo Sikuani que habita en las llanuras de la Orinoquia.

Lo más grave es que los territorios indígenas del país albergan riquezas naturales y por esta razón los resguardos están en la mira de la ambición desarrollista que nada le importa la sostenibilidad ambiental, la cultura, los conocimientos ancestrales y las más de 60 lenguas indígenas que aún conservan los 87 pueblos indígenas que subsisten en el país. Los colombianos tenemos una deuda histórica con nuestros ancestros. Mantener estas formas diferentes de interpretar el mundo y todo lo que se deriva de una supervivencia de más de 600 años, se debe considerar un patrimonio invaluable, que incluso actualmente es más valorizado por organismos multilaterales.

Los pueblos indígenas están en grave riesgo, no solamente por la vulnerabilidad social actual sino porque la locomotora minero-energética y la ambición por nuevas tierras están en una celeridad irracional. Lo menos grave son la consultas previas, que algunas se han logrado a punta de sobornos y estrategias divisorias dentro de las mismas comunidades. Lo más grave es la afectación cultural, la pérdida de identidad y la vulnerabilidad de sus formas básicas de supervivencia, la alimentación autóctona, el autocuidado cultural, la medicina tradicional y la perdida de la lengua, lo que elimina progresivamente al “ser” indígena. Una vez declarada la eliminación del “ser” indígena, quedaría abierta la puerta para terminar con las figuras de resguardo y ceder irremediablemente a la codicia que caracteriza a la economía actual.

Los territorios de los pueblos indígenas son vitales y sagrados para su supervivencia. La irracionalidad etnocentrista y la predominancia cultural no nos facultan para acabar con cualquier forma de pensamiento diferente, es más, puede llevarnos a la pérdida de identidad como nación.

La Orinoquia está herida de muerte. Los cambios ambientales, económicos y sociales que ha provocado la codicia mediática puede materializarse en un descalabro territorial que nuestros hijos y nietos sabrán juzgar. Es por esto que existe una gran responsabilidad de los nativos de la región en saber orientar y proponer alternativas que ayuden a reorientar el curso histórico.

Crisis de valores

Crisis de valores

Son igualmente condenables los ataques a la infraestructura de los servicios públicos, como también la aparición de grupos de “limpieza social”. Lo que muestra de fondo es el carácter terrorista de los grupos que piensan capitalizar estos hechos; igualmente, muestran la intolerancia social y una crisis de valores de la sociedad en general.

Hay que conocer la teoría del Estado para interpretar muy bien la realidad y no caer en especulaciones morales. El Estado nace de la necesidad del hombre de tener garantías para desarrollar su proyecto de vida y garantizar los derechos mínimos, como la vida, la libre empresa y la libre expresión. Estas garantías y también algunas obligaciones se materializan en un contrato social, que para el caso de nosotros, es la Constitución Política de Colombia, las normas, leyes que conforman nuestro Estado Social de Derecho. La existencia del Estado, es lo que permite la vida en sociedad organizada, con unas reglas de juego que todos debemos cumplir. A cambio el Estado colombiano, según la Constitución de 1991, debe servir a la comunidad, promover la prosperidad general, garantizar la efectividad de los principios, derechos y facilitar la participación de todos los miembros de la comunidad colombiana en los asuntos que le competen (económicos, políticos, administrativos y culturales), defender la independencia nacional, mantener su integridad territorial, asegurar la convivencia pacífica y asegurar la vigencia de un orden justo. Los mismos enunciados son demasiado contundentes y claros. Las autoridades en Colombia están para proteger a todos los residentes en el país en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales.

La fuerza pública y las instituciones legítimas son las que deben garantizar la seguridad y atacar el delito. Preocupa mucho la aparición de grupos en las “redes sociales de internet” que alaban y promueven esta práctica irregular, en su mayoría jóvenes, que lanzan amenazas y apoyan la eliminación de personas que han quebrantado la ley, que son homosexuales o practican la prostitución. También preocupa el pronunciamiento de algunos funcionarios, alentando esta práctica y restándole importancia como acción delictiva. Esto es un síntoma indiscutible de la mala educación que reciben en sus casas y escuelas, falta de valores éticos, falta de una educación cívica y desconocimiento aberrante de nuestro sistema político.

Para construir una sociedad justa y en paz, es necesario tener claridad sobre las funciones del Estado y los deberes del ciudadano, pero ante todo tener conocimiento de la naturaleza moral y ética que nos hace miembros de un mismo país. Caso contrario no seriamos más que animales sobreviviendo en el “Leviatan” de Hobbes.

A quien se le parece este camaleón

A quien se le parece este camaleón

De la fauna que produce la psiquis y el comportamiento humano y que vale ahora recordar, es el camaleón, el que produce las más repugnantes manifestaciones. El camaleón basa su estrategia en el camuflaje, en su mirada binocular y la efectividad de su larga y pegajosa lengua.

El camaleón esconde su propia naturaleza y muta según sus conveniencias. Su piel es rugosa y oscura como su conciencia. Sus ojos siempre atentos, pero bajo el poder de un cerebro discorde, apuntan en diferentes direcciones, vacilantes siempre, se muestra oportunista hasta la médula. El camaleón es celoso con su árbol, se aferra a las ramas, pero siempre está atento a los cambios. Sin dudar, piensa que está en su reino, pero la fortuna cimentada en las apariencias no dura demasiado, por mucho que intente demostrar control, el farsante siempre termina evidenciándose. El camaleón siempre es famélico, no duerme, sufre en su ansiedad por querer controlar todo. Su torpeza la suple con la capacidad de intriga y la falsa cortesía, entendida como hipocresía.

Cuando el camaleón se siente amenazado, despliega sus falsas pieles para parecer más amenazante, pero al primer momento de alerta, se despide rápidamente y evita cualquier encuentro. No confronta las ideas en público, pero lacera humanidades, haciéndole juego al embuste. La algarabía que lo acompaña puede escucharlo, pero con malicia, termina despreciando sus comentarios. La soledad lo agobia, aunque todo el tiempo está rodeado de supuestos partidarios. El peor de los destinos lo asecha. La supuesta traición está siempre a la vuelta de la esquina, pero todos saben que no hay traición cuando se desmiente al badulaque.

Los discursos del camaleón están llenos de babosadas y conciertos vagos, sin argumentos, recitados cual letra de canción de cuna. Le es difícil cambiar el repertorio, pues le obliga a pensar y reflexionar. Copia de donde pueda y todo lo que parezca exageradamente complejo y lo aprende de memoria para descrestar. Cambia de color ante cualquier variación del entorno. Cambia sus papeles pero no para transformar su mente, sino para parecer amigo. Salta como la liebre ante cualquier asomo de cambio, asume la palabra, toma la vocería pero lo que busca es conservar lo mismo de siempre, su ambiente preferido, el nido de la incompetencia. El fin del camaleón siempre es el mismo, victima de su propio proceder termina engañándose a si mismo. Construye un mundo de fantasías, defendiéndose de cuanta amenaza construye, rayando ya en el comportamiento paranoico.

O que tristeza, de la fauna humana, Dios nos libre. Que venga el gallo, el mono, el buey, el tigre, el perro y todo el horóscopo chino si se desea, pero no más camaleones. Lo malo es que los hay en todo sitio: en las empresas, en las escuelas, en las iglesias, pero es en el gobierno donde producen más daño. No tienen pertenencia, porque se pertenecen a su propia estupidez, el único proyecto de vida es sostenerse en su propia mediocridad.

Si usted conoce un camaleón escríbale un mensaje oculto, el sabrá tomarlo, pues así le ahorra la vergüenza de verse descubierto.

Los textos de cada uno de estos articulos pueden ser copiados y reproducidos libremente con la correspondiente cita del autor.

La Paz de Rosario

Publicado: mayo 17, 2006 en Colombia, Cultura, Gobierno, Prensa Libre

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Se llamaba Rosario, pero a diferencia la “tijeras”, era una persona noble y entregada a sus hijos. Belarmino el mayor y Humberto el menor, crecieron entre las selvas y la sabanas del Llano. Belarmino se fue con la guerrilla, Humberto con los paramilitares. Todos los años, Rosario desenrollaba la madeja de hilos haciendo dos sacos a mano, uno verde y otro negro, los cuales entregaba siempre a sus hijos. La fortuna hizo que nunca coincidieran. Uno venia en diciembre, el otro a finales de enero. La mayor felicidad era tenerlos vivos pero siempre separados. El negocio no prosperaba, no era lo mismo cuando vivía Santiago su esposo. Se lo tragó la manigua, se fue para el monte y nunca más volvió. Desde entonces los vecinos le ayudaron a criar sus hijos, unos traían víveres, otros ropa y plata. Comenzó a lavar ropa ajena, la coca ya no era lo mismo.

Belén, la hija del vecino, era muy bella. Desde pequeña jugueteaba con los muchachos. Fue novia de Belarmino, luego de Humberto. Belarmino venía en diciembre y disfrutaban las mieles del amor. Humberto llegaba en enero ansioso de caricias y consuelo.

Todos eran felices a su manera, hasta aquel 24 de julio, cumpleaños de Rosario. Humberto sorprendió a Belarmino con Belén cuando estaban dándose un apasionado saludo. De inmediato desenfundó su arma y disparó. La bala rebotó en la pared, fue a dar al techo para terminar alojada en la cabeza de la vieja Rosario, que estaba bordando un saco en la pieza continua. Todo fue muy rápido. Después de los disparos de inmediato se formó la multitud. La algarabía de los vecinos no tardó en dispersarse. Al lado derecho de Rosario yacía un cuerpo, a la izquierda el otro, eran tres los muertos. Para ella, parecía su mejor cumpleaños, pues aquella incertidumbre que la perseguía todos los días desde que marcharon cada uno por su lado, por fin había terminado. Hoy están los tres unidos, fuera de este mundo, pero todos juntos.

La historia sacada de un cuento podría ser superada por la realidad. La violencia es pan de cada día. Colombia es un país lleno de riquezas, con los paisajes más bellos, pero con historias familiares inconclusas, con proyectos de vida a medias y con descendencias marchitas. A pesar de la crudeza de las noticias, hemos desarrollado una especial tolerancia y convivencia con el conflicto que nos hace cada día más insensibles. Los presentadores de noticias entrelazan sin inmutarse los muertos de la guerra con las frivolidades de los realites. Cada día las oportunidades de trabajo escasean y las opciones son pocas. Cada día nacen más colombianos, orgullosos, emprendedores, luchadores, nobles y recursivos, como la vieja Rosario. Sin embargo, cada día también trae sus lutos, las historias macabras y espeluznantes. Algunos pueden decir que Rosario perdió a sus hijos por un asunto de faldas. Tal vez sea más fácil decir que todo sucedió por culpa de Belén. Afortunadamente para Rosario, la muerte la tomo por sorpresa, pues nunca supo que pasó.

Se espera que gracias a la Unión Europea y la gestión de Cordepaz, el Laboratorio de Paz y Desarrollo del Meta sea una realidad. Sin duda abre un espacio definitivo para analizar las dinámicas del conflicto y plantear iniciativas de paz desde lo comunitario.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

El tema de la pobreza en Colombia está nuevamente en debate. Además de los estudios conocidos recientemente de diversas fuentes, el Gobierno Nacional lo ha elevado a término de política de largo plazo con la publicación del Documento Conpes “Metas y Estrategias de Colombia para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio-2015”, publicado en marzo de este año. El enfoque adoptado es el promover el Desarrollo Humano, el cual incluye tres dimensiones que cualquier persona podría considerar como deseables: Un ingreso suficiente para tener acceso y disfrutar tanto de la propiedad como de los bienes básicos, una vida larga y saludable y un nivel educativo que le permita a la persona aumentar la capacidad de dirigir su propio destino. En este sentido el Gobierno Nacional, con el apoyo del PNUD Naciones Unidas, DANE y la CEPAL, identificó unas metas para cumplir al año 2015. Llama la atención que el documento define a la superación de las inequidades como el mayor reto del Estado Colombiano, principalmente se refiere a la inequidad entre lo urbano y lo rural, entre los departamentos y regiones, y cuya principal causa, sabemos que es la poca presencia estatal en todo sentido. No obstante, las estrategias generales que se contemplan son de alcance global y nacional y no llegan al detalle de lo local, lo que multiplica el esquema de política pública generalizada y homogenizante, culpable de la actual inequidad. El gran reto del Estado es regionalizar la política pública, con enfoques adecuados a las características particulares e integrales del territorio y llegar a plantear programas de efecto estructural y no mediático. Las metas planteadas pueden promover la interpretación gubernamental de ofrecer planes diarios de alimentación, comedores escolares, uniformes, morrales y útiles escolares, pan y panela, como la solución más común y capitalizable políticamente; abandonando el verdadero fin, que es brindar oportunidades de autorrealización de las potencialidades colectivas e individuales. Los programas sociales que buscan la atención y asistencia inmediata de la población pobre y vulnerable son muy necesarios, pero deben tener una temporalidad programada, diferenciación regional y un enfoque integral, con la realización simultánea de proyectos que generen propuestas de sostenibilidad y autogestión en misma comunidad.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Excelente foro, el que se realizó el pasado 5 de octubre en el auditorio de la Cámara de Comercio de Villavicencio, sobre el tema de la economía regional. El debate sobre el modelo de desarrollo promete ser interesante y permite predecir que el velo desinformativo que distorsiona la realidad empiece a caer. Se nos ha vendido la visión del mundo moderno y que nuestra riqueza natural con el discurso de las potencialidades, nos darán espontáneamente un océano de prosperidad y abundancia. Las exposiciones descarnadas y realistas de parte de los expertos Osvaldo Castelletti, del PNUD y Alvaro Ocampo de la Universidad de los Llanos, que cerraron el foro, mostraron abiertamente nuestras debilidades frente al mercado internacional, pero también la posibilidad de dinamizar renglones como la acuicultura, los frutales, la palma de aceite y el turismo con modelos que incluyan generación de valor agregado con base social. Sus observaciones respecto a la inviabilidad de los sistemas de producción actuales, la informalidad en la estructura del empleo local, el oscuro futuro para la producción de cereales y ante todo la incapacidad regional para buscar alternativas productivas en un contexto de cambio constante, ojalá puedan llegar a provocar luces en medio del sombrío letargo.

Mucha falta hace que nos digan la verdad, pues no hay peor ciego que el que no quiere ver. Estamos en graves problemas y las soluciones no se ven en el corto ni en el mediano plazo. La sociedad regional necesita espacios de este tipo para debatir abiertamente sus problemas, sin prevenciones, ni discursos surrealistas que esconden la verdadera situación social y económica que vivimos en la actualidad. Por esta razón, se resalta el papel garante del PNUD, los esfuerzos de la Cámara de Comercio de Villavicencio y la intención del gobierno departamental. Pero, esto no es asunto de mera discusión; se trata de la construcción social de un nuevo modelo de desarrollo que promueva el aprovechamiento sostenible de los recursos del territorio, que realice un verdadero balance entre nuestras aspiraciones y nuestras posibilidades en un mundo globalizado. Todas las exposiciones de los diferentes sectores hicieron énfasis en mayor o menor medida en la necesidad de contar con un entorno adecuado, información y conocimiento pertinente para adelantar procesos de productividad y competitividad. Vale la pena que todos los estamentos de la sociedad, el sector empresarial y especialmente las entidades del sector estatal realicen una oportuna y sincera reflexión sobre su función, sus alcances y recursos empleados frente a la problemática territorial; porque bien parece que aun hay tiempo para que reinventar el sentido de la gobernabilidad y orientar los esfuerzos hacia lo verdaderamente estratégico.