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Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Magister en Desarrollo Regional y Local.

Las dinámicas territoriales del Meta avanzan a la consolidación de 2 componentes territoriales económicamente definidos. Por una parte los desarrollos agroindustriales de gran escala en la zona de la altillanura, unidos a un creciente auge de exploración y explotación petrolera, avanzan a la preponderancia de una economía con características de enclave.

Las economías de enclave suelen ser más o menos prósperas que la economía que lo rodea, y su impacto en la misma puede ser beneficioso o perjudicial. En nuestro caso, es claro el efecto de desplazamiento, especialmente en el mercado laboral. Esto perjudica al resto de la economía, porque los enclaves adquieren mano de obra calificada y materia prima, encareciéndose estos elementos para el resto de la economía.

Los resultados pueden ser positivos en la medida que estas grandes empresas generen espacios para la integración de pequeñas y medianas empresas de la región, permitiendo procesos de transferencia de conocimiento, para romper la brecha tecnológica. La articulación social no ha sido exitosa, debido a la afectación grave de la población indígena, las nuevas demandas empresariales de recurso humano calificado y a la poca oferta regional.  Igualmente, no existe un marco regulatorio efectivo o acuerdo político que garantice mayor equidad y fortalecimiento del capital humano regional.

La zona occidental del Meta, jalonada por la dinámica de la región del Ariari, tiene unas connotaciones diferentes.  Existe una buena diversificación productiva, articulando sectores agropecuario y turístico, no obstante, la incorporación de nuevo conocimiento para la productividad y la transformación productiva ha sido lenta. Actualmente convergen la cooperación internacional, la consolidación territorial y de recuperación territorial por parte del Estado, acciones de desarrollo local y algunos esfuerzos por reconstruir el tejido social.

El potencial es inmenso dada la fuerza productiva y el impacto social que generaría la incorporación productiva de toda la zona. Se requiere un proceso de ordenamiento ambiental – productivo de largo plazo y políticas que permitan una apropiación de la ciencia y tecnología con participación activa de productores, mejoramiento vial y fortalecimiento del espíritu asociativo y emprendedor.

La propuesta de constituir un distrito agroalimentario es pertinente para las condiciones actuales. No obstante, debe darse una política de ordenamiento territorial desde lo departamental que brinde las condiciones institucionales para la sinergia de los diferentes proyectos que se desarrollan en la región.  Lo principal es una estrategia de inclusión que permita el empoderamiento de los actores, la generación de confianza y la superación de las trampas al desarrollo, donde lamentablemente el mismo Estado ha sido responsable. Esas trampas están ancladas en el pasado violento, en las falsas promesas gubernamentales y el aislamiento político de la subregión.

Villavicencio funge como eje articulador de esta dicotomía, centro nervioso comercial y área de moldeamiento y transformación de procesos territoriales.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Caminaba desprevenidamente cerca del parque “llamado ahora plaza de los libertadores de Villavicencio” cuando desde las bodegüelas del lagarterismo propio de estos lugares citadinos, un respetable ciudadano me interrogó acerca de mis columnas. En primer lugar me felicitó por los temas, pero luego me lanzó un agudo comentario. –Usted comparte columna con los que hacen oposición al gobierno y seguro que sus opiniones no gustan-. Sonreí y di las gracias, pero me quedaron sonando en la cabeza estas palabras. Quizás no había pensado en este asunto con la debida atención. ¿Será que disentir es sinónimo de oposición política? Me detuve un instante y observé lentamente la fuente instalada frente a la Catedral. Bueno, para los que escribimos algunas líneas, debe ser natural que el texto guste a algunas personas y a su vez disguste a otras, pues la opinión personal hace parte del derecho de la libre expresión y por consiguiente cada cual puede tener su punto de vista sobre un tema específico. Seguí caminando por la plaza, con tranquilidad, pensando en voz alta. Es bueno que el debate en torno a la gestión del gobierno municipal, departamental o nacional se dé con la naturalidad que el escenario democrático lo permite y las opiniones de los columnistas no deben tener el sentido de hacer oposición encarnizada sin argumentos, solamente porque el mandatario es de una corriente política o de otra. Parece que reflexionar sobre los temas estratégicos del desarrollo regional puede pisar algunos callos y poner en posición incomoda a algunos funcionarios. Decidí que era necesario hacer la aclaración. De ninguna manera debe tomarse el hecho de discrepar ideas como de escueta oposición política. Me parece una salida simplista que elude el debate constructivo, atenta contra la libertad de prensa y desconoce la posición argumentativa. Es doloroso saber que en el sector público del país empieza a hacerse repetitiva la frase “El que no esta de acuerdo conmigo está contra mí” y esta clase de situaciones amenazan con repetirse a diario. De manera resuelta recordé con nostalgia las enseñanzas de mi querida profesora de primaria, la señora Mercedes Torres de Rivera, a quien dedico estas líneas: -Quien calla otorga-.