No hubo ganadores ni perdedores. Perdió el país, pues lo que se demostró es que no existe la Nación como unidad, se desquebrajó la unidad nacional y territorial. Si se aprecian bien los resultados medio país territorial en zonas de periferia apoyó mayoritariamente el SI. Otra parte del país apoyó el NO. No hay una tendencia preponderante en el territorio nacional. Por esta razón es preocupante que se tomen decisiones con base en la mayoría. Hay que garantizar la inclusión o simplemente nunca podrá haber paz.

No es un asunto de partidos ni de poderes políticos. Hay que resolver las disparidades regionales. Las zonas marginadas y afectadas históricamente por el conflicto avalaron una agenda que debe ser respetada. Es hora de pensar en políticas regionales diferenciadas. El país no aguanta más desigualdades en los territorios. ¿Que pasará con los campesinos en las zonas rurales que han apostado todo por la agenda de paz?. Estas regiones tendrán que tener una representación política equitativa. La sumatoria de votos en un país concentrado en la zona andina no es prenda de garantía para la unidad nacional. Aquí NO se requiere un acuerdo de PARTIDOS, se requiere es un ACUERDO DE REGIONES PARA LA UNIDAD NACIONAL. Los partidos alimentan EGOS personales y ansias de poder que no aportan al debate sobre las regiones y sus diferencias. No cometamos otro error, tras error. La prioridad no es pensar quien sería el próximo presidente. La prioridad es resolver el problema de las disparidades regionales. Líderes políticos de la Orinoquia ustedes representan a estas regiones. No veo espacio para celebrar. Se debería convocar a un PACTO REGIONAL, incluyendo a sectores del SI y del NO de la REGIÓN. En el Meta sucedió algo similar, las regiones marginadas vs las regiones concentradas en población que someten e imponen decisiones a todo el territorio. departamental. 

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Se le olvida CD que el acuerdo de paz lo firman enemigos históricos. La renegociación no es discrecionalidad solo del gobierno.

Solo son estrategias para dilatar y dilatar para refinar las estrategias para la elecciones 2018. El CD en su mezquindad y codicia le interesa el poder, destrozar el gobierno de Santos que no le caminó y adueñarse del poder político. Algo que no calcularon los del NO es que el dolor de las victimas, los anhelos de las regiones afectadas por el conflicto valen un bledo frente a la Sed de Poder. Se cometieron errores en la campaña del SI que fueron fríamente capitalizados, la mala prensa y la manipulación hicieron su agosto, desviaron la atención a temas de dogma e ideología, pero lo que realmente estaba tras la palestra, era retomar el poder para continuar con la senda de lo que ya sabemos… seguridad democrática, confianza inversionista y bla bla bla. Lo que nos ha estigmatizado en la comunidad internacional, como un pueblo guerrerista y violento.

No hay que asombrarse, existen en la fauna humana. Las hienas son individuos muy sociables, hipócritas y bien hablados. Mantienen una máscara que los hace parecer cual perro fiel, pero guardan en su interior perversidad y capacidad para hacer el mal. Están al tanto de los éxitos ajenos, los envidian y anhelan suprimir toda muestra de felicidad. Les duele la alegría del colega, del compañero de trabajo y con total amargura empiezan a tramar su ataque. Al menor descuido roban y se nutren del trabajo ajeno, crean un ambiente malsano para la víctima, rodean su entorno y borran las evidencias de logros, con triquiñuelas e intrigan cambian cualquier asomo de resultado positivo, manipulan el entorno social, hasta adueñarse de los progresos y triunfos de sus víctimas. Tienen una debilidad. Sur ser social los envuelve hasta que empiezan a mostrar el cobre. Las adulaciones los enternecen y empiezan a creerse de su posición, muchas veces ganada con trampa, con manipulación y mentira. Entonces el entorno empieza a exigirles tareas que no pueden cumplir, se desesperan, no saben qué hacer, llaman a su manada, pero nada les resulta. El final de la hiena es triste. Un aislamiento que equivale al destierro de la manada, algo que carcome el alma para los que siempre anhelan la aprobación y el éxito. No buscan el éxito propio porque les parece desgastante y engorroso, prefieren robar como la hiena.hiena

Introducción:

Los cambios que trae la globalización señalan la necesidad de incluir enfoques que traten de explicar de una manera más dinámica e integral los fenómenos que ocurren en un territorio. De otra parte, los grandes cambios económicos, políticos y sociales que han dado lugar a que el enfoque meramente nacional ha ido perdiendo eficacia. Se reconoce mucho más el papel de las regiones y de otros territorios de dimensión subnacional está adquiriendo un nuevo protagonismo.

El análisis sistémico del territorio desde una perspectiva regional y local busca interrelacionar las diferentes dimensiones del desarrollo en el plano subnacional. Está claro que la realidad desborda cualquier intento de descripción o análisis. El territorio no puede abordarse desde un enfoque reduccionista que contemple una mirada sectorial. El proyecto visión plantea realizar un análisis sistémico del territorio dentro de un marco de participación que utilizó técnicas de trabajo que involucran una mirada que integró las diferentes dimensiones del desarrollo territorial: lo natural, lo urbano regional, lo económico, lo social cultural y lo político institucional. Igualmente, este tipo de análisis debe incluir una dimensión temporal que aprecie las dinámicas históricas que tienen muchas claves para comprender la realidad territorial; debe acompañarse igualmente de una dimensión espacial que permita comprender las interrelaciones de lo global, lo nacional y lo subnacional.

En este propósito el proyecto Visión Regional Sostenible planteo el enfoque territorial, viendo al territorio como algo integral, dinámico y “vivo” que relaciona diferentes elementos, diferentes variables y procesos que le dotan de cierta identidad. El territorio denota estas características en cuanto es asumido y apropiado por las actividades humanas, con todos sus elementos construidos y no construidos.

En esta síntesis se intenta abordar la dinámica territorial teniendo en cuenta las variables, procesos, factores claves y temas estratégicos que se han visualizado en el proyecto Visión Regional Sostenible en cada una de las dimensiones. De este proceso de análisis con enfoque sistémico se utilizaron técnicas de prospectiva y análisis estructural que relacionan las variables en razón a su motricidad y dependencia, determinando de esta manera 13 temas estratégicos que surgen de esa mirada integral del territorio. Vale la pena mencionar que para comprender este texto es necesario pasar la vista por los textos de los expertos sobre las dimensiones territoriales, del marco conceptual del proyecto visión y de los resultados de los ejercicios participativos que dieron luz a los factores de cambio y a los temas estratégicos finalmente seleccionados.

La región y sus dinámicas:

En este punto del análisis surgen las preguntas sobre si lo regional es una categoría para la comprensión o para la acción. Desde lo natural se advierte la importancia de los elementos vivos, lo biótico, el paisaje, la biodiversidad y principalmente el agua como elemento integrador. Esta característica especial de la Orinoquia evidenciada a través de su diagnóstico con riqueza en aguas superficiales y subterráneas, con el sistema de humedales y su papel como territorio productor de agua desde las cadenas montañosas de la cordillera oriental, sobresale como un elemento clave del territorio. Pero además la actividad humana crea conexiones adicionales que interrelacionan y configuran el espacio territorial. Lo económico platea circuitos económicos y espacialidades que crea la actividad humana organizada, lo social y lo cultural adquiere una importancia al permitir dotar de propósito, identidad, espiritualidad y legitimidad el espacio territorial, lo político institucional es la esfera de las decisiones y las intervenciones, no solamente desde el aparato estatal, sino desde las cuotas de poder que subyacen en los espacios locales, las formas propias de organización que dotan a las comunidades de cierto protagonismo, aunque no tengan un dominio total de sus designios.

Siendo así, lo regional adquiere una importancia como categoría para la acción más que para la comprensión. Este carácter reafirma su importancia como categoría política, tal como se advierte en los textos construidos por los expertos del proyecto Visión[2].

Este texto recoge los textos construidos por los expertos en cada una de las dimensiones con el fin de establecer una línea o aspectos comunes que permitan dilucidar lo que debe hacerse para buscar los acuerdos en la construcción participativa de la visión regional sostenible.

Surgen algunas preguntas y que han sido la constante en cada uno de los textos realizados.

  • ¿La Orinoquia Colombiana es una región?
  • ¿Qué maniobrabilidad existe en lo local y regional frente a las tendencias globales que plantean fuerzas externas que afectan las dinámicas territoriales?
  • ¿Es posible el propósito de construir una visión que recoja las diferentes visiones que se advierten, complementan o contradicen en el escenario regional?
  • ¿Cuáles serían los factores claves que permitirían consolidar un proyecto político regional?

Cada una de las preguntas lleva una secuencia lógica que denota cada uno de los puntos en los cuales los actores locales deben enfatizar. Primero tenemos que saber si la Orinoquia es una región como tal, o es un amago de región o es una región fracasada o definitivamente está en proceso de construcción social.

Santiago Franco es un poco escéptico. Plantea que la región es carente de sentido, contradice su propio enunciado y la realidad si no cuenta con autonomía. En este caso la autonomía aparece como un elemento clave que también es discutido por Omar Baquero, Jaime Restrepo y el autor de este texto. Es de por sí una afirmación que enfatiza en lo político institucional.

La región puede mostrarse desde lo cultural como un territorio integrado por nexos históricos, tradiciones, costumbres, el folklor pero es claro que mientras carezca de un discurso o un acuerdo sobre sus propósitos, los intereses, los anhelos y deseos como región pierde su esencia. Es una región que no se conoce en sí misma, no se piensa en sí misma y por lo tanto está sujeta a que piensen por ella. Por esta razón para Santiago Franco es difícil pensar en una región mientras que no tenga discurso propio.

Lo regional es útil en el alcance de conciliar los asuntos nación – espacios subnacionales. Colombia es un país de vocación centralista, su misma conformación espacial de ciudades y relaciones económicas se basa en un modelo de control central, que irradia políticas, acciones, recursos y decisiones.

En la medida que el Estado históricamente incorpora nuevos espacios y lleva a través de su accionar la modernidad en el nivel territorial, incorpora una serie de huellas de un modelo económico que se dispersa y apropia del quehacer humano.   Las políticas nacionales están impregnadas y encajan en un modelo de Estado y una doctrina económica que busca la movilidad y la racionalidad del capital, tal como lo menciona Jaime Restrepo. Esa doctrina neoliberal no es una invención del gobierno, es una tendencia global que se despliega en todos los territorios y tiene unos propósitos claros; la incorporación de nuevos territorios en la alimentación de la “maquinaria” mundial que se expande y que requiere principalmente combustible para funcionar, ese combustibles son principalmente materias primas, energía, alimentos, también requiere otros elementos esenciales como el agua, la biodiversidad y el conocimiento.

El modelo adoptado por el Estado tiene además su propia lógica, no todo se debe abonar a la fuerza del mercado o la doctrina económica. Existe lo institucional, las normas, las costumbres, la política, la cultura, los aspectos psicosociales que median en la expansión del modelo y que también le dan su toque característico. Muchas de las decisiones del Estado están mediadas por esta lógica, algunos intereses surgen más fuertes, algunos anhelos regionales tienen mayores posibilidades si cuentan con ese respaldo político. De esta manera a través de la historia se van consolidando acuerdos, se establecen prioridades sobre lo necesario para el “interés nacional”. En este punto existe un acuerdo en la región. Lo expresan los textos de los expertos regionales del proyecto visión, la gente de los talleres locales y los gobernantes de la región. El Estado no ha sido equitativo en su proceder y en su actuar, actúa bajo intereses que buscan el éxito de proyectos empresariales, nacionales o supranacionales, intereses de otras regiones, una madeja de asuntos gestionados por élites políticas y/o económicas.

En este desarrollo histórico de juegos de poder nacional y regional, de procesos nacionales de colonización espontánea o dirigida, de expansión de los circuitos económicos expuestos por intereses nacionales y transnacionales, es lógico que algunos espacios subregionales también se integran de manera diferente, permanecen aislados configurando desequilibrios subregionales. Por esta razón el piedemonte llanero cuenta con una dinámica diferente a espacios subregionales como la Macarena, el sur del Meta, el Vichada o el oriente del Casanare.

El meollo de la autonomía:

Bueno, ahora es lógico pensar que si existe este escenario de relaciones regionales, modelos y doctrinas predominantes y procesos de intervención del Estado con una madeja de intereses en juego. ¿Cuál sería la maniobrabilidad de los actores locales y comunidades en la gestión de sus intereses?

Primero bastaría reconocer que en esas diferencias subregionales existentes en la Orinoquia serían más factibles los intereses de los actores de una subregión integrada como la del piedemonte que los del Vichada o Mapiripán.

No obstante, la capacidad de maniobra no está del todo influenciada por grado de organización social o un tejido social diferencial que asume conscientemente propósitos comunes. Sino que también depende del interés nacional que despierte, de la importancia que adquiera en el escenario nacional. Tal como lo advierte Jaime Restrepo, el interés nacional esta mediado por la élites que obedecen a los preceptos que enfatizan en la necesidad de proveer materias primas, lo que llama “consenso extractivista”. En ese consenso extractivista se contemplan prácticas poco ortodoxas y dotadas de una idea relativa de la ética pública que permite y justifica decisiones equivocadas para la región pero lucrativas para las élites[3]. De esa manera se invisibilizan posiciones de los actores locales que son incomodas para los intereses de las élites. Los indígenas y sus resguardos plantean limitaciones de espacio y uso de territorio que son absurdas para la lógica capitalista. Los llaneros nativos incomodan con sus tradiciones en cuanto a la apropiación ganadera del territorio o los nexos culturales que suscitan en los espacios subregionales. Igualmente, la cultura y cosmovisión indígena no se ajusta a lo que desea el consenso extractivista. En esta lógica unilateral es claro que las visiones de los débiles serán invisibilizadas y olvidadas.

Vale la pena aclarar, que este tipo de racionalidades que se despejan en el análisis no concuerdan del todo con las trasnochadas tesis conspirativas que plantean el problema desde la óptica de las relaciones partidistas y/o políticas o exclusivamente a rivalidades regionales. Este asunto es más predominante y se inviste de una fuerza avasalladora que mueve hasta las mismas entrañas del Estado republicano, en este caso es la economía mundial o el llamado consenso extractivista el que influye en las decisiones que se toman sobre la región.

El boom agroindustrial y petrolero se despliega en la región retomando espacios y modelando territorio, destruye territorialidades, crea nuevas territorialidades y coloniza espacios por inversión o por lógica productiva. En este aspecto resalta la afirmación de Santiago Franco al llamar a los “nuevos llaneros”, “colonos por inversión”, ya que colonizan de otra forma, sin apropiar su mano de obra o crear nexos afectivos con el territorio. Es una apuesta cara que el consenso extractivista resuelve trasladando los pasivos resultantes al escenario futuro y encaminar su manifestación en los espacios locales, así cuando se manifiesten estos pasivos ambientales y sociales, el capital ya estaría salvado y protegido. Este proceso se desarrolla con la complicidad del Estado, que ve comprometida su propia viabilidad económica, comparte ganancias con el consenso extractivista y además pierde maniobra frente a las tendencias económicas globales.

Omar Baquero plantea que una región autónoma es posible en cuanto los ciudadanos sean autónomos en sí mismos. Es necesario construir una ciudadanía que se fortalezca a sí misma en los procesos democráticos. Para tener estas condiciones es necesario fortalecer la cultura política, las competencias propias, pero igualmente se requiere el conocimiento para hacer y para ser. Una sociedad regional educada puede ser una sociedad regional libre y autónoma. Una sociedad deliberativa consciente de sus fortalezas y limitaciones puede ser capaz de gestionar sus propios intereses. De otra parte, el conocimiento que se tenga de las relaciones institucionales y los mecanismos clásicos y no clásicos para gestionar sus intereses es un factor de éxito para la sociedad regional en ciernes,

En este aparte es útil el llamado a la “inteligencia regional”, esa masa crítica que aparece y desaparece, que por momentos pone a circular discursos pero que flaquea en el momento de las definiciones. Dadas las condiciones desiguales y la asimetría del poder que se manifiesta en la actualidad es posible ver el despertar de los radicalismos y de las acciones de hecho cuando los mecanismos normales no actúan y pierden operatividad[4]. La invisibilidad de las conductas malévolas acompaña también a la invisibilidad de los intereses de los grupos humanos aislados y débiles en capacidad de gestionar sus propios asuntos.

En este escenario existe una oportunidad que nace de la capacidad de la región de construirse socialmente de reconocerse a sí misma como unidad territorial, no en el modelo actual de lo gubernamental que establece los acuerdos territoriales sin contar con el aval legítimo de los actores locales, sino una región que consolida una inteligencia regional que orienta y plantea opciones, aleja posiciones anarquistas y al romanticismo tradicional para actuar en el mismo marco de la racionalidad del capital.

Desde este punto de vista la región es consciente de que parar y poner trabas al consenso extractivista es un imposible operativo. No obstante, si es posible negociar el cómo y cuándo y también en qué áreas del territorio pueden ser intervenidas. Para esto se requiere capacidad de propuesta y conocimiento de los mecanismos de transacción de intereses clásicos y no clásicos, de tal manera que actué en la racionalidad propia del régimen político existente, pero con la capacidad de movilización social para provocar un mayor interés y correspondencia de los intereses nacionales. Los aliados deben aparecer indefectiblemente, unos aliados nacionales que se identifiquen con los intereses regionales, pero también unos aliados internacionales que muevan clavijas y tornillos en la madeja institucional del Estado.

Este ejercicio de la sociedad regional tendría un mayor margen de acción si se promueven cambios en el régimen político que permita una mayor representatividad política en el nivel de las decisiones nacionales. La burocracia orienta según los intereses y sus intereses en algunos casos obedecen a criterios políticos y élites económicas. Posicionar actores regionales en la burocracia nacional es una necesidad que se sustenta en el marco actual de las ejecuciones de la política pública y la inversión nacional. Ya en el pasado, expertos regionales como Leonel Pérez Bareño lo habían propuesto.

Igualmente, en el marco de ese proceso de negociación la inteligencia regional podría proponer una nueva república basada en lo que Sergio Boiser[5] llama cuasi. Estados regionales o definitivamente en un modelo de federalización que genere mejores posibilidades para las regiones y espacios subregionales en desequilibrios.

Una visión de visiones:

Se plantea la necesidad de construir un acuerdo regional que canalice los intereses de los diferentes grupos humanos. Una visión regional que se origine en un consenso multiétnico y pluricultural es posible y además estaría dotada de un ingrediente que le dota de mucha potencia: identidad regional[6] y discurso propio que puede plantear un enfoque diferencial con rediseño institucional. Un enfoque diferencial que se sustente en la diversidad y en la posibilidad de un futuro para las nuevas generaciones. Un futuro que es incierto si persiste la forma y los mecanismos de acción del consenso extractivista.

Una visión que valoriza activos como el agua y los ecosistemas estratégicos, que respeta los corredores biológicos que garantizan la vida y pervivencia de las culturas indígenas y de las construcciones míticas que retoman el camino del diosonamuto y el corredor del jaguar.[7]

Las respuestas a las preguntas iniciales del Estado quedan planteadas con sus propuestas en construcción, es un asunto que se visualiza como alternativa, pero que requiere de un alto grado de dinamismo para la viabilidad, agentes inductores como la academia y los medios de comunicación regionales, inteligencia regional, educación basada en conocimiento para hacer y para ser, una burocracia propositiva, un régimen político que reconoce las diferencias y disparidades regionales. Ante todo una creciente identidad y compromiso regional que se sustenta en la búsqueda de equilibrios subregionales. En este propósito la región deberá pensarse en sí misma, deberá ordenarse en sí misma y contar con un verdadero proyecto político regional.

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[1] Coordinador técnico del proyecto Visión Regional Sostenible de los Llanos Orientales. Unillanos. Ecopetrol. 2014. Universidad de los Llanos. ICAOC. Maestría en Gestión Ambiental Sostenible.

[2] Omar Baquero Riveros sociólogo, orinocólogo consumado, Santiago Franco Reyes, arquitecto planificador regional, Jaime Restrepo Quintero, Magister Economía Política. Son expertos vinculados al proyecto Visión Regional Sostenible.

[3] Ejemplo de estas decisiones es la reforma al régimen de regalías, el proyecto de Renacimiento de la Alta Orinoquia, El Conpes de la Altillanura.

[4] Los paros cívicos, las manifestaciones sociales y acciones de hecho como el bloqueo físico del corredor extractivista pueden ser mecanismos de presión ante las asimetrías del poder.

[5] Boisier S. En busca del esquivo desarrollo regional. Entre la caja negra y el proyecto político. : Ciudad y territorio: Estudios territoriales, ISSN 1133-4762, Nº 112, 1997 , págs. 379-397

[6] Es un aspecto importante que expertos en el tema como Oscar Pabón Monroy resaltan en los textos compilados en el proyecto Visión Regional Sostenible, Unillanos – Ecopetrol. 2014.
[7] Baquero Alberto. “Atavismo y taumaturgia, cosmos del diosonamuto”: País del Orinoco. El corredor del Jaguar es un ejemplo de iniciativa social con aliados internacionales que busca garantizar la preservación de espacios territoriales necesarios para la vida.

biofuturo

La noticia sobre la disminución de la inversión en actividades de ciencia y tecnología e innovación “ACTI”, específicamente en la reducción de 125.000 millones de Colciencias, es un síntoma más del creciente desinterés histórico que afecta considerar a la ciencia, tecnología e innovación como pilar de desarrollo nacional.  Las tasas anuales de inversión en este sector han sido históricamente bajas en Colombia, según el informe nacional de competitividad del Consejo Privado de Competitividad la inversión en ACTI pasó de 0,35% en 2003 a 0,45% en 2012, mientras en América Latina creció a una tasa casi tres veces mayor. Entre tanto, la inversión en I+D pasó de 0,14% a 0,17% en el mismo periodo. Si esta cifra se compara con la inversión que hacen países como Corea, EEUU, Suecia, Finlandia, que superan el 2% del PIB en inversión ACTI, pues las conclusiones aparecen a primera vista.

La conclusión más evidente es que la ciencia y tecnología no es una prioridad en un país que privilegia un modelo de desarrollo basado en actividades extractivas, con mínima transformación de materias primas y con una estructura industrial que lucha por subsistir en medio de un clima poco amigable.  Debería ser lo contrario, puesto que los recursos naturales no son infinitos y la posibilidad de subsistir después de las bonanzas tiene que ver mucho con la capacidad instalada en ciencia tecnología e innovación “CT+i”, el conocimiento científico pertinente y el talento humano que se cuente cuando la época de vacas gordas termine.

La reforma del régimen de regalías trajo una esperanza, cuando se dijo que el 10% de estos recursos se destinaban al sector. Pero la historia ha sido otra, los recursos no se ven y su impacto se diluye en sistemas de ejecución centralizada y burocrática, donde los más indicados y los que tienen el conocimiento sobre las prioridades no participan. Los recursos aparecen orientados por las gobernaciones, con muy poca participación de los centros de investigación y las Universidades.  Para el gobierno poner la locomotora de la innovación se reduce a fortalecer el SENA, reemplazar recursos del nivel central con recursos de regalías y aumentar las trabas para la inversión de los recursos.

Lo que se esperaba es que los recursos de regalías serían adicionales a la inversión ínfima que tradicionalmente realizaba Colciencias, pero ahora se advierte la verdadera intención. Los recursos se le quitan a las regiones para invertir en el centro del país.  La centralización del sistema nacional de ciencia y tecnología es abrumador. Aproximadamente el 90% de las ACTI se realizan en cuatro centros, Bogotá, Medellín, Cali y Eje cafetero-Santander.  El recorte de los recursos de Colciencias se sustenta, según el DNP en la nueva inversión que surge de la reforma de regalías.

En el informe de Políticas de I+D en Asia, realizado por la casa Asia (Japón, India, China y Corea del Sur) concluye que los avances en ACTI de estos países se deben a una estrategia de descentralización, creación de capacidades en las regiones, priorización de áreas estratégicas y la introducción de procedimientos de gestión eficiencia y evaluación de resultados.  Cabe anotar que gran parte del éxito radica también en una cultura de la disciplina y compromiso colectivo. Como podemos ver, la perspectiva que nos queda no es nada halagadora.

Colombia se caracteriza hoy en día por su modelo extractivo, la centralización de las ACTI, la ausencia de prioridades y una torpe y anquilosada red burocrática en la ejecución de los pocos recursos de ciencia tecnología e innovación.

Si la intención fuese poner a funcionar la relegada locomotora de innovación la voluntad política seria evidente. Mientras tanto, las universidades sufren por recursos para investigación, los centros de investigación y desarrollo tecnológico disminuyen, el talento humano emigra donde se ofrecen verdaderas oportunidades y las empresas navegan en un contexto incierto donde tienen que competir con la economía que enfatiza las actividades minero- energéticas que de por si provocan cambios en el mercado laboral y  elevan los precios deprimiendo las demás actividades.

La alternativa sería la implementación de una política de consolidación de capacidades de CT+i en las regiones, la ampliación y creación de nuevas capacidades a partir de la formación avanzada, el mejoramiento de la infraestructura investigativa en las universidades, la vinculación de una estrategia de emprendimiento de base tecnológica que nazca desde los niveles básicos del sistema educativo, se desarrolle en la formación técnica y se profundice y potencie en el sistema de educación superior.  Igualmente, crear instrumentos e incentivos apropiados y operativos para la innovación empresarial, promover actividades de transformación de materias primas e identificar y potenciar decididamente áreas estratégicas de alto valor.

Lamentablemente, estas posibilidades desaparecen si subsiste el andamiaje burocrático que lentifica y entorpece cualquier programa o proyecto. En Colombia, los recursos de CT+i los define el DNP, los ajusta el congreso, lo ejecuta Colciencias y las gobernaciones y los añoran y miran pasar las universidades y los investigadores, que más puede esperarse.

FORO VICHADA A2014 099

El Instituto de Ciencias Ambientales de la Orinoquia “ICAOC” de la Universidad de los Llanos realizó en los cuatro departamentos llaneros un evento de reflexión colectiva con actores sociales para la construcción de la visión de desarrollo sostenible de la región.  Este ejercicio participativo se realiza en el marco del convenio que suscribió Unillanos con Ecopetrol y en el cual se contempla la formación de 35 profesionales de estos departamentos en el programa de Maestría en Gestión Ambiental Sostenible.  Los eventos iniciaron en Villavicencio, el 18 de junio, continuó luego en Yopal el 25 de junio, siguiendo en Puerto Carreño el día 28 junio y terminando en Arauca el 3 de julio del presente año.  Dentro de estos talleres se realizó un análisis de los factores de cambio en el territorio en el pasado – presente y futuro logrando un consenso entre los actores en cuanto a los aspectos más relevantes que afectan la realidad en el territorio.

Este trabajo que realiza Unillanos pretende hacer una lectura y comprensión de las dinámicas regionales, dar a conocer las diferentes visiones que existen sobre la región, visibilizar a los actores locales, que en la mayoría de los casos son excluidos de las decisiones que se toman sobre la Orinoquia y contribuir a la génesis de un nuevo discurso regional mucho más proactivo y que nazca del análisis que los actores locales hagan de la realidad, tanto en sus causas como en los efectos. En estos talleres participaron la academia, empresarios, organizaciones de la sociedad civil, funcionarios, agremiaciones y líderes de la región.

La dinámica ofreció un panorama algo desalentador respecto al presente. Los actores locales perciben que en el pasado todo era mejor, existían valores, una cultura del respeto y tolerancia que favorecía la vida en paz y armonía, “se vivía y se trabajaba con alegría”.  La historia se parte en dos con la aparición de los fenómenos del narcotráfico, la explotación petrolera y la colonización territorial. De alguna manera la realidad se volvió más compleja y conflictiva, aunque con nuevas oportunidades de crecimiento económico, pero con una tendencia a privilegiar la exclusión social, el acaparamiento, la expoliación de los recursos naturales y la competencia social y empresarial desmedida. Existe una gran preocupación por el deterioro ambiental y la afectación acelerada que ha tenido el recurso hídrico. La sensación es de abandono estatal y una percepción negativa sobre todo lo que aumente el centralismo.

Algo que preocupa en gran medida es la poca participación de la población local en los beneficios que trae la dinámica económica, principalmente en lo relacionado con la explotación petrolera y el boom agroindustrial en la altillanura.   En asuntos delicados como la frontera nacional existe poca presencia y descuido del Estado, la situación de zozobra y tensa calma que se vive en los territorios fronterizos, especialmente en Arauca, que ha sido un territorio especialmente golpeado por el conflicto armado, donde rige la ley del miedo y el terror. Pese a todo esto la región ha crecido demográfica y económicamente, además muestra nuevas perspectivas económicas como el comercio de grandes superficies,  la piscicultura, el turismo, la biotecnología y la agroindustria, un avance importante del capital humano y un proceso de organización social interesante.

El ICAOC de la Universidad de los Llanos continuará con esta serie de ejercicios durante el mes de julio, llegando a las subregiones de cada uno de los departamentos a través de reuniones, encuentros, talleres y conversatorios con actores locales que realizarán los estudiantes de la Maestría en Gestión Ambiental Sostenible. De esta manera se espera identificar algunas  variables estratégicas que permitan priorizar alternativas de desarrollo sostenible para la región.  Cabe anotar que los actores locales han recibido con gran aceptación y aprecio esta iniciativa de la Universidad de los Llanos, pues consideran que existen muchos actores foráneos y entidades privadas que literalmente como lo mencionan los moradores “llegan con discursos culebreros a hipnotizar con mentiras y propuestas descontextualizadas.

Durante el segundo semestre continuará este proyecto en cada uno de los departamentos, generando conciencia en la perspectiva de consolidar liderazgos regionales que tengan incidencia en las políticas públicas que afectan el territorio.

Sector de Carimagua

Sector de Carimagua

La altillanura colombiana es hoy por hoy una de las regiones más estratégicas para el país. En este territorio ocurren dos prioridades económicas planteadas desde la política del gobierno central: La producción de hidrocarburos y la bonanza agroindustrial.  La apertura del pozo de caño limón en Arauca en el año 1986 inició en el país la verdadera locomotora petrolera, que luego pasó a Casanare con el hallazgo de Cusiana – Cupiagua y ahora en el Meta en la zona de Puerto Gaitán. De otra parte, el boom agroindustrial tiene su avance más decidido en el gobierno Uribe con el macroproyecto del “Renacimiento de la Alta Orinoquia” continuando en el gobierno Santos a través de las políticas públicas con una serie de incentivos que ratifican el potencial productivo de la región y promueven a la altillanura como la nueva frontera económica.

 

Lo cierto es que esta zona oriental de Colombia de aproximadamente seis millones de hectáreas se ha convertido en un corto tiempo en el territorio de dinámicas económicas jalonadas por la demanda mundial de energía y alimentos. Tal potencial económico agroindustrial ha sido advertido por grupos económicos nacionales y extranjeros, los cuales están dispuestos a invertir cerca de mil millones de dólares en una primera etapa. Igualmente, la producción de petróleo en la altillanura ha convertido al Meta en primer productor de petróleo desde el año 2006 llegando hoy a más de medio millón de barriles diarios.

 

Lo que pasa desapercibido es que tal “boom” arrasador tiene sus efectos nocivos y lamentablemente nuestra sociedad tiende a minimizarlos. La producción petrolera y el “boom” agroindustrial están generando impactos negativos en el territorio y aunque en el corto plazo parecen mínimos, a largo plazo pueden significar el mayor fracaso ambiental de la historia colombiana. Esta afirmación no nace de un posición opositora a la inversión nacional o extranjera o a una declaración ideológicamente opuesta al capital, sino de una cierta y ponderada hipótesis que hoy expresan muchos académicos y científicos del país.

 

Analizando estos impactos existen cinco asuntos claves que deben tener espacio urgente en la agenda del gobierno:

 

  • La necesidad de generar incentivos a la producción limpia y también sanciones cuando los impactos sean seriamente significativos.
  • La intervención inmediata a la veloz dinámica migratoria y el control al establecimiento de campamentos temporales donde actualmente pueden convivir más de 15.000 personas.
  • La necesidad de promover una política del buen uso y manejo sostenible del recurso hídrico.
  • Proteger a las comunidades indígenas garantizando su pervivencia y seguridad jurídica de sus territorios.
  • Promover la inclusión de la población local en los beneficios generados

 

La agricultura comercial de grandes superficies, responsables de la producción de arroz, maíz, soya, caña de azúcar entre otros cultivos de la altillanura causa un impacto nunca antes medido en ecosistemas frágiles que no tienen la capacidad de recuperarse de manera rápida, pues se han mantenido intactos por milenios.  La cantidad de agroquímicos, plaguicidas y la modificación del suelo traen serios problemas que afectan la bioquímica del suelo y además provoca la contaminación de las fuentes de agua. Los moradores de la región reportan muertes de peces y cambios en las condiciones del agua que la hacen imposible de consumir.

 

Igualmente, no se advierte un compromiso ambiental de las empresas responsables de la exploración y explotación de petróleo. Las tecnologías utilizadas tienen reparos por diversos círculos ambientalistas, solo por mencionar el “fracking” y la tecnología “Star” que privilegian la extracción en masa sin tener un estudio detallado de los impactos negativos en el ciclo hídrico y la estructura geológica general. Lo ideal sería que esta importante posibilidad de recursos de inversión no se convierta en una mala experiencia para el país. Hay que revisar con detalle experiencias internacionales en minería sostenible y controlar los impactos generados.

 

De otra parte, la dinámica migratoria es arrasadora. La migración nace en una oportunidad y genera otras oportunidades, pero el impacto ambiental no se ha dimensionado a futuro. En menos de cinco años la región ha tenido que soportar un aumento de más de 20.000 habitantes que en su mayoría se instalan en campamentos temporales que no tienen un planeamiento adecuado sobre la utilización de agua, energía y otros recursos. Igualmente, su presencia es una presión notable para los ecosistemas por la búsqueda de agua potable, la disposición de residuos sólidos y aguas servidas.

 

Como se puede apreciar el recurso hídrico es el más afectado, aunque los estudios mencionan las  hectáreas susceptibles de ser intervenidas, no existe una política directa que atienda los impactos sobre este recurso. La simple propuesta de más estudios y aplicación de mecanismos de ordenamiento y planeación ambiental que traza el Conpes de la Altillanura no es suficiente. Es necesario tomar medidas urgentes que además promuevan acciones directas y una campaña pública de prevención de impactos, uso y manejo adecuado del recurso hídrico.

 

Aunque el país puede pasar de manera desapercibida afirmaciones donde vehementemente se afirma que los resguardos indígenas son un obstáculo a la inversión, es claro que estos territorios tienen una función especial que debe ser reconocida y garantizada. Los pueblos indígenas son originarios de estos territorios. En tiempo memoriales, se trasladaban libremente por las tierras de la Orinoquia, antes de ser diezmados y culturizados por la dinámica conquistadora y colonizadora. Hoy han sido confinados en estos territorios, lo mínimo que puede hacer la nación es garantizar el estado jurídico de ser inalienables, imprescriptibles e inembargables, tal como lo contempla nuestro ordenamiento legal.  Además de su lengua y cultura tienen un conocimiento ancestral que empieza a ser importante para el mundo actual. 

 

Las organizaciones indígenas ven como una grave amenaza para su pervivencia lo ocurrencia de estas intervenciones económicas a un ritmo acelerado. Existe mucha inquietud por la simplicidad y ligereza como se asumen los proyectos sociales, contemplando solo soluciones parciales y cortoplacistas sin asumir el compromiso de atacar las raíces de la problemática.  El problema no está relacionado muchas veces por la escasez de recursos sino por la descontextualización y aplicación inadecuada de las propuestas que obedecen a modelos de atención poco pertinentes con relación a su cultura y cosmovisión.

 

Otro asunto y que es sumamente preocupante es la condición de enclave que está demostrando esta intervención económica. La economía de enclave se caracteriza por sacar y extraer los beneficios del territorio sin impactar positivamente a sus habitantes. La queja de los habitantes es continua y persistente como para no ser escuchada.  El tema no tiene que ver solamente con las regalías las cuales fueron redireccionadas para el resto del país sin considerar los impactos sociales, económicos y ambientales que esta actividad petrolera origina, sino que también apunta a la problemática en la selección de trabajadores y la disminución de mano de obra para actividades tradicionales como la ganadería y los cultivos de pancoger, actividades de gran tradición y muy importantes para la supervivencia de la población local. No se trata de una situación pasajera y manejable como se ha pensado. Requiere de una política nacional de intervención social que propicie los beneficios económicos nacionales que promete, pero que no deje de lado el tema social y la respuesta adecuada a las demandas de los moradores. La altillanura es una gran oportunidad para el país. Se puede decir que hoy es la responsable de la viabilidad de la economía colombiana, pero hay que pensar en los impactos y en la necesidad de escuchar a la población local que se ve excluida y afectada por la velocidad e intensidad de los cambios mencionados.

 

El gobierno nacional tiene la palabra en convertir esta zona en una experiencia replicable en términos de desarrollo productivo, sostenibilidad ambiental, poblamiento planificado y sensibilidad social o en dejar que se generé la gran catástrofe que sería un hecho por el cual nuestro país sería negativamente reconocido en el ámbito mundial.