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lagartija

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Existe en algunas personas una conducta indeseable que evita consolidar procesos serios y contundentes. Los celos institucionales, el afán de protagonismo, la envidia y los intereses malsanos acaban muchas veces con buenas intenciones que pretenden favorecer los intereses regionales. Muestra de ello es el poder politiquero que ve en peligro su esfera de manipulaciones e intereses personales, con procesos que pretenden destacar la participación democrática, abierta y con beneficios para la región.

A los políticos corruptos no les conviene una instancia o grupo de personas que le muestre en la cara los efectos de sus malos manejos y desatinos administrativos. Por eso, con artimañas tratan de limitar espacios y destruir procesos. Para este cometido cuentan con una alimaña lisonjera que busca también su beneficio propio, y que además les hace el trabajo sucio. Este animalillo de la fauna humana llamado “Lagartija” se mueve rápidamente, a veces imperceptible, tratando de poner obstáculos, moviendo la intriga y escondiéndose sin dar la cara.

Su piel es verde fangoso, a veces amarillenta para esconderse en los espineros y lograr salir suavemente sin pincharse, dejando la maraña más enredada que un bulto de anzuelos. Su premio son migajas, de acuerdo al viejo refrán del gamonal “al perro de la casa toca tenerlo flaco, con hambre, para que sea buen cazador”. Así su vida es triste, esperando siempre que le cumplan, hablando siempre de los trabajos importantes que le ha hecho al patrón y que hasta ahora espera su reivindicación. Su eficacia en destruir procesos y acabar esperanzas, es pagada con más trabajo y nuevas promesas. En ese tejemaneje a veces logra coronar triunfos momentáneos, un familiar trabajando, un ser querido con un contrato y feliz hace alarde de su corta suerte. Pero de inmediato, llegan más misiones. Que le escriba a tal persona, que aproveche los noticieros, que mande un email, que mande una carta, que vaya a tal reunión y le cuente, que riegue el chisme destructor, para acabar con esos activistas que le quieren dañar la lujuria clientelista.

Sus amigos se burlan de su fe ciega y estúpida frente a las promesas incumplidas. Algunas veces moviliza gente y logra esconder con su elocuencia y velocidad sus negros intereses, para esto, tiene su pequeña pandilla de guekos, que también esperan algún día el premio mayor a su capacidad de daño.

La región ha sufrido incontables fracasos por esta fauna humana indeseable. Macroproyectos que no arrancan, sueños empresariales fallidos, instancias de la sociedad civil que son infiltradas y destruidas, dirigentes con buena intención que son sacados del camino, simplemente, para mantener alejados los sueños de una región prospera y democrática. Qué pasaría si la lagartija se diera cuenta que su eficacia para destruir también podría ser para construir y que sin duda, podría ser más inteligente que su propio patrón, y que por los canales del mérito y la buena fe, también es posible triunfar.

Señores padres de familia y profesores, evitemos más lagartijas, formemos personas luchadoras que crean en sí mismas.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Magister en Desarrollo Regional y Local.

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