Posts etiquetados ‘Equidad’

Una democracia moderna requiere de una sociedad civil activa y empoderada. Este activismo depende de las condiciones y garantías existentes para participar de las decisiones de gobierno y de las propias características y capacidades del tejido social. El empoderamiento es aquella característica que se logra cuando la sociedad asimila, asume y participa de la esfera de poder. Según este concepto, el individuo tiene un rol activo y puede actuar en las decisiones locales, nacionales o regionales, gracias a la actitud crítica y la cultura política que adquiere.

Cuando las instituciones y el gobierno pierden credibilidad, en su complemento se fortalece la sociedad civil quien actúa como actor primordial. Se logran cambios en la cultura política que castigan las malas prácticas y premian el mérito y la capacidad de los dirigentes. Aquello que algunos llaman el “voto de opinión” se transforma en una vara de medida colectiva que influye cada vez más en la elección de los gobernantes.

La sociedad se empodera también cuando se cuestionan los patrones de poder existente. Un poder nacional acumulado centralmente, arbitrario e injusto con las localidades y regiones logra despertar procesos de activismo y empoderamiento regional. Décadas de injusticias cometidas por gobiernos de turno deberían generar movimientos regionales de gran envergadura. En el caso de la Orinoquia existen razones de peso para exigir una actitud más consecuente con la región, en razón a su importancia estratégica, aporte a la producción nacional y garantía de estabilidad macroeconómica para el país. Colombia no sería viable sin la Orinoquia.

Alcaldes, gobernadores, como también, miembros de corporaciones públicas deberán representar con honor y dignidad el querer regional y reconocer que ahora están revestidos de una mayor legitimidad, que no admite sectarismos ni protagonismos individuales. Hay que respaldar la actitud cooperativa y conciliadora de los parlamentarios, concejales y diputados, que se han despojado de su lastre partidista y han interpretado los intereses regionales. La sociedad empoderada acompaña con fortaleza a los alcaldes y gobernadores que asumen una posición digna ante el atropello del gobierno central. En estos momentos la unión es garantía de éxito en la búsqueda de un papel preponderante en la economía y la política nacional.

De este proceso deberá originarse la participación burocrática en los ministerios y entidades descentralizadas, donde los orinocenses puedan incidir como lo hacen los funcionarios de otras regiones. Gran parte de las decisiones nacionales se toman en las oficinas y pasillos de los edificios de Bogotá. No es un asunto clientelista o politiquero, es un asunto de equidad regional. Finalmente, deberá concretarse la unidad regional a través de un referendo de ordenamiento territorial que sea fiel a la expresión plasmada en la Constitución Política de 1991. La materialización de los macroproyectos regionales sólo será posible mientras se mantenga una activa incidencia en las decisiones nacionales.

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Orinoquia

Orinoquia

Las mismas ansias regionales que exteriorizaba el presidente Uribe en su primer periodo, son las que ahora desde su posición centralista trata de limitar. Recordemos que dentro del manifiesto democrático se destacaba la regionalización como propuesta para la equidad en el desarrollo. No obstante, resultó voluntad de corto plazo, cuando su gobierno, supo de manera directa darle a Antioquia lo que a su parecer merece. Basta con observar cómo dentro del presupuesto nacional del año 2009, Antioquia representa cerca del 30% del presupuesto nacional y el Meta y la Orinoquia solo el 2% del total, algo confirmado incluso por los mismos parlamentarios del Meta. La región ha tenido que exportar desarrollo para otras regiones en detrimento de su propio proceso.

La Troncal del Llano se construyó en gran parte por la inversión derivada de las regalías del petróleo administradas a través del Corpes Orinoquia. Arauca construyó sus vías, electrificó el departamento y amplió la frontera agrícola gracias a los recursos de regalías, Casanare ha hecho lo mismo, igual el Meta, todos con algunas diferencias e infortunadamente, con hechos de corrupción y despilfarro que poco ayudan para la autonomía. La carretera Bogotá-Villavicencio se construyó con más de 500 muertos en Quebradablanca y los peajes más caros de América. Lamentablemente, esta región colombiana se ha convertido en la linda e ingenua millonaria que todos los gobiernos manosean, alaban, conquistan y utilizan, pero nunca se casan con ella.

El asunto de fondo es la poca capacidad de maniobra y decisión política que tiene la región. Por una parte, debido a un esquema centralista que debería ser objeto de una reforma política, dando mayor representatividad a departamentos con pocos votos. De otra parte, la dirigencia ha sido históricamente maleable y controlable por los gobiernos de turno, con muy pocas excepciones. Los dirigentes locales analizan si una lucha totalmente asimétrica vale la pena y por lo general declinan sus ideales.

En este reclamo territorial hay algo diferente. La sociedad civil regional está emergiendo con fuerza. El Comité Cívico de Villavicencio, la Asociación de Profesionales del Meta, la Mesa Regional del Agua, entre otras formas de organización, empiezan a jalonar procesos con firmeza. No es el mismo discurso vago por la falta de argumentos. Existen evidencias sólidas que deben ser nutridas por más estudios regionales, que permitan sustentar posiciones coherentes e irrefutables. El llamado es para que se organice una agenda, se prepare la argumentación técnica de los grandes macroproyectos y se defina una posición conjunta. No es hacer la misma asociación burócrata de los departamentos, que no ha dado resultados, es una asociación de la sociedad civil regional que acompaña y lidera procesos de reivindicación territorial. Hay que responder con altura en este momento histórico para la Orinoquia y pensar en el gobierno autónomo que la constitución avala y que hasta ahora ha sido tema muerto. Si continuamos con tal indiferencia como respuesta, pensar en un referendo no es asunto descabellado.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. GEPUR.ESAP. Magister en Desarrollo Local y Regional

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