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La noticia sobre la disminución de la inversión en actividades de ciencia y tecnología e innovación “ACTI”, específicamente en la reducción de 125.000 millones de Colciencias, es un síntoma más del creciente desinterés histórico que afecta considerar a la ciencia, tecnología e innovación como pilar de desarrollo nacional.  Las tasas anuales de inversión en este sector han sido históricamente bajas en Colombia, según el informe nacional de competitividad del Consejo Privado de Competitividad la inversión en ACTI pasó de 0,35% en 2003 a 0,45% en 2012, mientras en América Latina creció a una tasa casi tres veces mayor. Entre tanto, la inversión en I+D pasó de 0,14% a 0,17% en el mismo periodo. Si esta cifra se compara con la inversión que hacen países como Corea, EEUU, Suecia, Finlandia, que superan el 2% del PIB en inversión ACTI, pues las conclusiones aparecen a primera vista.

La conclusión más evidente es que la ciencia y tecnología no es una prioridad en un país que privilegia un modelo de desarrollo basado en actividades extractivas, con mínima transformación de materias primas y con una estructura industrial que lucha por subsistir en medio de un clima poco amigable.  Debería ser lo contrario, puesto que los recursos naturales no son infinitos y la posibilidad de subsistir después de las bonanzas tiene que ver mucho con la capacidad instalada en ciencia tecnología e innovación “CT+i”, el conocimiento científico pertinente y el talento humano que se cuente cuando la época de vacas gordas termine.

La reforma del régimen de regalías trajo una esperanza, cuando se dijo que el 10% de estos recursos se destinaban al sector. Pero la historia ha sido otra, los recursos no se ven y su impacto se diluye en sistemas de ejecución centralizada y burocrática, donde los más indicados y los que tienen el conocimiento sobre las prioridades no participan. Los recursos aparecen orientados por las gobernaciones, con muy poca participación de los centros de investigación y las Universidades.  Para el gobierno poner la locomotora de la innovación se reduce a fortalecer el SENA, reemplazar recursos del nivel central con recursos de regalías y aumentar las trabas para la inversión de los recursos.

Lo que se esperaba es que los recursos de regalías serían adicionales a la inversión ínfima que tradicionalmente realizaba Colciencias, pero ahora se advierte la verdadera intención. Los recursos se le quitan a las regiones para invertir en el centro del país.  La centralización del sistema nacional de ciencia y tecnología es abrumador. Aproximadamente el 90% de las ACTI se realizan en cuatro centros, Bogotá, Medellín, Cali y Eje cafetero-Santander.  El recorte de los recursos de Colciencias se sustenta, según el DNP en la nueva inversión que surge de la reforma de regalías.

En el informe de Políticas de I+D en Asia, realizado por la casa Asia (Japón, India, China y Corea del Sur) concluye que los avances en ACTI de estos países se deben a una estrategia de descentralización, creación de capacidades en las regiones, priorización de áreas estratégicas y la introducción de procedimientos de gestión eficiencia y evaluación de resultados.  Cabe anotar que gran parte del éxito radica también en una cultura de la disciplina y compromiso colectivo. Como podemos ver, la perspectiva que nos queda no es nada halagadora.

Colombia se caracteriza hoy en día por su modelo extractivo, la centralización de las ACTI, la ausencia de prioridades y una torpe y anquilosada red burocrática en la ejecución de los pocos recursos de ciencia tecnología e innovación.

Si la intención fuese poner a funcionar la relegada locomotora de innovación la voluntad política seria evidente. Mientras tanto, las universidades sufren por recursos para investigación, los centros de investigación y desarrollo tecnológico disminuyen, el talento humano emigra donde se ofrecen verdaderas oportunidades y las empresas navegan en un contexto incierto donde tienen que competir con la economía que enfatiza las actividades minero- energéticas que de por si provocan cambios en el mercado laboral y  elevan los precios deprimiendo las demás actividades.

La alternativa sería la implementación de una política de consolidación de capacidades de CT+i en las regiones, la ampliación y creación de nuevas capacidades a partir de la formación avanzada, el mejoramiento de la infraestructura investigativa en las universidades, la vinculación de una estrategia de emprendimiento de base tecnológica que nazca desde los niveles básicos del sistema educativo, se desarrolle en la formación técnica y se profundice y potencie en el sistema de educación superior.  Igualmente, crear instrumentos e incentivos apropiados y operativos para la innovación empresarial, promover actividades de transformación de materias primas e identificar y potenciar decididamente áreas estratégicas de alto valor.

Lamentablemente, estas posibilidades desaparecen si subsiste el andamiaje burocrático que lentifica y entorpece cualquier programa o proyecto. En Colombia, los recursos de CT+i los define el DNP, los ajusta el congreso, lo ejecuta Colciencias y las gobernaciones y los añoran y miran pasar las universidades y los investigadores, que más puede esperarse.

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Señores EMPRESARIOS e INVESTIGADORES, el 30 de agosto de 2013, en la Cámara de Comercio de Villavicencio, tenemos una cita con la Innovación. La Rueda es un encuentro afortunado de Grupos de Investigación ofertando su conocimiento y los empresarios exponiendo sus necesidades, con el fin de hacer acuerdos y generar proyectos de trabajo mancomunado.  Las regiones del mundo que han incorporado a la ciencia y tecnología como un factor importante de desarrollo regional han alcanzado mejores niveles de competitividad y lideran el mundo. El siglo XXI es el siglo de la sociedad del conocimiento. No podemos quedarnos atras.  

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Un abrazo.

 

El Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agroindustria de la Orinoquia, es una iniciativa que promueve un conjunto de universidades de la región, con empresarios y sector gobierno, en una alianza de Universidad – Empresa – Estado. El objetivo es lograr a través de la ciencia, la tecnología e innovación, mediante una red colaborativa de los actores regionales las soluciones requeridas para la transformación de las materias primas que se producen en esta zona del país, generar valor agregado, empleo y oportunidades para los Orinocenses.

El proyecto Comprende la instalación de nodos regionales en Villavicencio, Yopal, San José del Guaviare, Inírida, Puerto Carreño y Mitú, en los cuales se dispondrá de un sistema de información que integra soluciones tecnológicas, la oferta de los grupos de investigación para la transformación de las materias primas de los sistemas ganadería, piscícultura, fruticultura, forestales, silvícola, balanceados, agroenergía y producción de alimentos, articulando una red de laboratorios de investigación y desarrollo tecnológico que propiciarán en cada departamento un grado de especialización de acuerdo a su potencial.  Es decir, que los departamentos del Guainía y Vaupés podrán tener la infraestructura de investigación, los recursos humanos idóneos y el acceso a los paquetes tecnológicos  para aprovechar sosteniblemente y  transformar con  los productos que genera la selva.  Así cada departamento articulado a una red de trabajo colaborativo entre empresarios, grupos de investigadores y actores del gobierno podrán desarrollar el enorme potencial que tiene esta región.  Los departamentos del Meta, Casanare y Guaviare desarrollaran nuevos productos a partir de la ganadería y la producción agrícola de zonas tan promisorias como la región del Ariari y la Altillanura.  El departamento del Vichada podrá generar todo un proceso de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías para el aprovechamiento forestal.

El trabajo comprende tres etapas, las cuales pueden desarrollarse en un lapso de 6 años. La primera etapa comprende la creación y articulación de la red de actores regionales, laboratorios y centros de investigación de las universidades que participan del proyecto mediante la red de informática y comunicaciones; la construcción de una planta piloto agroindustrial para experimentación y desarrollo de nuevos productos,  la preparación del recurso humano gestor y la conformación de una unidad de gestión tecnológica avanzada, inteligencia de mercados y estructuración de proyectos.

En una segunda etapa se ampliaran las capacidades de los laboratorios en cada departamento, la formación y fortalecimiento del recurso humano regional mediante alianzas nacionales e internacionales con otros centros de desarrollo tecnológico que trabajen el mismo objetivo y el posicionamiento comercial de nuevos productos basados en la transformación de las materias primas de la región.

La última etapa comprende la generación de la infraestructura necesaria para consolidar procesos de desarrollo tecnológico en toda la región, la formación de maestrías y doctorados en áreas estratégicas para el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad y generación de empresas de base tecnológica que  integren diferentes centros de investigación y laboratorios de toda la región, generando empleo y oportunidades para la gente de la región.  Otra preocupación del Centro será el posicionamiento internacional de los nuevos productos, la innovación social y la generación de alternativas de gestión organizacional, transporte y comercialización acordes al potencial regional.

De esta manera la región pretende propiciar que los beneficios de la transformación se queden en la región y permitir a los actores regionales ser protagonistas proactivos de su propio desarrollo.  No es algo descabellado. La región ha venido avanzando en el tema de la educación superior, la formación avanzada y ya cuenta con algunos grupos de investigación que pueden empezar a generar una dinámica productiva que beneficie a los productores y empresarios de la región. El proyecto se desarrolla por fases y se espera que en la medida que se consolide integre una mayor cantidad de empresarios, universidades e instituciones públicas.

Para mayor información se puede establecer comunicación mediante email a los correos: cdtorinoquia@gmail.com o cueemeta@unillanos.edu.co en los cuales se brindará la información necesaria para hacer parte de esta iniciativa. La propuesta está siendo gestionada por el Comité Intergremial del Meta, Asorinoquia, Bionergy, el Comité Universidad – Empresa – Estado, universidades como la Universidad de los Llanos, Unimeta, Uniminuto, la universidad Santo Tomás, la Universidad San Martin, la ESAP, la UNAD, la Universidad Antonio Nariño, CUN, CIDCA y la Universidad Cooperativa de Colombia, entre otros actores regionales, como la Mesa Rectoral Universitaria que integra a instituciones de Educación Superior de Meta y Casanare.

Manuel Javier Fierro P.  CUEE Meta. Unillanos.

En la educación, la apropiación de la ciencia, la tecnología y la innovación se sustenta la posibilidad de un desarrollo equitativo, democrático y sostenible de las regiones; y en esta combinación, la educación superior se convierte en el elemento principal para el desarrollo endógeno, pues es el camino que permite la cualificación de la fuerza creativa, empresarial y laboral que detona la transformación productiva y social del territorio.

Cada región debe construir su propia perspectiva de desarrollo, basada en las condiciones especiales del territorio; en la forma como se organizan los diferentes actores regionales y en las ventajas naturales y potencialidades, en las fortalezas institucionales y culturales, en la calidad de su recurso humano y la sinergia social existente.  No es conveniente cerrar las opciones y contemplar solo las recetas que sustentan el modelo de desarrollo, ahora sumamente desprestigiado por la crisis social, ambiental y económica.  Esta visión parcializada que se manifiesta en la política pública y es replicada ciegamente por asesores y copiada sin reparos por los entes gubernamentales y privados, lleva a aplicar supuestos que para la región no funcionan.  Todos estos supuestos unidireccionales y de visión macro solo han logrado centrar la estrategia en el crecimiento económico, desviando la atención hacia la inversión privada localizada, la inversión con fines rentísticos, los beneficios para el capital foráneo, la venta de activos públicos y la internacionalización de las materias primas.

En el campo de las estrategias regionales para el desarrollo, pueden plantearse diferentes escenarios. Bastaría analizar tres de ellos con la salvedad conceptual que permite la combinación de varias tendencias.  Primeramente se concibe un escenario basado en la fortaleza de la inversión, la incorporación tecnológica y el desarrollo de macroproyectos que tengan un impacto económico; en segundo lugar, otro escenario que se basa en la preparación articulada del capital humano, la gestión del conocimiento, la innovación local, la organización de la producción y un marco institucional coherente.  Un tercer escenario permitiría la unión de las dos anteriores opciones, tomando como paso inicial el énfasis en la inversión.

La región avanza lentamente en la materialización de la primera opción, con ventajas que merecen halagos respecto al crecimiento de la producción departamental, la inyección tecnológica foránea en aspectos específicos y orientados a la producción a gran escala. La producción a gran escala de biomasa para la producción de biocombustibles es parte de este modelo. Nadie puede refutar la importancia de estos procesos en el campo económico e impacto en la generación de nuevas oportunidades de inversión, sin embargo queda un sinsabor al analizar el destino de los rendimientos y la orientación del capital hacia sectores cada vez más cerrados para la población local. Igualmente, basta observar cómo se consolidan progresivamente economías de enclave similares a la del petróleo. No obstante, el Departamento del Meta se consolida económicamente en diversos sectores. Una importante dinámica del turismo, una significativa inversión productiva diversificada en la altillanura colombiana, una fuerza urbanística interesante y algo que seguramente tendrá alto impacto: la digitalización de los procesos educativos, en el campo de la salud y el mercadeo agropecuario.

Se entiende por una economía de enclave aquella que se localizan en una determinada región, explotando intensamente un solo recurso mientras dura la demanda del mercado, utilizando generalmente mano de obra poco cualificada y barata. Al finalizar la demanda deja poco o nulo provecho para la región en donde se desarrolla, pues no existe reinversión ni diversificación de la economía, ni genera un mercado regional o local de producción y consumo. Las ganancias contribuyen al crecimiento de las fortunas personales de los productores, mientras el Estado tiene escasa o ninguna intervención más allá de la captación de ingresos fiscales[1].  Es el tipo de economía que no merece la región teniendo en cuenta sus amplias potencialidades.

El tercer escenario combina los dos anteriores en el supuesto que de esta manera se superan las limitaciones de inversión y la transferencia científica-tecnológica. Pero más allá de las posibilidades de incrementar la producción departamental debe analizarse la oportunidad de generar procesos que lleven a una mayor equidad social y a distribuir territorialmente los beneficios del crecimiento económico.

La Universidad le apunta al segundo escenario. Esta postura requiere de ciertas condiciones y allí es donde se encuentran las dificultades que afectan su factibilidad. Este escenario requiere del trabajo conjunto de las instituciones, una alianza del sistema educativo con los empresarios y unos gobiernos locales que promueven el emprenderismo, posibilitan mecanismos financieros y favorecen la apropiación social y sistemática de la ciencia y la tecnología. Requiere de unas universidades concentradas en dar respuestas a las necesidades empresariales y tecnológicas del sector productivo existente, pero también una academia que se anticipa al futuro y construye la ruta científico-tecnológica para el aprovechamiento de todas las ventajas comparativas del territorio. También necesita unos gremios y empresarios dispuestos a renovar sus mentes, sus esquemas de gestión y comprometidos con una actitud proactiva en la búsqueda de nuevas opciones, nuevos mercados, nuevos productos que satisfagan nuevas demandas.

Con esta opción, los egresados del sistema educativo tienen oportunidades para desarrollar sus talentos, nacen nuevas empresas, se requieren nuevos puestos de trabajo, empleos más cualificados y con mejores condiciones laborales. Con este planteamiento se busca una mayor equidad y la inclusión de una nueva fuerza productiva con un alto componente local.  Lógicamente,  subsisten limitaciones que tienen que ver con las amplias necesidades de inversión y los altos requerimientos en la generación de nuevas tecnologías o aplicaciones basadas en la transferencia horizontal entre centros de investigación, agencias de investigación, desarrollo e innovación de varias universidades. En este escenario no hay espacio para los celos institucionales y se necesita de un marco de cooperación permanente entre todas las universidades, centros de investigación, investigadores, estudiantes, egresados, profesorado y gestores científicos-tecnológicos que hacen presencia en la región.  La agenda de la investigación tendrá que retomarse y construirse colectivamente basándose en las necesidades presentes y en las perspectivas futuras.  Igualmente, es pertinente incluir la cooperación científica internacional y la atracción de talentos foráneos que permitan una velocidad mayor de transferencia científica y tecnológica con autonomía local y regional.

Estar de cara a la sociedad significa enfrentar estos nuevos retos. Las condiciones especiales que rondan a la economía de la Orinoquia en el presente, requiere de un compromiso conjunto entre la universidad, las instituciones, gobiernos, gremios y empresarios. En este sentido la Unillanos busca nuevos horizontes de futuro que permita en la región el crecimiento económico, pero que no olvide el desarrollo equitativo, la inclusión social y el desarrollo humano integral.

 

Es una responsabilidad la creación de nuevos programas académicos, dentro de la reflexión de la pertinencia respecto a las necesidades del aparato productivo y las perspectivas del desarrollo humano.  Con esto se logra mayor inclusión social y favorecer la acumulación de capital humano para la transformación regional. También se persigue la consolidación de las funciones misionales de investigación y proyección social.  Para este propósito la Unillanos debe buscar nuevas fuentes de financiación, diferentes a la matrícula, capitalizar la cooperación institucional e invertir los recursos de estampilla con los  criterios que motivaron su creación.

De manera estratégica la universidad debe hacer una lectura propositiva sobre los procesos sociales, culturales y políticos que acontecen en la región y construir colaborativamente un nuevo marco de acción que oriente las políticas públicas, la vida democrática, la identidad regional, el papel del Estado y la aplicación de las funciones nacionales. La sociedad espera un referente que complemente las orientaciones de políticas o planes nacionales o sectoriales que tienen amplio impacto en el territorio orinoquence, referente que hasta ahora no ha existido. Para esto Unillanos, de acuerdo con sus proyecciones tiene previsto ampliar la oferta educativa en las ciencias sociales, las artes y las humanidades.

Para estar a la par de las dinámicas mundiales y permitir la inserción de los egresados en los ambientes globales deberá realizarse un esfuerzo en la utilización de nuevas tecnologías de la sociedad de la información.  Igualmente, actualizar los contenidos y estrategias pedagógicas para la inclusión de las áreas de conocimiento que moldearán las opciones de futuro en el siglo XXI.  Es urgente preparar y emprender la incorporación de saberes y competencias en que nos permita una evolución exitosa de la Universidad en el desarrollo y convergencia de la biotecnología, la nanotecnología, las tecnologías de la sociedad de la información, las ciencias cognoscitivas y el dominio de una segunda lengua.  No es ficción o una visión apocalíptica.  Es futuro atropella sin contemplaciones y lo único seguro es el cambio continuo y progresivo que traerán los avances tecnológicos y las revoluciones mentales del presente siglo.

 

Cuando las regiones se comprometen a realizar este gran salto cualitativo se enfrentan al desafío de humanizar la ciencia y la tecnología y hacerla parte de la vida diaria, disminuyendo la dependencia y vulnerabilidad científica y tecnológica frente a terceras regiones.  También se comprometen a mejorar sus sistemas democráticos a luchar por la igualdad en las oportunidades y a propiciar procesos de cambio y empoderamiento social.

 


[1] Basado en el concepto de Silvia Simois de Bayon respecto a las economías de enclave en la cuenca Amazónica y la región del Chaco: los ciclos del caucho y el tanino, de gran significancia histórica para la explicación.

Información no es Conocimiento

Información no es Conocimiento

Las crisis económicas pueden ser un contexto propicio para que los actores regionales presten atención a lo realmente estratégico. Generalmente, en situaciones comunes, donde supuestamente no existe un afán gerencial y aparentemente no hay preocupación por la escasez, existe la tendencia a despilfarrar, pensar menos y actuar improvisadamente. Pero, cuando la crisis llama el interés general y se demandan soluciones pertinentes y oportunas, se suele ser más cauto y pensar mucho más las cosas. Es una oportunidad para plantear propuestas responsables que apunten a maximizar recursos, generar alianzas y emprender acciones coherentes.

Lo cierto es que se requiere un marco para generar ingresos para la población, pero si las empresas y la economía en general están en recesión, es muy difícil que se pueda producir lo suficiente para generar empleo y activar la demanda. Es el momento para desarrollar un plan de emprenderismo y formalización empresarial a gran escala, que involucre recursos significativos, garantizando el tránsito de los emprendedores hacia la consolidación de empresas que generen valor agregado, ingresos y nuevos empleos. Se necesita un proceso intensivo que garantice que hagan empresas los emprendedores que realmente cuentan con los medios tecnológicos, financieros y el conocimiento para desarrollar planes de negocios factibles. Por esta razón, se requiere la participación articulada de la academia, los gremios, las empresas y el gobierno para construir una verdadera región del conocimiento. Ello implica la necesidad de darle vida a proyectos como las zonas francas, los parques tecnológicos y multiplicar los departamentos de investigación, desarrollo e innovación en las universidades, fortalecer las empresas existentes, desarrollar programas de emprenderismo y orientar los recursos de los entes territoriales hacia los sectores dinámicos.

Pero brindar resultados de manera inmediata requiere de un esfuerzo en recopilar y procesar la información de manera rápida. Datos sobre los mercados, inversiones tecnológicas y aplicación masiva de tecnologías de la sociedad del conocimiento, proveen del soporte adecuado para la toma de decisiones. Una región del conocimiento es una región “inteligente” que puede adaptarse y evolucionar de manera flexible, ofreciendo respuestas pertinentes en tiempo real. Es la región donde los recursos financieros se combinan con información de mercado, conocimiento y tecnología de última generación.

La Orinoquia tiene el capital humano, los recursos financieros y los medios para conseguir, adaptar y producir la tecnología para apuntalar un proceso de desarrollo en el corto y largo plazo. Solamente se requieren decisiones políticas con visión estratégica, que conviertan planes en hechos palpables.

Manuel Javier Fierro Patiño Magíster en Desarrollo Local y Regional

En la búsqueda de soluciones a la trajinada crisis mundial, emerge el fortalecimiento de los escenarios regionales y locales. Podrán desarrollarse todo tipo de políticas macro, en todos los sectores, pero estas no tendrán efecto si no se llega directamente a los agentes económicos primordiales: las empresas y los hogares. Precisamente en lo local y regional se construye la viabilidad de una verdadera competitividad territorial.

No basta mejorar la infraestructura, mejorar la conectividad y o el acceso a la información, si no se fortalecen los aspectos endógenos, de lo contrario solo se estaría mejorando el entorno y abriendo las puertas con un gran margen de maniobra a inversionistas externos que rápidamente pueden cambiar el paisaje económico para su beneficio, dejando en una clara posición de desventaja a los empresarios locales.

La intervención del Estado, además de promover y permitir la inversión foránea, debe ser la de fortalecer el capital humano y social de la región para que los habitantes participen abiertamente de los beneficios de la inversión.

Los empresarios locales a su vez, deben prepararse para grandes retos, modernizarse y buscar alianzas. Pero este proceso no es tan fácil como se piensa. Los empresarios, gremios, instituciones educativas, la academia y gobierno deben trabajar en el mismo sentido.

Por una parte, es fundamental construir una visión conjunta, como se pretende con el Plan Regional de competitividad, pero, simultáneamente hay que reorientar recursos y modificar la gestión pública y empresarial.

Ese norte estratégico se plasma en dos vías generales: Una, la de aumentar la productividad, es decir, seguir haciendo lo mismo, pero con mayor eficiencia. Y otra, mediante la transformación productiva, o sea, cambiando la forma de producir, generando valor agregado a la producción o generando nuevas alternativas productivas. Por ejemplo, producir cueros, lácteos, cárnicos, en vez de ganado en pie.

Los dos caminos requieren de personas competentes, tecnología, inversiones y una buena dosis de gestión y optimismo. De otra parte, hay que tener un conocimiento detallado del mercado y escoger con mucho cuidado nuestros clientes. No podemos pecar y producir lo mismo y de la misma manera que nuestros competidores (otras regiones y otros países), pues muy seguramente perderemos el impulso, pues ellos pueden tener más ventajas en infraestructura y cercanía a los mercados.

La región requiere dar un salto en la gestión de políticas, en lo empresarial y en lo tecnológico, que posibilite empresas con liderazgo, un entorno adecuado, políticas activas con acertada intervención de las alcaldías y gobernaciones, con una inyección tecnológica muy importante. No hay que actuar con improvisación, hay que pensar en el futuro.

Nace un nuevo espacio para difusión y discusión de las actividades del Comité Universidad – Empresa – Estado. les invito a participar, enterarse de este gran proyecto que busca materializar una estrategia de desarrollo endógeno en la región.  http://comiteuee.netfirms.com

Manuel Javier Fierro P.

MVZ. Magister en Desarrollo Local y Regional

La utilización de nuevas tecnologías ha cambiado considerablemente las condiciones sociales y económicas de la sociedad. Bastaría con mencionar como ejemplos, el uso masivo de tecnologías ligadas a la red Internet o las inmensas posibilidades que muestran los avances en biotecnología y microelectrónica. Hoy, algunos sectores de la sociedad disponen de herramientas y conocimientos avanzados para conducir cambios que logren un mayor bienestar social, no obstante, estos recursos deben ser ampliamente difundidos y distribuidos, en una acción en la que confluyen tanto intereses públicos como privados.

En esta época de cambios acelerados, las empresas, las organizaciones sociales y los gobiernos buscan posicionarse globalmente, aprovechando las ventajas que brinda el entorno y combinando los recursos necesarios para anticiparse a los grandes cambios. Esto no se logra si no existe una base sólida de conocimientos y aplicaciones que generen mayor productividad y simultáneamente propicien una mayor equidad social.  Este es un asunto que concierne tanto a las universidades, como al gobierno y lógicamente, también a las empresas. 

Se hace necesario que las fuerzas sociales, políticas y productivas del territorio, unidas en un plan estratégico, identifiquen las tecnologías claves para su desarrollo y dimensionen qué variables pueden incidir sobre las mismas; al mismo tiempo, se busca determinar cómo podrían afectar a la sociedad y cuáles pueden ser los factores que las impulsen en un sentido o en otro. Este es el campo de la prospectiva tecnológica, algo que se constituye actualmente, en el pilar que sostiene procesos de innovación y competitividad territorial en el mundo. 

En este propósito, es necesario apartarse un poco de la idea tecnócrata que pone a la prospectiva en un pedestal inalcanzable, manejada arbitrariamente por técnicos y funcionarios que además intentan manipular y orientar los resultados. Un ejercicio de prospectiva realmente válido requiere de una alta dosis de participación, responsabilidad y compromiso con la sociedad.  En primera medida, por ser una herramienta para la toma de decisiones, hay que garantizar que los involucrados, tanto direccionadores, como ejecutores o activadores e inclusive, los opositores, participen activamente del proceso.  De otra forma, el método pierde potencia y se convierte en una falacia que causa más desilusiones que logros. En segunda medida, es un recurso técnico que fortalece y consolida la gestión, la hace más pertinente y eficiente, buscando construir un futuro de acuerdo con los deseos y también con las posibilidades. Por esta razón, debe desmitificarse su uso y hacerla más alcanzable para las empresas y organizaciones.

La prospectiva tecnológica es solo el comienzo de una cadena de procesos de mejoramiento que conduce cada vez a operaciones más complejas, pero más efectivas.   La utilización de la vigilancia tecnológica, el balance tecnológico, la minería de datos, los sistemas de inteligencia competitiva, los clúster de información y los análisis de redes sociales proactivas, son un campo abierto de posibilidades para incorporar la gestión del conocimiento a los procesos productivos y administrativos.   

El Comité Universidad-Empresa-Estado del Meta propuso la primera fase del proyecto “Mapa de Conocimiento”, una iniciativa que busca precisamente realizar un estado del arte del conocimiento generado y disponible para mejorar la productividad, propiciar nuevas oportunidades, preparar el terreno fértil para que surja la innovación, para que finalmente se puedan ampliar fuentes de empleo e ingresos para la población de la región.  En una primera fase con el apoyo del gobierno departamental y el liderazgo de Unillanos, se ha logrado analizar una parte de la oferta de conocimiento pertinente que ha generado la Universidad de los Llanos, como también se logró tener una imagen de la demanda global de conocimiento por parte de las empresas y organizaciones. 

La Universidad de los Llanos inicia una segunda fase con el análisis de otras formas de conocimiento que ha generado la universidad y convoca a la reflexión participativa para la construcción de una propuesta que origine una mayor pertinencia de las funciones misionales, docencia, investigación y proyección social.  Igualmente, con la participación de otras universidades, con el apoyo del gobierno seccional, de las entidades nacionales y la incorporación de recursos de cooperación, lograr avanzar en estudios de oferta global de conocimiento, análisis de cadena de valor y prospectiva tecnológica de los sectores  productivos del Meta.  El objetivo es constituir alianzas sólidas y autogestionadas que detonen el aumento de la calidad de la producción, propuestas sociales innovativas y nuevas alternativas productivas. Este tipo de alianzas Universidad-Empresa o Universidad-organización, se sostienen por si solas porque nacen de un proceso en donde las ofertas y las demandas de conocimiento confluyen íntimamente, logrando mayor eficiencia y eficacia en cada uno de los procesos que eslabonan de la cadena productiva, avanzando con paso firme al concepto de clúster de la producción y también conformando una caja de herramientas para atención de la problemática social y económica de la región.

 

Manuel Javier Fierro Patiño

MVZ. Magister en Desarrollo Regional y Local

Docente catedrático Universidad de los Llanos

El país debe asumir un proceso de descentralización en los Sistemas de Ciencia y Tecnología e Innovación. La producción intelectual y científica se concentra en las principales ciudades del país, en donde se ubica la mayoría de universidades y centros de investigación. Regiones del país con múltiples problemáticas y potencialidades carecen de la institucionalidad necesaria, capital humano y capital social requerido para generar conocimiento pertinente. Las políticas nacionales se orientan a fortalecer la ciencia y tecnología de acuerdo con la demanda, diseñando convocatorias que financian iniciativas de las regiones. Obviamente existe una mayor capacidad de gestión y sustentación en las regiones relativamente desarrolladas, logrando con ello la mayor parte de proyectos aprobados, concentrando nuevamente los resultados del sistema nacional. Este círculo vicioso profundiza las disparidades regionales en inversión y evita descubrir nuevos focos de inversión e investigación, por ejemplo, mayor estudio de la biodiversidad, desarrollo de las ciencias del mar, manejo y uso del agua y la utilización de otros recursos naturales inexplorados. Sin advertirlo, el país puede haber dado la espalda a múltiples alternativas productivas y no productivas, que en algún momento podrían ser estratégicas para la Nación.

La descentralización debe ser en los niveles institucional, político y fiscal, de tal manera que realmente ofrezca posibilidades de cambio real. La demanda actual debe unirse a la prospectiva tecnológica como componentes que justifican la inversión y líneas especiales de especial potencial para el país. La creación de un Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología, planteado en el proyecto de Ley de Ciencia y tecnología, debe incluir diferenciaciones regionales que permita condiciones equitativas para todas las regiones.

Es necesario que exista una adecuada coordinación de las entidades nacionales con las de específicamente orientan la estrategia de Ciencia y Tecnología. La coordinación deberá incluir políticas de financiamiento, educación, cultura, desarrollo económico, ambiente, seguridad social, salud, agricultura, minas y energía, infraestructura, defensa nacional, ordenamiento territorial, información, comunicaciones, política exterior y cooperación internacional. Las entidades nacionales deberán enfatizar en aquellos programas y proyectos que pueden aportar en la generación de una cultura de la ciencia y tecnología, estableciendo mecanismos e instrumentos multisectoriales que cobijen este propósito y que se ajusten a las diferencias regionales.

La inversión en ciencia y tecnología debe ser un indicador que requiere de un fino seguimiento, garantizando la eficiente ejecución de los recursos. Un 3 % del PIB durante un periodo de 10 años permitirá alcanzar un nivel aceptable en productividad y competitividad. Las regiones requieren el apoyo en la formación continua de investigadores y gestores tecnológicos. Investigadores que generen nuevo conocimiento deben ser estimulados y recompensados. Los gestores tecnológicos deben tener un marco institucional y posibilidades de financiación de alianzas productivas.

Este estudio muestra los factores que inciden el proceso de creación y consolidación de empresas en Villavicencio. Se constituye en un documento muy util para trazar políticas de desarrollo empresarial en el nivel territorial. Se puede bajar de la siguiente dirección.

http://empresasvillavo.wordpress.com

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Mientras dormimos, el mundo avanza. Y no es sentido figurativo. La pauta actual en la economía mundial, es que las economías mantengan el equilibrio frente a los elevados precios del petróleo, cuenten con materias primas baratas y se orienten a aumentar su influencia hemisférica, respetando cada una sus “espacios”. Las naciones buscan posicionarse de manera ventajosa en la economía global, aumentar sus exportaciones y proteger su producción. En los países desarrollados la seguridad alimentaria no es negociable y ni siquiera se considera debatible en un tratado de libre comercio. La seguridad alimentaria es un determinante estratégico. Los países saben que deben estar preparados para cualquier eventualidad que perturbe el equilibrio mundial, por ejemplo, una guerra, una catástrofe natural y ante todo permanecer en una posición influyente en el escenario mundial. Para esto requiere hacer valer su independencia dentro de un ambiente supuestamente globalizado. Es una abierta contradicción al paradigma de la globalización, que los mismos países desarrollados promueven con firmeza. Los países fuertes prevalecen gracias a que saben salvaguardar sus bienes estratégicos, construyen una capacidad disuasiva manifiesta y están preparados para actuar autónomamente en situaciones de crisis y sin ningún otro objetivo sea más importante que el de proteger a sus ciudadanos y garantizar la seguridad nacional. En esta contra-doctrina proteccionista se basa la realidad de las relaciones asimétricas que se asumen al negociar con una superpotencia como Estados Unidos. Nosotros estamos en una posición de clara desventaja. Tenemos una guerra interna que nos desangra humanamente y presupuestamente; no visualizamos razonablemente nuestro potencial y con estas limitaciones pretendemos hacer valer posiciones frente a un coloso que busca ampliar su mercado industrial y tecnológico, utilizarnos como dique político y económico, ante la avanzada anti-neocolonial de Suramérica, y además vendernos los excedentes de sus reservas estratégicas de alimentos. Pero, no hay que perder la esperanza, hay que negociar como grande frente a la dimensión de la contraparte y hacer valer nuestra posición con creces. La producción de arroz, el maíz, la soya, y otros alimentos, son igualmente fundamentales para nosotros. Tenemos una posición geoestratégica que hay que hacer valer. Ojala despertemos y aprendamos a generar soberanía con conocimiento, diversificar e innovar en lo que sabemos y con lo que tenemos, prepararnos para producir bienes tecnológicos, mayor valor agregado e ir acrecentando nuestra autonomía con audacia, sagacidad y mucha malicia indígena.