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Los cambios en el mundo y las tendencias en la Educación Superior obligan a la Universidad de los Llanos a replantear su quehacer institucional con el fin de articularse y responder a una demanda social, que cada vez más enfatiza en la utilidad del conocimiento y en su pertinencia para solucionar los problemas de la sociedad.

El fenómeno de la globalización significa un reto para la Universidad pública. De una parte resulta ser una amenaza frente a la presión por privatizar la educación superior y por otro lado, puede ser motivo para buscar alianzas con otras universidades pares y ante todo fortalecer su capacidad para impactar positivamente la vida de las comunidades ubicadas dentro de su orbita académica. No de otra forma será fácil conseguir el respaldo social para continuar ejerciendo su papel social en la generación de equidades, solución de brechas y disparidades.

Los avatares políticos del mundo y Latinoamérica requieren de la presencia reflexiva, crítica y propositiva de la Universidad Colombiana. La sociedad requiere de una valoración continua de los procesos y modelos económicos aplicados y especialmente sobre los efectos y consecuencias directas en la vida nacional y regional. La búsqueda de opciones justas y planteamientos que rescatan una nueva ética social basada en la capacidad de respuesta ante las dificultades, son hoy por hoy responsabilidad de la universidad pública.

Los cambios tecnológicos no pueden ser factor de dificultad sino una oportunidad para afianzar sus funciones misionales. La Universidad requiere armonizarse con el mundo en su dinámica compleja sin abandonar sus convicciones sociales. La tecnología puede facilitar la ampliación de cobertura en la región de la Orinoquia y poder permear los procesos económicos y sociales de cada departamento de la región. La utilización de las tecnologías informáticas y de la comunicación permite nuevos escenarios pedagógicos que además de universalizar el conocimiento otorgan una mayor eficiencia y oportunidad en la utilización de recursos.

La Universidad de los Llanos presenta una deuda institucional frente a las enormes dificultades regionales que plantean nuevos escenarios generadores de conocimiento y desarrollo de alternativas frente a los cambios jalonados por el mercado internacional. Más que buscar mercados educativos foráneos, la Universidad de los llanos debe mirar hacia su contexto inmediato y ofrecer oportunidades basadas en la aplicación nuevas tecnologías, apropiación y generación de alternativas productivas con la utilización del capital regional[1] dentro de una propuesta de desarrollo endógeno. Esto demanda de un compromiso especial en materia de investigación y proyección social. La Universidad investigativa surge como modelo ante las tensiones y retos institucionales[2]. La idea no es aislarse del mundo sino aprovechar los cambios positivos para reforzar la identidad como universidad pública y utilizar los medios que ofrecen la ciencia y las nuevas tecnologías para cumplir a cabalidad con las funciones misionales en la responsabilidad de formar integralmente al recurso humano regional.

La responsabilidad social plantea la necesidad de hacer un buen uso de los recursos institucionales. La búsqueda de la eficiencia y eficacia institucional no aparece como un determinante del modelo exógeno sino como un mecanismo que permite afianzar su papel en el contexto. La respuesta a la velocidad de los cambios requiere replantear los procesos y procedimientos para hacerlos más ágiles y flexibles. Esto compromete tanto lo académico como lo administrativo y encamina a la universidad en la concreción del aseguramiento de la calidad, no como una imposición gubernamental sino como un proceso de autoevaluación dentro del marco de su responsabilidad social. De esta manera, la calidad se constituye en una condición irrenunciable frente a los procesos de simplificación y flexibilización del ambiente académico. La fortaleza de la universidad está en la pertinencia de su acción institucional respecto a los problemas regionales. En este cometido es difícil que su papel pueda ser desplazado y debe ser un aliciente más para continuar mejorando en el desarrollo de su misión.

Los cambios en los aspectos administrativos son pertinentes. El área de soporte debe brindar oportunamente y eficientemente los medios necesarios para el cumplimiento misional. La universidad debe ser austera pero atender oportuna y suficientemente los requerimientos para desarrollar una buena labor académica. La utilización eficiente de los recursos permitirá liberar recursos importantes para asignar a las áreas de inversión más afectadas y encaminar una estrategia de preparación y mejoramiento continuo del factor humano como pilar para el desarrollo institucional.

La universidad debe conseguir un mayor apoyo del sector privado y de los entes territoriales de la región. Su estrategia para la búsqueda de nuevas fuentes no está en la afectación de las matrículas o en la necesidad de apoyo incondicional sin apuntar a alianzas estratégicas. La universidad se presenta como un actor fundamental, un socio que brinda herramientas tangibles e intangibles para el desarrollo humano. Desde este punto de vista jalona el interés del sector productivo, de las entidades públicas y privadas para atender los cambios presentes y futuros de la estructura productiva y del mercado laboral. La respuesta académica debe elaborarse con referencia en el contexto. Esto obliga a plantear cambios institucionales con el fin de facilitar la interacción institucional y generar nuevas fuentes de ingresos, sin necesidad de entrar en una condición de mercantilismo burdo.

La región ha sido reconocida por su potencial, sin embargo este potencial permanece estático. La responsabilidad de los actores regionales es transformar los recursos regionales en factores dinámicos para promover una mayor productividad y jalonar una competitividad que sea sostenible y soberana. La universidad debe abordar la gama de etnias aborígenes y revalorizar el conocimiento tradicional, responder al potencial hídrico y energético; generar propuestas que regulen el poblamiento actual, atender el tema de la frontera oriental, ofrecer alternativas productivas y abrir las puertas para el aprovechamiento de la biodiversidad de una manera sostenible y responsable. Igualmente debe prestar atención a los cambios de la estructura productiva con el fin de reorganizar su quehacer académico para fortalecer los sectores dinámicos actuales. Los sectores comercio, servicios, el sector agropecuario y el sector energético requieren del desarrollo académico por parte de la Universidad pública, con miras a facilitar procesos de modernización o reconversión productiva y propiciar la búsqueda de nuevos mercados.

Además del profundizar su papel meramente científico, la universidad aspira avanzar en el fortalecimiento de las artes y humanidades. La cultura orinoquence es diversa y presenta una riqueza incalculable como patrimonio que soporta la identidad regional y genera procesos de autorreferenciación frente a la tendencia homogenizante de la globalización. La Universidad debe promover, generar y difundir conocimientos por medio de la investigación y, como parte de los servicios que ha de prestar a la comunidad, proporcionar las competencias técnicas adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de las sociedad orinoquence, fomentar y desarrollar la investigación científica y tecnológica a la par que la investigación en el campo de las ciencias sociales, las humanidades y las artes creativas.

Las dinámicas económicas y sociales de la región, así como la situación de conflicto, problemas de marginalización social y disparidades entre lo rural y urbano no deben ser ajenas al papel de la universidad. La Unillanos debe participar en un pacto social colectivo que aterrice la reflexión sobre las causas de la problemática social y económica. Esto significa materializar su visión y misión en el PEI y llevar al PDI al campo de las realizaciones.

[1] Hace alusión al fortalecimiento del capital social, capital humano y físico requerido en una estrategia de desarrollo regional con recursos endógenos.
[2] Modelo propuesto desde el PEI y formalizado dentro del PDI 2005-2020 en el modelo de universidad investigativa.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El papel de las universidades públicas tiende a ser subvalorado. Reducir su papel a un fortín bucrocrático o ver su utilidad solo en función del sector productivo, es un sendo error. El impacto social que genera permitir que estudiantes de bajos estratos alcancen el nivel de ingreso de un profesional, es muy importante para atacar la pobreza y la desigualdad. Del total de 3.256 estudiantes de pregrado de Unillanos, 1.721 son mujeres y 1.535 son hombres. De este total, 301 son de estrato I, 2.007 son de estrato II y 1.484 son de estrato III. Históricamente, la Unillanos aporta profesionales que han extendido su campo de acción a todos los municipios de la Orinoquia y en los más recónditos lugares del llano y la selva. Su papel, junto el de la ESAP y la UNAD en departamentos marginados del país, es significativo; no obstante sus fallas, han mejorado los sistemas de salud, la educación, la producción agropecuaria y contribuye a construir nación en zonas de frontera. Aun con todos sus problemas, la universidad es un ente para apoyar no para atacar. En la última década, las responsabilidades de la universidad pública han aumentado, pero sus presupuestos han disminuido. Aun con las tasas de cobertura tan bajas en educación superior y la alta demanda del sector productivo, el aporte de los entes gubernamentales regionales es insignificante. De la totalidad de los recursos que cuenta la Universidad de los Llanos solo un 2.7% se puede dirigir a inversión, pues lo principal es garantizar su funcionamiento. La mayoría de profesores están mal remunerados, aun así tienen que investigar y hacer proyectos para gestionar recursos. El discurso del ciudadano común y del burócrata territorial tiende a estar un poco desviado. La universidad se muestra como un ente alejado y se le acusa de no interactuar frente a los problemas locales. En parte hay que reconocer que existen algunos limitantes para que las universidades se adapten a los retos que surgen del modelo de desarrollo competitivo, pero esa interacción debe ser de doble vía. El sector gubernamental debe apoyar los procesos de investigación y proyección social. No es claro el discurso cuando se llama a que la universidad se articule a los procesos de desarrollo regional, pero no se financian sus iniciativas o se desconocen sus logros. Un logro a tener en cuenta es el auge de la piscicultura en la región, proyecto demostrable de Unillanos en conjunto con el gobierno nacional, pues el comienzo resultó de un convenio DRI-Unillanos hace más 20 años. Desde este momento la investigación en piscicultura, no ha cesado y la universidad ofrece una Maestría en Piscicultura y es reconocida mundialmente como una autoridad en piscicultura de aguas continentales. Pero existen muchas tareas por desarrollar. La investigación en biocombustibles, el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad regional, la generación de alternativas productivas o la reconversión de las actividades agropecuarias actuales, requiere de inversión adicional. Es hora de asumir posiciones consecuentes y consolidar un nuevo modelo de desarrollo que trascienda ejercicios coyunturales como la Agenda Interna y se ocupe de construir socialmente la región del siglo XXI

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

La región presenta un gran dilema. La consigna mundialmente conocida es incorporar nuevas áreas para la producción de alimentos, aumentar la productividad, ser competitivos y disminuir la pobreza, todo esto sin atentar contra el medio ambiente. Una buena porción de las tierras cultivables de América Latina se encuentra en nuestra región, pero las perspectivas actuales constituyen un gran reto para estas 6 millones de hectáreas llaneras. Ello implica la toma de decisiones importantes que pueden llevarnos a un futuro promisorio o una catástrofe insospechada. Resolver los problemas descritos implica integrar los programas de desarrollo y fomento agroalimentario con las iniciativas locales y regionales para la superación de la pobreza rural y urbana y encontrar los medios tecnológicos necesarios para aumentar la productividad y no afectar los ecosistemas de manera irremediable. Las tendencias actuales y las propuestas externas nos arrastran a contemplar el uso de la biotecnología, proyectos de colonización dirigida en la altillanura, optimización de los sistemas productivos actuales y reforestación comercial a gran escala. Sin embargo, nuestra limitada capacidad endógena frente a estas propuestas no es prenda de garantía para lograr resultados que signifiquen beneficios económicos y sociales para la población de la región. Definitivamente tenemos que producir conocimiento regional. La inteligencia regional debe responder a las preguntas que revelan la posibilidad de un desarrollo endógeno. Por ejemplo, la investigación regional o nacional en biotecnología es precaria. Algunos cultivadores están utilizando soya modificada genéticamente, semilla de la multinacional Monsanto y más temprano que tarde, como ha ocurrido en Brasil, esta empresa empezará ha demandar participación económica de parte de los productores. De otra parte, nuestra universidad de los Llanos requiere de apoyo y recursos adicionales para la investigación en todas las áreas de interés. Los beneficios de la biotecnología solo son pertinentes si se revierten en un impacto social importante. Esfuerzos importantes como la Agenda Regional de Ciencia y Tecnología solo llegan a ser representativos si cuentan con la financiación asegurada y es aquí en donde el discurso nacional y local debe manifestarse en hechos constantes y sonantes.

El apoyo actual del Gobierno a la universidad pública de la región es lamentable. Permitir que estudiantes de los estratos 1, 2 y 3 puedan acceder a este nivel de educación y por consiguiente mejorar sus ingresos y jalonar la economía regional, produce un impacto que no ha sido merecidamente evaluado. Sorprendentemente, estudios de organismos multilaterales como el Banco Mundial y la UNESCO, confluyen en valorar a la educación superior como motor de equidad social y crecimiento económico. Áreas como la investigación básica y experimental son priorizadas. Sin embargo, la política de equidad que plantea el gobierno nacional puede ir por la vía equivocada. La idea del Gobierno es mejorar el acceso a través del crédito educativo y el montaje de los Centros Comunitarios de Educación Superior “CCES”, sin tener en cuenta las particularidades y la demanda relativa de las diferentes regiones del país. Los departamentos de nuestra región no cuentan con buena oferta pública en educación superior, solamente el Meta, y a nivel igualmente precario Arauca y Casanare, cuentan con una oferta muy pobre. Los créditos asignados por el ICETEX, además de insuficientes, son de trámite engorroso y tienden a subsidiar la educación privada. Igualmente, los CCES requieren de la financiación de los entes territoriales y de las nuevas tecnologías como soporte para la enseñanza, situación que al compararla con las menguadas finanzas de la mayoría de departamentos y la débil infraestructura de las comunicaciones, parece ser una estrategia poco viable para los departamentos de la región, a excepción de Meta, Casanare y Arauca, que podrían asignar recursos para este propósito. La propuesta adecuada a las condiciones de la Orinoquia debe contemplar definitivamente el apoyo a la universidad pública vía incremento de los presupuestos, con el fin de ampliar la cobertura y calidad con un plan de expansión regional bien evaluado y efectuando el debido seguimiento

Manuel Javier Fierro Patiño.