La Paz de Rosario

Publicado: mayo 17, 2006 en Colombia, Cultura, Gobierno, Prensa Libre

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Se llamaba Rosario, pero a diferencia la “tijeras”, era una persona noble y entregada a sus hijos. Belarmino el mayor y Humberto el menor, crecieron entre las selvas y la sabanas del Llano. Belarmino se fue con la guerrilla, Humberto con los paramilitares. Todos los años, Rosario desenrollaba la madeja de hilos haciendo dos sacos a mano, uno verde y otro negro, los cuales entregaba siempre a sus hijos. La fortuna hizo que nunca coincidieran. Uno venia en diciembre, el otro a finales de enero. La mayor felicidad era tenerlos vivos pero siempre separados. El negocio no prosperaba, no era lo mismo cuando vivía Santiago su esposo. Se lo tragó la manigua, se fue para el monte y nunca más volvió. Desde entonces los vecinos le ayudaron a criar sus hijos, unos traían víveres, otros ropa y plata. Comenzó a lavar ropa ajena, la coca ya no era lo mismo.

Belén, la hija del vecino, era muy bella. Desde pequeña jugueteaba con los muchachos. Fue novia de Belarmino, luego de Humberto. Belarmino venía en diciembre y disfrutaban las mieles del amor. Humberto llegaba en enero ansioso de caricias y consuelo.

Todos eran felices a su manera, hasta aquel 24 de julio, cumpleaños de Rosario. Humberto sorprendió a Belarmino con Belén cuando estaban dándose un apasionado saludo. De inmediato desenfundó su arma y disparó. La bala rebotó en la pared, fue a dar al techo para terminar alojada en la cabeza de la vieja Rosario, que estaba bordando un saco en la pieza continua. Todo fue muy rápido. Después de los disparos de inmediato se formó la multitud. La algarabía de los vecinos no tardó en dispersarse. Al lado derecho de Rosario yacía un cuerpo, a la izquierda el otro, eran tres los muertos. Para ella, parecía su mejor cumpleaños, pues aquella incertidumbre que la perseguía todos los días desde que marcharon cada uno por su lado, por fin había terminado. Hoy están los tres unidos, fuera de este mundo, pero todos juntos.

La historia sacada de un cuento podría ser superada por la realidad. La violencia es pan de cada día. Colombia es un país lleno de riquezas, con los paisajes más bellos, pero con historias familiares inconclusas, con proyectos de vida a medias y con descendencias marchitas. A pesar de la crudeza de las noticias, hemos desarrollado una especial tolerancia y convivencia con el conflicto que nos hace cada día más insensibles. Los presentadores de noticias entrelazan sin inmutarse los muertos de la guerra con las frivolidades de los realites. Cada día las oportunidades de trabajo escasean y las opciones son pocas. Cada día nacen más colombianos, orgullosos, emprendedores, luchadores, nobles y recursivos, como la vieja Rosario. Sin embargo, cada día también trae sus lutos, las historias macabras y espeluznantes. Algunos pueden decir que Rosario perdió a sus hijos por un asunto de faldas. Tal vez sea más fácil decir que todo sucedió por culpa de Belén. Afortunadamente para Rosario, la muerte la tomo por sorpresa, pues nunca supo que pasó.

Se espera que gracias a la Unión Europea y la gestión de Cordepaz, el Laboratorio de Paz y Desarrollo del Meta sea una realidad. Sin duda abre un espacio definitivo para analizar las dinámicas del conflicto y plantear iniciativas de paz desde lo comunitario.

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