Agricultura comercial y agroindustria

Publicado: abril 26, 2006 en Competitividad, Desarrollo Regional, Desarrollo Territorial, economía, Estado, Meta, Orinoquia, Villavicencio

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Desarrollar la agricultura comercial y la agroindustria con miras a exportación requiere de ciertas condiciones especiales. De una parte se requiere un contexto interno y externo que promueva la actividad productiva y de otra parte enfatizar en la capacidad del productor. Este involucra la geografía, la infraestructura, comunicaciones, tecnología, disponibilidad de capital, las instituciones, las políticas públicas y las normas. Igualmente, la capacidad del productor depende de su nivel educativo, espíritu empresarial y posibilidad para aprender e innovar. En la región tenemos cordilleras y otras restricciones geográficas que se constituyen en barreras naturales para los mercados externos e internos. Si nuestro objetivo es el mercado mundial, tenemos que competir frente a las regiones costeras de Colombia y con los demás países que tengan acceso a nuestro comprador final. El modelo de desarrollo adoptado nos ciñe a cumplir con estas decisiones y buscar opciones menos costosas. Es así como nos llevan a plantear la doble calzada Bogotá – Villavicencio, el aeropuerto alterno, la navegabilidad del río Meta y la vía Uribe-Colombia, con el fin de mejorar el acceso a los mercados. Igualmente nos obliga a pensar en incorporar nuevas áreas mediante los distritos de riego. También es cierto que sin agroindustria transferimos al exterior la mayor parte de la generación del ingreso y del empleo del sector agrícola. Por lo tanto, la clave estaría en la producción y exportación de productos con valor agregado, lo que depende básicamente de tres factores: 1) de la adquisición y posterior desarrollo de una base científico-tecnológica; 2) del factor “aprendizaje” de nuestra sociedad, esto es, una mezcla simultánea de educación con experiencia en un determinado nivel tecnológico, que posibilite la asimilación y posterior desarrollo del conocimiento nuevo (por ej. biotecnología, bioingeniería, etc.) y 3) de los estímulos institucionales, que van desde el acceso al crédito, infraestructura y educación, hasta la formulación de una política consensual para la explotación y utilización racional de los recursos naturales del país.

La pregunta es: ¿Estamos preparados tecnológicamente, tenemos los estudios completos y la inversión requerida para afrontar con éxito este proceso de internacionalización promovido desde el nivel nacional? O simplemente ¿Tenemos que buscar un mayor énfasis en el mercado interno, favorecer iniciativas productivas de mediana escala con algunas apuestas dentro del modelo competitivo?.

Se requiere adoptar una visión diferente que privilegie el desarrollo y no simplemente el crecimiento económico, que haga énfasis en la utilización de tecnología simple y apropiada, el rescate con identidad del conocimiento tradicional, la economía campesina y aprovechamiento sosteniblemente los recursos de biodiversidad; que contemple una visión de largo plazo con la articulación armónica del sistema educativo y las instituciones, para prepararnos con fortaleza en lo endógeno; que priorice las inversiones en la medida de las posibilidades, con un criterio acertado e incorrupto tendiente a desarrollar alternativas productivas con garantía de éxito, gracias a la bioprospección y desarrollo tecnológico

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