La Defensa de la Universidad Pública

Publicado: abril 7, 2006 en Competitividad, Desarrollo Regional, economía, Educación Superior, Meta, Orinoquia, Unillanos, Villavicencio

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El papel de las universidades públicas tiende a ser subvalorado. Reducir su papel a un fortín bucrocrático o ver su utilidad solo en función del sector productivo, es un sendo error. El impacto social que genera permitir que estudiantes de bajos estratos alcancen el nivel de ingreso de un profesional, es muy importante para atacar la pobreza y la desigualdad. Del total de 3.256 estudiantes de pregrado de Unillanos, 1.721 son mujeres y 1.535 son hombres. De este total, 301 son de estrato I, 2.007 son de estrato II y 1.484 son de estrato III. Históricamente, la Unillanos aporta profesionales que han extendido su campo de acción a todos los municipios de la Orinoquia y en los más recónditos lugares del llano y la selva. Su papel, junto el de la ESAP y la UNAD en departamentos marginados del país, es significativo; no obstante sus fallas, han mejorado los sistemas de salud, la educación, la producción agropecuaria y contribuye a construir nación en zonas de frontera. Aun con todos sus problemas, la universidad es un ente para apoyar no para atacar. En la última década, las responsabilidades de la universidad pública han aumentado, pero sus presupuestos han disminuido. Aun con las tasas de cobertura tan bajas en educación superior y la alta demanda del sector productivo, el aporte de los entes gubernamentales regionales es insignificante. De la totalidad de los recursos que cuenta la Universidad de los Llanos solo un 2.7% se puede dirigir a inversión, pues lo principal es garantizar su funcionamiento. La mayoría de profesores están mal remunerados, aun así tienen que investigar y hacer proyectos para gestionar recursos. El discurso del ciudadano común y del burócrata territorial tiende a estar un poco desviado. La universidad se muestra como un ente alejado y se le acusa de no interactuar frente a los problemas locales. En parte hay que reconocer que existen algunos limitantes para que las universidades se adapten a los retos que surgen del modelo de desarrollo competitivo, pero esa interacción debe ser de doble vía. El sector gubernamental debe apoyar los procesos de investigación y proyección social. No es claro el discurso cuando se llama a que la universidad se articule a los procesos de desarrollo regional, pero no se financian sus iniciativas o se desconocen sus logros. Un logro a tener en cuenta es el auge de la piscicultura en la región, proyecto demostrable de Unillanos en conjunto con el gobierno nacional, pues el comienzo resultó de un convenio DRI-Unillanos hace más 20 años. Desde este momento la investigación en piscicultura, no ha cesado y la universidad ofrece una Maestría en Piscicultura y es reconocida mundialmente como una autoridad en piscicultura de aguas continentales. Pero existen muchas tareas por desarrollar. La investigación en biocombustibles, el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad regional, la generación de alternativas productivas o la reconversión de las actividades agropecuarias actuales, requiere de inversión adicional. Es hora de asumir posiciones consecuentes y consolidar un nuevo modelo de desarrollo que trascienda ejercicios coyunturales como la Agenda Interna y se ocupe de construir socialmente la región del siglo XXI

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